Si persevera en oración, los milagros ocurrirán

(Lección 1 – Nivel 4)

La perseverancia es esencial en la vida de oración

“¿Qué es perseverancia?”. La pregunta se la hizo una y otra vez el hombre que estableció un negocio semanas después de ser despedido de su trabajo, para encontrarse con la realidad de unas ventas muy bajas y una competencia despiadada en el mundo comercial.

Por acá todo parece detenido— me explicó el día que hablamos del asunto —. Tengo la mejor mercadería, la ofrezco a buen precio, y sin embargo nadie compra nada. Generalmente después de preguntar por el valor, me dicen “Voy a dar una vuelta y regreso”; pero no regresan —.

Estaba junto a una enorme barra que separaba el espacio del público de la estancia donde se movía acuciosamente con sus ayudantes. Un afiche de vivos colores junto a la máquina registradora invitaba a poner la mirada en Jesucristo. Se percató de que estaba leyendo el texto.

Lo coloqué allí porque es un instrumento eficaz para que los visitantes conozcan a Cristo— dijo a manera de explicación. Sonrió. Retomó el tema —: Verá, yo pienso cerrar el establecimiento. Quizá abra un expendio de licores —.

Pero eres cristiano...— le recordé para llevarle a comprender que era incoherente profesar fe en el Señor Jesús y vender bebidas y cigarrillos —.

Lo comprendo, Fernando, pero es lo único que tiene asegurada su comercialización— objetó.

Estuvimos hablando por espacio de media hora. Gracias a Dios entró en razón. Decidió proseguir unas semanas más. –Tal como me aconseja, voy a perseverar —, anotó.

El comienzo no fue fácil. Hoy tiene un negocio próspero. Hace dos días cuando hablamos nuevamente, después de sobreponerse a cualquier cantidad de problemas, ofreció la ayuda que necesitara en la misión evangélica que estamos plantando al oriente de Santiago de Cali.— No puedo olvidar que usted fue quien me hizo reflexionar sobre el valor de la perseverancia— dijo.

Intentarlo una y otra vez

“¿Qué es perseverancia?”. Ahora quizá tiene una visión más aproximada de lo que significa. En síntesis es intentarlo una y otra y otra vez hasta lograr las metas propuestas.

Los hombres de Dios se caracterizaron por perseverar. La Biblia abunda en ejemplos. Noé, Abraham, José, Moisés, Josué, David y Jeremías son algunos testimonios reales de que alcanzar las promesas del Señor y ver realizadas las metas no es el fruto de abrir y cerrar los ojos, sino que en muchas ocasiones obedece a un proceso en el que avanzar, así sea paso a paso, reviste particular importancia.

También en la oración

La oración amerita que haya en nosotros perseverancia. En cierta ocasión “Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse” (Lucas 18:1. Nueva Versión Internacional). Y relata la insistencia de una mujer viuda en procura de que un juez injusto fallara a su favor. “Continuó el Señor:<<Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto.¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?. Les digo que sí les hará justicia y sin demora” (versículos del 6 al 8).

Hay otro texto que vale la pena considerar. Se encuentra en el Evangelio de Mateo. Fue una enseñanza que compartió el Señor Jesús en el llamado “Sermón del Monte”. Él les dijo: “Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre” (Mateo 7:7, 8. Nueva Versión Internacional).

De acuerdo con el poderoso principio que reveló a sus seguidores el Hijo de Dios, hay tres elementos que son claves cuando oramos: a.- Pedir b.- Buscar c.- Llamar. Está implícita la perseverancia. El asunto no es orar un día y dejar el asunto para después. Eso sería desistir. Lo fundamental es persistir. Si lo hacemos, tenemos asegurada la respuesta.

¿Qué debemos hacer para que se produzca una respuesta?

Toda persona anhela que Dios responda a sus oraciones; de lo contrario, no se tomarían el trabajo de elevar sus peticiones delante del Padre. La respuesta se produce como consecuencia de cuatro aspectos de suma importancia:

El primero, que exista una motivación específica que puede partir de una necesidad tal como lo hallamos en Mateo 7:9 y 10. El segundo, si clamamos Dios responde porque es un Padre amoroso para con sus hijos. “Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan!” (versículo 11).

El tercer elemento estriba en la importancia de que orar vaya acompañado de dos actitudes: Creer y Perseverar.

¿Por qué demora Dios la respuesta a nuestras oraciones?

Usted y yo tenemos libertad de clamar porque tenemos acceso al trono celestial. En las Escrituras leemos una premisa del autor de la carta a los Hebreos: “Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitamos” (Hebreos 4:16. Nueva Versión Internacional).

Sobre esta premisa, tenemos la certeza de que Él nos atenderá y podemos ir a su presencia cuantas veces sea necesario.

Ahora, una pregunta apenas natural: ¿Por qué demora Dios la respuesta a nuestras oraciones? Hay por lo menos cuatro razones que comparto con ustedes: La primera, para probar nuestra sinceridad; la segunda, para probar nuestra fe (fortalecernos); la tercera, porque albergamos pecado: rebelión, amargura, falta de perdón, desobediencia etc., y la cuarta, para enseñarnos a perseverar hasta el tiempo perfecto de Dios en el cual se produce la respuesta.

Es probable que dejemos de orar porque, de un lado no hemos aprendido el valor de la perseverancia; nos encontramos tan “ocupados” en las cosas del reino de Dios que pocas veces entramos en contacto con el “Jefe Supremo”, y además, no estamos dispuestos a dejar que el Señor trate con nosotros. ¿Cuál de esas circunstancias ha tocado a su puerta? Es hora de hacer una revisión juiciosa y proceder a aplicar los cambios pertinentes.

No permita jamás que el enemigo de los cristianos, Satanás, le haga sentir indigno de ir a la presencia de Dios en oración; tampoco deje que siembre dudas en su mente y rechace todo pensamiento de distracción que traiga su corazón cuando está orando.

Recuerde siempre: el éxito de la oración estriba en perseverar.

Cuestionario para la profundización de la Lección 1:

Por favor, lea detenidamente los textos y postulados de cada pregunta, y teniendo a mano su libreta de apuntes, por favor, anote las respuestas:

a.- ¿Cuál es su actitud cuando escucha hablar de milagros?

b.- ¿Qué le enseñó nuestro Señor Jesús a sus discípulos (Lucas 18:1)?

c.- ¿Qué dice el Señor Jesús que hará Dios con aquellos que perseveran en oración (Lucas 18:6-8)?

d.-  Bíblicamente y como lo enseñó el Señor Jesús, ¿qué ocurre con aquellos que piden a Dios en oración (Mateo 7:7, 8)?

e.- ¿Cuál es la actitud de Dios hacia quienes oran (Mateo 7:11)?

f.- ¿Qué nos dice el autor de la carta a los Hebreos en torno a la oración (Hebreos 4:16)?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2799


Publicado en: Escuela de Oración

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