Una ruta de oración para cambiar el destino de la familia

(Introducción – Nivel 6)

Llegó la hora de comprometernos a orar por nuestra familia

El día que su hijo decidió comprar la motocicleta, Martha no estaba nada contenta. Y más, cuando supo que — como siempre — el se iría a beber los viernes después del trabajo. La vida del joven corría peligro.

En cierta ocasión ella estaba inquieta. Había venido orando por el chico, que dejara de lado el beber y, por supuesto, su vehículo. No pudo terminar la cena. Se sintió compelida a orar. Doblo rodillas clamando a Dios que guardara al muchacho.

Media hora después, una llamada telefónica.

— ¿Conoce a Alberto José? — , preguntó alguien al otro lado de línea.

Es mi hijo, ¿por qué? ¿Le ha ocurrido algo? — , respondió ella con un temor que atenazaba su corazón.

Se accidentó. Está en cirugía. La moto quedó destruida, pero él se encuentra relativamente bien. Venga a la clínica, por favor. — , le dijo la persona.

Alberto José no solo se salvó en aquella ocasión sino que experimentó un cambio radical en su vida. Relataría tiempo después que, al accidentarse, vio al mismo tiempo una luz enceguecedora y a alguien que lo recibía junto al pavimento.

Aun cuando en tales circunstancias lo más seguro es que hubiese muerto con trauma craneo-encefálico, sólo sufrió unos rasguños y la fractura de un brazo. ¡Dios guardó su vida!

¿Qué produjo el que la situación no pasara a mayores? ¿Acaso la buena suerte? En absoluto. Sin duda fueron las oraciones de su madre, las mismas que elevaba mañana y tarde para que el Señor pusiera sus manos protectoras en el joven.

Cuando clamamos por nuestros hijos, Dios los guarda. El salmista escribió: "El SEÑOR te protegerá de todo mal; El guardará tu alma. El SEÑOR guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.” (Salmos 121: 7, 8. La Biblia de Las Américas)

Infortunadamente muchas de nuestras oraciones se elevan ante el trono celestial para situaciones inmediatas, y particularmente encaminadas a resolver nuestras propias necesidades. Pocas veces lo hacemos por nuestro cónyuge y nuestros hijos.

Haga un alto en el camino y antes de avanzar, responda solo dos preguntas: ¿Ora por su cónyuge y sus hijos? ¿Con cuánta frecuencia lo hace? Si la respuesta a estos cuestionamientos es negativa, llegó la hora de aplicar cambios a su dinámica diaria de oración.

¡Es tiempo de orar por la familia!

Nuestra vida de oración debe estar cruzada por la intercesión a favor de la familia. Recuerde que son una bendición para nuestras vidas, y además, la responsabilidad de pedir la protección de Dios sobre ellos recae en usted y en mí que hemos dado pasos sólidos para avanzar en el crecimiento espiritual, particularmente el relacionado con la oración y clamor.

Si decide asumir el reto de orar por su familia, le invito a considerar y aplicar una ruta sencilla de cinco pasos sencillos, prácticos y eficaces:

1.- Tome tiempo para orar por su cónyuge e hijos. Conviértalo en un hábito, en una disciplina diaria. Orar genera un escudo de protección divina sobre los miembros de su familia.

2.- Escriba un listado de oraciones específicas. Piense en cada miembro de su familia y qué necesitan. Ese vendrá a ser su diario de oración. Anote juiciosamente cuándo comenzó a clamar por un asunto en particular y cuándo se produjo la respuesta (Cp. Salmos 102:18). Puedo asegurarle que le ayudará a crecer en su vida de fe, porque comprobará que Dios responde con poder a nuestras oraciones.

3.- Ore en voz alta. Si se encuentra a solas, aproveche esa intimidad con el Señor para pronunciar cada palabra de manera audible. Recuerde que el apóstol Pablo escribió: “Así que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo.” (Romanos 10:17). Cuando habla en voz alta, va tomando ciencia no solo de aquello que pide a Dios sino además, de lo que sin duda se producirá en respuesta a su clamor.

4.- Pida a Dios que cumpla Su eterna voluntad en su cónyuge e hijos. Jamás olvide la Palabra en donde leemos: “``Porque yo sé los planes que tengo para vosotros — declara el SEÑOR — ``planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11. La Biblia de Las Américas). Tenga presente que nuestro amado Padre desea lo mejor para usted y su familia. Sobre esa base, pídale que cumpla su propósito en ellos, esa meta que Él ha tenido desde antes de la creación.

Probablemente me pregunte: ¿Y qué debo pedir para ellos? Si es para sus hijos, clámele a Dios que ponga en su camino al esposo o esposa que esté conforme a Su voluntad, que les bendiga con un trabajo, que tengan buena salud, que guarde sus caminos y que les conceda sabiduría en las decisiones que deben tomar. Por supuesto, no son las únicas peticiones, habrá otras.

Y en cuanto a su esposo o esposa, pida que las bendiciones que han llegado a su existencia, les cubra también a ellos.

5.- Aprenda a esperar en el tiempo de Dios. - El Señor tiene su propio reloj, que generalmente es distinto del que tenemos usted y yo. Él sabe cuándo y de qué manera hacer las cosas. Obra con perfección. No improvisa.

Cuando vamos a las Escrituras leemos: “En tu mano están mis tiempos...” (Salmos 31:15) Permita que nuestro amado Señor haga las cosas a su debido momento. No se desespere.

Declare la Palabra sobre su familia

Si en verdad hemos creído que el Dios en quien depositamos nuestra confianza es un Dios de poder, que no tiene límites y responde a nuestras oraciones conforme a Su voluntad, declare sobre su cónyuge e hijos la Palabra de Dios.

La autora cristiana, Quin Sherrer, anota: “Un intercesor debe amar lo suficientemente como para tomar el lugar del otro. Solo una madre, un padre o un abuelo — o Dios mismo, por supuesto — pueden entender la profundidad del amor de los padres… Será de gran valor que podamos comprender qué privilegio especial y la ventaja particular que tenemos de orar por nuestros hijos, nietos, sobrinos y aún por los hijos de los vecinos. No tiene importancia la edad de esos niños. Dios los ama y no quiere que ninguno de ellos se pierda.” (Quin Sherrer, “Cómo orar por los hijos”. Editorial Vida. 1966. EE.UU. Pgs. 12, 16)

El Señor Jesús compartió con una multitud y con nosotros hoy, una poderosa enseñanza: "Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.” (Marcos 11:23)

Crea aquello que le está pidiendo al Señor. Tenga la convicción de que, si está en consonancia con Su divina voluntad, aquello que pide, ocurrirá. Él tiene el poder no solo para cambiar los tiempos sino también las circunstancias.

Si clamamos, Dios cambia el curso de la historia de cada uno de nosotros. Él gobierna nuestros corazones y hace posible aquello que usted considera imposible. Es tiempo de orar por su familia...

Cuestionario para la profundización de la Lección introductoria:

Por favor, lea detenidamente los textos y postulados de cada pregunta, y teniendo a mano su libreta de apuntes, anote las respuestas:
  1. ¿Cuánto tiempo toma diariamente para orar a favor de su cónyuge e hijos?
  2. ¿Por qué reviste importancia llevar un diario de oración (Cp. Salmos 102:18)?
  3. ¿Podría mencionar por se aconseja orar en voz alta (Cp. Romanos 10:17)?
  4. ¿Qué tipo de oraciones elevaría por su cónyuge o sus hijos?
  5. ¿Tiene claridad de cuáles serían sus peticiones para ellos?
  6. ¿Por qué razón debemos esperar que Dios obre en Su tiempo (Salmos 31:15)?
  7. Lea el texto de Marcos 11:23. A partir de reflexionar en el pasaje, ¿por qué debemos declarar la Palabra sobre nuestro cónyuge e hijos?
Nota Importante: Al concluir el Nivel 5 de la Escuela de Oración, podrá descargar la totalidad de las Lecciones en formato de libro electrónico - PDF

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7758


Publicado en: Escuela de Oración | Escuelas

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