Siete principios para desarrollar un buen trabajo en equipo

(Lección 5)

Con ayuda de Dios aprendemos a trabajar en equipo

Como hombres y mujeres al servicio de Dios en una congregación o ministerio, es esencial que desarrollemos el espíritu de trabajo en equipo.

¿Por qué resulta importante? Porque permite utilizar al máximo las destrezas, habilidades y dones individuales para obtener los mejores resultados en todo lo que hacemos.

El afamado autor y conferencista, Myron Rush, define el asunto en los siguientes términos: “Un equipo puede definirse como el trabajo mancomunado de una o dos personas que se mueven por un mismo camino hacia el cumplimiento de un propósito común. Cuando dos o más personas colaboran en el mismo proyecto, si los integrantes no se comunican, entonces no hay equipo. Las personas que trabajan juntas y se comunican, pero cuyos esfuerzos no están encaminados a la misma finalidad, no constituyen equipo. Para que constituyan equipo dos o más personas deberán comunicarse, tener una meta en común y moverse en la misma dirección.” (Myron Rush. “Un enfoque bíblico de la Administración. Editorial Unilit. 1992. EE.UU. Pg. 45)

Es esencial que si queremos lograr resultados, tengamos clara la meta que perseguimos. Muchas personas no saben hacia dónde van, por ese motivo cualquier camino les sirve. Obrar así los torna malos líderes y convierte en ineficaz el trabajo en equipo.

La Biblia nos ofrece un excelente consejo a través de las palabras que escribió el rey Salomón: “Es mejor ser dos que uno, porque ambos pueden ayudarse mutuamente a lograr el éxito. Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarle; pero el que cae y está solo, ese sí que está en problemas. Del mismo modo, si dos personas se recuestan juntas, pueden brindarse calor mutuamente; pero ¿cómo hace uno solo para entrar en calor? Alguien que está solo puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente. Es mejor ser un joven pobre pero sabio que ser un rey viejo y necio que rechaza todo consejo.” (Eclesiastés 4:9-13. NTV)

Tome nota de lo que enseña cada línea. Solos no logramos el máximo potencial de nuestras capacidades, pero sí lo hacemos cuando trabajamos en equipo, y hablamos de equipo cuando somos dos o más personas las que nos movemos alrededor de un objetivo.

El Señor Jesús quien conocía este principio, lo aplicó al escoger un grupo de colaboradores a quien designó como los doce discípulos que lo acompañaron durante su ministerio terrenal.

Mejores resultados cuando hay trabajo en equipo

Por donde lo mire, el trabajo en equipo rinde mejores resultados al tiempo que permite que cada integrante saque provecho de sus puntos débiles así como de sus fortalezas. Esto se logra cuando superamos la competitividad y la envidia y nos orientamos todos hacia un mismo objetivo.

Cada uno se fortalece en las áreas en las que alcanza mejor desempeño, y encuentro significación para su esfuerzo.

De hecho la estructura de la Iglesia contempla el trabajo en equipo como lo enseñó el apóstol Pablo: “Ahora bien, Cristo dio los siguientes dones a la iglesia: los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo.” Es mejor ser un joven pobre pero sabio que ser un rey viejo y necio que rechaza todo consejo.” (Efesios 4; 11, 12. NTV)

Lo importante es trabajar en unidad, que constituye el fundamento del trabajo en equipo.

Pautas prácticas y eficaces para fortalecer el trabajo en equipo

El trabajo en equipo, como hemos visto, es esencial donde quiera que nos desenvolvamos. Aplica al plano secular, eclesial e incluso, guardando las proporciones, en el ámbito familiar.

Queramos o no, si aspiramos lograr mejores resultados, es fundamental que unamos esfuerzos con otras personas que, principalmente, deben ser nuestros inmediatos colaboradores.

Una vez vencida la barrera de no emprender nosotros todas las tareas y pretender tozudamente que funcionen las cosas, resolviendo los conflictos a nuestra manera, encontraremos valor para abrir espacios a otras personas que puedan concurrir con ideas y acciones.

Trabajar en equipo es una decisión que tomamos en lo más profundo del corazón. No podemos esperar que otros nos obliguen o ejerzan presión para que orientemos nuestros esfuerzos en esa dirección.

El especialista en liderazgo, Stephen R.Covey, anota: “A menudo pensamos en el cambio y en el perfeccionamiento como en algo que viene de afuera. Incluso si aceptamos la necesidad de un cambio interior, habitualmente creemos que se trata de aprender nuevas técnicas, y no de mostrar una mayor integridad hacia los principios básicos. Pero las transformaciones importantes representan a menudo rupturas interiores con las formas de pensar tradicionales, lo que yo denomino cambios de paradigma.” (Stephen R.Covey. “El liderazgo centrado en principios”. Paidós Editores. 2012. España. Pg. 18)

Piense que usted sólo no logrará los mismos resultados como sí podrá alcanzarlo trabajando de la mano con otras personas.

Relacionamos a continuación algunos fundamentos que podrán resultarle útiles si los pone en práctica:

1.- No espere que las cosas sucedan

Quienes esperan que las cosas sucedan, se quedan esperando toda la vida. No es un juego de palabras. Usted debe producir cosas. Desencadenar una reacción. ¿Acaso, por ejemplo, espera que espontáneamente las personas sean evangelizadas? ¿Pretende fortalecer la economía de la congregación que tiene a cargo sin mayor esfuerzo? ¿Anhela que la crisis de la comunidad de creyentes a su cargo se supere sólo con el deseo? La respuesta categórica a estos tres interrogantes es que no.

Pero emprender acciones, guiado por Dios— a quien debemos acudir en oración— no es una tarea que debe desarrollar solo. La mayor eficacia se logra trabajando con mentalidad de equipo.

2.- Compartir los éxitos y saber asumir los errores

Si es usted quien está orientando un grupo de líderes— que son a la sazón su equipo de trabajo— y algo sale más, no puede socializar el fracaso echándole a todos la culpa por los errores. Usted es el líder. ¿Qué surgen problemas? Es apenas natural. Lo relevante es que usted sepa asumirlos y orientar a los líderes a trabajar en búsqueda de soluciones.

Y en aquellas circunstancias que escapan a nuestras manos, dejar que Dios sea quien obre poderosamente trayendo cambios. Apoyarnos en Él. Solamente nuestro amado Dios y Padre hace posible lo imposible.

3.- Aprenda de los errores

Los errores nos permiten aprender. La mayoría de los hombres de Dios cuyas vidas relatan las Escrituras, sacaron ventaja de los fracasos. Cuando encontraban que no había aparente salida al laberinto, clamaban al Señor y esperaban su guianza y obrar poderoso. No vea los errores como gigantes sino como oportunidades para aprender algo nuevo, y con usted, el equipo de trabajo.

4.- La dinámica del acierto-error

Cuando cambiamos nuestra actitud frente a los errores, reemprendemos la tarea cuantas veces sea necesario. Lo intentaremos sin desmayar una y otra vez. Y cada vez que retomemos nuestra meta— a nivel individual y en equipo— aprenderemos algo nuevo. “Formas de no caer en el mismo error”, decía un estudiante de la Escuela de Formación Integral de Líderes de la que fui maestro por mucho tiempo en la iglesia.

5.- Hacer el mejor esfuerzo posible

Si estamos caminando en la voluntad de Dios, es necesario que además de avanzar como líderes e integrantes de un equipo de trabajo, avancemos hacia una meta específica pero dando lo mejor de nosotros, haciendo el mayor esfuerzo posible, centrados en que los resultados revistan excelencia para el Reino de Dios.

6.- Aprenda a priorizar sus tareas diarias

Una cosa son los asuntos importantes y otro bien distinto aquellos que rotulamos como urgentes. Pesa más lo importante— por los efectos que tiene a corto y mediano plazo— que lo urgente, por su carácter inmediatista.

No debemos experimentar estrés ni preocupación porque las cosas no salieron como esperábamos. Basta revisar el error y enfocarnos en lo importante, para evitar incurrir hacia futuro en la misma situación.

7.- Resuelva problemas aquí y ahora

Los problemas se resuelven, no en nuestras fuerzas sino con la orientación de Dios y el esfuerzo de todo el equipo. A los problemas hay que salirles al paso con soluciones oportunas. Dilatar la toma de decisiones no hace otra cosa que agravarlo todo.

Emprenda la tarea

A lo largo del curso hemos aprendido que el trabajo en equipo involucra unidad, esfuerzo, perseverancia y compromiso, escuchando las ideas y valorando los aportes de todos. Una vez claro el panorama, debemos emprender la tarea. No es para mañana, es para hoy mismo.

Entusiásmese con el trabajo. Usted es parte del Reino de Dios. Su aporte es valioso.Decídase hoy mismo.

Ligado el entusiasmo, está la perseverancia, No se deje arrastrar ni por la indiferencia de los demás ni por su ingratitud. Salga de esta trampa. Avance. De pasos sólidos. Dios está de su parte. La victoria está asegurada.

No se detenga en asuntos pequeños. Avance. Pinga la meta en objetivos claros, que ha definido para su vida, ministerio y equipo de trabajo, y decídase a no volver atrás.

Preguntas para evaluar la comprensión y aplicación de la Lección de hoy:

a.- ¿Por qué es importante el trabajo en equipo?

b.- ¿Qué experiencia tiene de trabajo en equipo?

c.- ¿Qué dificultades tiene para trabajar en quipo?

d.- En su vida personal, ¿qué dificultades halla en su camino para trabajar en equipo?

e.- Cuando surgen errores, ¿qué debemos hacer?

f.- ¿Por qué razón debemos priorizar las tareas a desarrollar cada día?

g.- ¿Por qué resulta peligroso dilatar la toma de decisiones a nivel de trabajo en equipo?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7018


Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial

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