Viva la maravillosa experiencia de sentir a Jesús muy cerca

(Lección 11 – Nivel 3)

Como un padre apoya y anima a su hijo, Dios está siempre con nosotros a través de Jesús el Señor

No había pasado mucho tiempo después que el rey David cayera en adulterio y de paso, propiciara la muerte del esposo de la mujer con la que había pecado, cuando experimentó esa sensación de desasosiego que le impedía vivir en paz.

En medio de su desespero, quizá después de un prolongado desvelo de horas sin poder conciliar el sueño, el monarca israelí escribió: "Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano. Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció.” (Salmos 32:3-5. NTV)

La decisión era clara: No podía seguir ocultando esa verdad y, menos, hacerse el indiferente ante Dios.

¿Le ocurrió en el pasado una situación que usted reconocía, era necesario cortar de una vez por todas? Probablemente. ¿Por qué no pidió perdón antes? Tal vez porque pensó en Dios como un castigador — tal como nos lo han enseñado por siglos — y no en un Dios de amor que entiende nuestra situación, espera nuestro arrepentimiento y desea brindarnos una nueva oportunidad.

El Salmos 51 que le intivamos a leer cuidadosamente, habla de la confesión que hizo David a Dios por su pecado y de una petición que sigue vigente, aun cuando han pasado siglos: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí.” (Salmos 51:10. NTV)

Un joven que está luchando por salir de la adicción a las drogas, escribe: “Llevaba seis meses sin consumir marihuana ni coca, pero volví a caer anoche. Estaba deprimido. ¿Podría Dios perdonarme?”

Una joven universitaria, en tercer semestre de ingeniería, se encuentra avergonzada con Dios: “Tuve relaciones sexuales con mi novio. Sabía que no debía hacerlo, pero cedí a la tentación. ¿Hay esperanza para mi si me arrepiento? Tengo tanto dolor que no me siento capaz de levantar los ojos ante Dios”.

Un empleado de una ferretería se siente mal: “Devolví equivocadamente vueltos a un cliente. El hombre ni se dio cuenta, y aun cuando esperé todo el día que viniera a hacer el reclamo, no lo hizo. Pasó una semana y nada. Y me gasté el dinero, registrado a favor nuestro. ¡Soy ladrón! Reconozco que no es lo que me enseñaron mis padres desde niño. No se qué hacer”.

Estos son sólo algunos de los correos electrónicos que respondo diariamente. Pero le eje central es, ¿hay perdón para quien cayó, habiendo comenzado a seguir los pasos del Señor Jesús como Discípulo?

La respuesta es: Definitivamente sí, en la medida en que haya un arrepentimiento sincero y la decisión de levantarse para retomar el sendero con Jesús.

Jesús nos conoce más de lo que imaginamos

¿Qué piensa cuando le hablan de Dios el Padre? ¿En un anciano de cabello blanco con el ceño fruncido, pendiente de que usted cometa errores para castigarlo?

Ahora, ¿qué piensa del Señor Jesús? ¿Cómo lo imagina? Como alguien atento a sus errores pero que lo mira impasible?

Cualquiera que sea su imagen del Padre celestial y de su Hijo amado, Jesús, es importante que la reevalúe. Y le vamos a mostrar el por qué: Porque la Biblia es clara cuando nos enseña que Dios es amor (Lea 1 Juan 4:80)

Esa asociación que hacemos con un Dios castigador, ajeno a los sufrimiento de millones y millones de personas en todo el mundo es lo que nos ha alejado de Él. ¡Tremendo error! Dios nos ama y desea lo mejor para nosotros.

Le invito a considerar una palabra del profeta Jeremías: "Pues yo sé los planes que tengo para ustedes — dice el Señor—. Son planes para lo bueno y no para lo malo, para darles un futuro y una esperanza. En esos días, cuando oren, los escucharé. Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme. Sí, me encontrarán — dice el Señor—. Pondré fin a su cautiverio y restableceré su bienestar. Los reuniré de las naciones adonde los envié y los llevaré a casa, de regreso a su propia tierra”.” (Jeremías 29:11-14. NTV)

¿Cuáles son los planes de Dios para usted y para mí? Planes maravillosos. ¿Cree usted que un Dios así, de amor, estaría pensando causarnos daño por todo. Sin duda que no. Lo que hizo a través de Jesús, su Hijo amado, fue ofrecernos una nueva oportunidad para emprender una nueva vida.

Y precisamente Jesús es, además de nuestro Dios hecho hombre, muy cercano a nuestras necesidades, dolores, angustias e incertidumbres.

Para tener una mayor comprensión de esa verdad le invito a considerar lo que enseña el autor de la carta universal a los Hebreos: "Por lo tanto, era necesario que en todo sentido él se hiciera semejante a nosotros, sus hermanos, para que fuera nuestro Sumo Sacerdote fiel y misericordioso, delante de Dios. Entonces podría ofrecer un sacrificio que quitaría los pecados del pueblo. Debido a que él mismo ha pasado por sufrimientos y pruebas, puede ayudarnos cuando pasamos por pruebas.” (Hebreos 2:17, 18. NTV)

Jesús sabe cuando hay dolor en su corazón, cuando lo asalta la desilusión, los momentos en que se ve embargado por el desánimo, los instantes de desesperación, las frustraciones porque las cosas no van bien en casa y tantas otras circunstancias que no comprenden quienes están alrededor.

El escritor sagrado enfatiza, además, que Jesús el Señor es cercano a nuestra realidad, a esa situación que quizá estamos experimentando hoy, y es misericordioso. Es decir, se pone de lado nuestro y poniendo una mano sobre nuestros hombros, nos anima a levantarnos en victoria y re emprender el camino.

Téngalo presente: Si el amado Salvador conoce nuestras debilidades, está dispuesto a ayudarnos.

Esa condición amorosa fue la que caracterizó su ministerio terrenal, como lo relata el evangelista Mateo: “Jesús regresó al mar de Galilea, subió a una colina y se sentó. Una inmensa multitud le llevó a personas cojas, ciegas, lisiadas, mudas y a muchas más. Las pusieron delante de Jesús y él las sanó a todas. ¡La multitud quedó asombrada! Los que no podían hablar, ahora hablaban; los lisiados quedaron sanos, los cojos caminaban bien y los ciegos podían ver; y alababan al Dios de Israel. ” (Mateo 15:29-31. NTV)

Jesús es Dios con nosotros, sufriendo nuestro dolor y presto a tendernos Su mano poderosa. Es algo que como Discípulos de Él jamás podemos ni debemos olvidar.

Jesús rogó y sigue intercediendo por nosotros

Cuando leemos la Biblia, encontramos que Jesús intercede por nosotros en todo momento delante del Padre (Lea Romanos 8:38).

En su momento crucial, en el Getsemaní, antes de ser entregado por Judas a los judíos para que le juzgaran y sacrificaran en la cruz, el Señor Jesús intercedió por todos nosotros ante Dios el Padre: "Hazlos santos con tu verdad; enséñales tu palabra, la cual es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo los envío al mundo. Y me entrego por ellos como un sacrificio santo, para que tu verdad pueda hacerlos santos. No te pido solo por estos discípulos, sino también por todos los que creerán en mí por el mensaje de ellos.” (Juan 17:17-20. NTV)

¿Qué hace Jesús por nosotros? Intercede. Trajo el perdón de nuestros pecados en la cruz, pero sigue al lado de cada uno de nosotros, pide por nosotros, nos acompaña y desea apoyarnos para que nos levantemos y sigamos adelante, prendidos de Su mano, victoriosos. ¡Hoy es el día especial para tener una experiencia personal con Él y verlo tal como es: Cercano a nosotros…!

Las tareas que ocuparán esta semana mi proceso de Discipulado en el Nivel III son:

a.- Meditaré durante la semana en la obra redentora del Señor Jesús y en sus planes maravillosos para mí en la eternidad.

b.- Compartiré el mensaje de Salvación con otras personas para que ellas también tengan una experiencia real con el Señor Jesús.

c.- No dejaré de orar ningún día porque en la oración encuentro fortaleza para seguir avanzando en la vida cristiana.

Versículo para memorizar durante la semana:

“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí.” (Salmos 51:10. NTV)

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2922


Publicado en: Escuela de Discipulado

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