Siete razones para el silencio de Dios cuando oramos

(Lección 4 – Nivel 6)

Dios tiene sus razones para guardar silencio cuando oramos

¿Cuántas veces clamó a Dios y sólo enfrentó, por largo tiempo, el silencio de Dios? Piénselo por un instante.

Si le ha ocurrido alguna vez, lo más probable es que le haya asaltado el desaliento. Incluso, probablemente pasó por su mente la idea de que el Señor no lo escuchó. Pero, ¿deja el Padre de oír nuestro clamor?

Hay varios interrogantes involucrados en el asunto y vale la pena despejarlos a la luz de las Escrituras.

Los silencios de Dios

En primer lugar consideremos que sí es cierto: Dios algunas veces guarda silencio.

El evangelista Mateo relata la historia de una mujer de la región de Tiro y Sidón cuya hija estaba endemoniada (Mareo 15:21-28). Al escuchar que Jesús pasaba, clamó por la liberación de la joven.

El momento emotivo de la escena, lo describe así el autor sagrado: “Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.” (Mateo 15:22, 23).

Hay momentos en que ese silencio llega a ser tan profundo, que a pesar de nuestras oraciones pareciera que nada ocurre. No obstante, sí está ocurriendo algo en la esfera espiritual.

En esos períodos que nos parecen interminables, nuestra fe es sometida a prueba, y se constituyen en la antesala de que algo grande ocurra, o simplemente, que nada pase.

Dios responde cuando hay fe de por medio

El silencio de Dios tiene un propósito. Debemos apreciarlo desde esa perspectiva. En el caso de la mujer que describe Mateo en el evangelio, el silencio tenía como propósito conocer el grado de su fe; pero luego de sus argumentos, en los cuales evidenció su confianza plena en la respuesta del Señor “Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.” (Mateo 15:28)

Dios solamente demanda que creamos. La medida de fe que reclama es mínima, del tamaño de un grano de mostaza (Mateo 17:20). Si tan solo nos atrevemos a creer, los milagros ocurrirán.

Las siete razones por las que Dios guarda silencio

Si tenemos fe, los milagros ocurrirán. Es un axioma sencillo. No necesita mucho análisis. Y expresamos esa fe a través de los milagros. Creemos y actuamos en fe. No obstante, si Dios guarda silencio, hay por lo menos siete razones fundamentales:

1.- La falta de una fe sólida. Si esperamos un milagro de Dios cada vez que clamamos, debe asistirnos una fe sólida así parezca pequeña, tal como enseñó Jesús: “Jesús les dijo: — Porque ustedes tienen muy poca fe. Les aseguro que si tuvieran fe, aunque sólo fuera del tamaño de una semilla de mostaza, le dirían a este cerro: “Quítate de aquí y vete a otro lugar”, y el cerro se quitaría. Nada les sería imposible.” (Mateo 17:20. Versión Dios habla hoy)

Es importante que revise cómo anda su fe.

2.- Pedimos para satisfacer nuestros deseos. Dios conoce las motivaciones de nuestro corazón cada vez que pedimos, como enseña el apóstol Santiago: “Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres.” (Santiago 4.3. La Biblia de Las Américas)

Cuando pedimos algo, debemos revisar si verdaderamente constituye una necesidad.

Conozco el caso de una joven que escribió para pedir oración por un milagro. Poco después descubrimos que pedía era por un novio; el chico, definitivamente no le convenía. He ahí una de las razones para el silencio de Dios.

3.- Dios sabe realmente lo que necesitamos. Él mira más allá de cuanto nosotros podemos ver. Él realmente sabe si necesitamos algo, y también, el daño que podría causarnos si nos concede un milagro que no conviene.

El Señor Jesús advirtió: “No sean como ellos, porque su Padre ya sabe lo que ustedes necesitan, antes que se lo pidan.” (Mateo 6.8. Versión Dios habla hoy)

En la oración por un milagro debemos ser sabios y dejar de lado la necedad y el egoísmo.

4.- Clamamos por un milagro, pero hay pecado en nuestro corazón. Dios es Dios y no el representante de un servicio asistencial, como el de los bomberos. Él conoce nuestra actitud al clamar, por esa razón, algunas veces no responde: "Si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará." (Salmos 66:18 19; Job 35:12. La Biblia de Las Américas)

Debemos ir a Dios en santidad de corazón, reconociendo la santidad del Dios al que clamamos. Si hay pecado en el corazón, debemos pedir arrepentirnos y pedir perdón.

5.- En ocasiones hay oposición espiritual a nuestro clamor. La Biblia enseña que muchas veces las respuestas de Dios tardan, porque hay oposición espiritual. Esa puede ser una de las razones del silencio del Padre.

El profeta Daniel relata así su experiencia, ya que llevaba 21 días orando y un ángel le reveló por qué no había obrado antes: "Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso por veintiún días, pero he aquí, Miguel, uno de los primeros príncipes, vino en mi ayuda, ya que yo había sido dejado allí con los reyes de Persia." (Daniel 10:13. La Biblia de Las Américas)

¿Comprende por qué debemos perseverar (Cp Lucas 18.1)? Porque muchas veces el silencio de Dios obedece a circunstancias que se oponen para que la respuesta venga.

6.- Hay situaciones no resueltas que levantan una barrera a nuestras oraciones. Puede que haya problemas sin resolver a nivel familiar o con otras personas. Sobre el particular, el apóstol Pedro advirtió: “De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes.” (1 Pedro 3:7 Mateo 5:23. NVI)

Si deseamos levantar manos santas al Señor cuando clamamos por un milagro, debemos resolver situaciones pendientes en nuestro hogar y con las personas que nos rodean.

7.- No pedimos conforme a la voluntad de Dios. El Señor guarda silencio cuando pedimos en nuestras fuerzas, procurando hacer lo que queremos, y no nos sujetamos a la voluntad de Dios. El apóstol Juan escribió al respecto: "Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye." (1 Juan 5:14. La Biblia de Las Américas)

Permita que Dios sea glorificado en cada milagro que ocurra en nuestras vidas. Él debe, en todo momento, hacer Su voluntad.

Hay otras razones

Por supuesto, hay otras razones por las que Dios guarda silencio cuando oramos. Pero aquí hemos esbozado algunas que son las más comunes.

Es importante que evaluemos nuestra forma de orar así como la actitud con la que vamos a Su Presencia en clamor. Si hay lugar a corregir algo, hagámoslo cuanto antes.

Nuestro amado Dios es un Dios de milagros. No hay razón para pensar que tendrá obstáculos para responder a nuestro clamor; sin embargo, en caso de que sólo haya silencio en medio de nuestras oraciones, debemos revisar cuáles pueden ser las razones y reemprender el camino, aplicando ajustes. ¡Dios desea manifestarse con poder en su vida!

Si aún no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, es tiempo de que lo haga. Si Jesucristo mora en nuestro corazón, experimentaremos el cambio y crecimiento tanto personal, como espiritual y familiar que siempre hemos anhelado. Decídase hoy por Jesucristo…

Cuestionario para la profundización de la Lección 4:

Por favor, lea detenidamente los textos y postulados de cada pregunta, y teniendo a mano su libreta de apuntes, anote las respuestas:

a.- ¿Alguna vez clamó a Dios pero pareció que el Señor guardaba silencio?

b.- ¿Se desalentó cuando clamó y no obtuvo respuesta a sus oraciones?

c.- ¿Cree que Dios le enseña algo a través del silencio que guarda cuando oramos?

d.- En cuanto a su familia, ¿le pareció que alguna vez Dios no respondió a su clamor?

e.- ¿Quizá llegó a una conclusión del por qué Dios no respondió a sus oraciones en ese momento?

f.- ¿Está dispuesto a revisar si hay errores en su vida que motivan el silencio de Dios cuando ora?

g.- ¿Qué correctivos piensa aplicar?

h.- ¿Está dispuesto a perseverar en oración hasta que el milagro ocurra?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=8013


Publicado en: Escuela de Oración

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