Ser discípulos de Jesús es seguir sus huellas

(Introducción – Nivel 3)

Bienvenidos a la maravillosa experiencia de caminar de la mano de Jesús el Señor

Si ha tenido la maravillosa oportunidad de caminar sobre la playa, recordará que las huellas húmedas permanecen por un tiempo antes que el vaivén de las olas borren poco a poco los surcos que dejados sobre la arena. Pero aún cuando el agua viene y va, pasarán muchos minutos antes de que las pisadas se desdibujen.

Si me pregunta: ¿Qué es ser un discípulo?. En esa ilustración encontrará la respuesta: Ser discípulos es caminar de la mano del Señor Jesús, siguiendo sus huellas en cada nuevo paso.

La primera decisión es recibirlo en nuestro corazón como Señor y Salvador, y a partir de ese momento, vivir la experiencia cotidiana, el día a día escuchando sus enseñanzas y aplicarlas a nuestra vida. La mejor forma de oír su voz es yendo a las Escrituras y pasar tiempo de meditación en Su Presencia, orando.

Él no nos obliga, de ahí que reviste particular importancia la disposición de nuestro corazón. Y esa disposición se ve reflejada en una participación activa y comprometida en la vida cristiana, inicialmente en nuestro hogar, luego en el lugar en el que nos desenvolvemos laboralmente y por último, en la congregación donde nos reunimos periódicamente para alabar y glorificar Su Nombre.

La fase final del proceso es pasar de ser un discípulo a convertirnos en discipuladores, es decir, enseñarle a otras personas que también sigan las pisadas del Señor Jesucristo.

El Señor Jesús nos escogió

Un principio maravilloso que aprendemos cuando disponemos nuestro corazón para caminar de la mano del Señor Jesús, es que no fuimos nosotros los que le elegimos sino que Él nos escogió a nosotros.

A sus primeros seguidores les sorprendió un día al decirles: “Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre.” (Juan 15:16. NTV) Esa misma enseñanza aplica para nosotros hoy.

Además de ser escogidos por nuestro amado Salvador, aprendemos un segundo fundamento: Dios espera que rindamos frutos, representados no en un cambio personal y espiritual por unos cuantos días sino que permanezca en nuestro desenvolvimiento en el hogar, en los círculos sociales en los que ejercemos influencia y en la Iglesia.

Los primeros discípulos tenían claro que convertirse en discípulos del Señor Jesús era un gran privilegio por el cual debieron pagar un precio. Leemos en la Palabra: “ Tiempo después Jesús subió a un monte y llamó a los que quería que lo acompañaran. Todos ellos se acercaron a él. Luego nombró a doce de ellos y los llamó sus apóstoles. Ellos lo acompañarían, y él los enviaría a predicar.” (Marcos 3:13, 14. NTV)

Tenga presente que si el Señor Jesús nos llamó, no espera que permanezcamos sentados en la silla del templo, cómodos y sin mayor compromiso. Su deseo es utilizarnos como poderosos instrumentos para la extensión del Reino de Dios. Si somos discípulos fieles, nos convertimos en vasos útiles a quienes acompañarán las señales y prodigios.

¿Cómo podemos experimentar crecimiento?

La vida del discípulo está ligada al crecimiento personal y espiritual. Es una consecuencia natural de seguir las pisadas del Señor Jesús.

Lograrlo es posible no en nuestras fuerzas sino en el poder de Dios. El Señor Jesús dejó clara esta enseñanza cuando compartió a una multitud: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Él corta de mí toda rama que no produce fruto y poda las ramas que sí dan fruto, para que den aún más. Ustedes ya han sido podados y purificados por el mensaje que les di. Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí.” (Juan 15:1-4. NTV)

Por favor observe con detenimiento el texto. Léalo cuantas veces sea necesario. Compenétrese con él hasta que descubra esa enseñanza poderosa para su vida.

La obra redentora de nuestro amado Salvador nos ha “podado y purificado” para que demos más. Es así como, al decidirnos a seguir a Jesús, experimentamos cambios en nuestra forma de pensar y de actuar. Seremos sin duda mejores cónyuges, mejores compañeros de trabajo, mejores miembros de la comunidad de creyentes y donde quiera que estemos reflejaremos el Cristo de poder que obra en nuestra existencia.

Si permitimos que Dios obre en nuestro ser, podremos producir fruto. No se preocupe sobre el cuándo y de qué manera sino por el cómo, que es rendirse a los pies del Maestro y perseverar en Él, pagando el precio.

Dispóngase a pagar el precio

Seguir al Señor Jesús como su discípulo demanda pagar un precio. Piense por un instante que deberá dejar atrás muchos patrones de comportamiento equivocados y pecaminosos y re-programarse en su mundo interior para permitir que Dios gobierne sus pensamientos y acciones. ¡No es fácil! La carne querrá seguir teniendo el dominio, y esa inclinación a volver atrás a pesar de nuestra decisión de perseverar en Cristo, no es otra cosa que pagar el precio.

Le invito a considerar tres aspectos que rodean a un discípulo decidido a seguir las pisadas de Jesús el Señor:

1.- Rendición a Jesús:

Nadie que quiera vivir a su propia manera, justificando sus errores y arraigado en un comportamiento pecaminoso, podrá ser discípulo de Jesús. Es necesario rendirse a Él. Es un paso ineludible.

En la Palabra leemos que “Una gran multitud seguía a Jesús. Él se dio vuelta y les dijo: «Si quieres ser mi discípulo, debes aborrecer a los demás — a tu padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas— sí, hasta tu propia vida. De lo contrario, no puedes ser mi discípulo. Además, si no cargas tu propia cruz y me sigues, no puedes ser mi discípulo.” (Lucas 14:25-27. NTV)

Nuestro amado Salvador no nos llamó a caminar por un jardín de rosas, sino a experimentar crecimiento en todo momento y a vencer nuestras inclinaciones naturales a la mundanalidad con el fin de vivir conforme a Su voluntad. Eso es rendición, entrega total. Decirle: “Señor, someto mi vida en Tus manos. Haz de mí la persona que Tú quieres que yo sea.”

2.- Ser fieles a los pasos del Maestro:

Quien se convierte en discípulo de Jesús comienza a vivir de nuevo. Reaprende principios. No considera que todas cosas las sabe sino que está ávido de aprender. Cada nueva experiencia con Jesús en oración y meditación en la Palabra se convierte en una oportunidad para crecer.

Le invito a leer conmigo lo que enseñó nuestro amado Salvador: "Entonces llamó a la multitud para que se uniera a los discípulos, y dijo: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz y seguirme. Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás; pero si entregas tu vida por mi causa y por causa de la Buena Noticia, la salvarás.” (Marcos 8:34, 35. NTV)

Revise con detenimiento y cuidado la decisión que ha tomado de seguir a Jesús. ¿Está dispuesto a pagar el precio? Si es así, entonces someta cada paso que va a dar en Sus divinas manos para que Él guíe su camino. Le aseguro que comenzará a caminar en victoria.

3.- Someter nuestros planes a los de Jesús:

Cuando nos desplazamos de una ciudad a otra en avión, generalmente tenemos seguro el itinerario. Sabemos a qué hora salimos del aeropuerto y en qué momento estaríamos llegando a nuestro destino, a menos claro está que lo impidan las condiciones meteorológicas o algún otro imprevisto.

A todos nos gusta movernos así. Tener la sartén por el mango. Asumir el control de nuestro planes y proyectos. Sin embargo, cuando decidimos seguir al Señor Jesús debemos cambiar nuestro esquema. ¿La razón? Sometemos nuestros proyectos e itinerario en Sus manos bajo el convencimiento de que Él sabe cómo hace todo. Nada escapa a su cuidado y amoroso control. Desea lo mejor para nosotros.

Le invito a que miremos la experiencia de los primeros discípulos, de acuerdo a lo que narran las Escrituras: “Cierto día, mientras Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea, vio a dos hermanos — a Simón, también llamado Pedro, y a Andrés— que echaban la red al agua, porque vivían de la pesca. Jesús los llamó: «Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas!». Y enseguida dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante por la orilla, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, sentados en una barca junto a su padre, Zebedeo, reparando las redes. También los llamó para que lo siguieran. Ellos, dejando atrás la barca y a su padre, lo siguieron de inmediato.” (Mateo 4:18-22. NTV)

¿Está dispuesto a renunciar a todo con el fin de convertirse en seguidor de Jesús? Por favor, evalúe esta pregunta una y otra vez. No se apresure a responder. Si dice , le felicito. Hoy emprende un proceso maravilloso para llegar a nuevos niveles tomado de la mano del Salvador. Puedo asegurarle que conforme avanzamos, tendrá una mayor y más profunda comprensión de lo que significa ser discípulo del Maestro.

Tenga presente que un discípulo de acuerdo con el griego original es un aprendedor. Eso es usted: Alguien con disposición de aprender. Y en ese proceso de aprendizaje, desarrollará intimidad con el Señor Jesús, que constituye de por sí una maravillosa experiencia. Esa es la razón por la que debe reunir tres ingredientes en su vida: Disposición de corazón, fe y obediencia. Si los asume en su vida, puedo asegurarle que obtendrá la victoria en cada nuevo paso.

A continuación le invito a considerar algunas preguntas que le ayudarán a profundizar en el conocimiento de qué es y qué implica el honroso título de discípulo.

Preguntas para reflexionar:

a.- En su criterio, ¿qué significa ser un discípulo?

b.- ¿Somos nosotros quienes escogemos ser discípulos o es el Señor Jesús quien nos escoge (Leer Marcos 3:13, 14)?

c.- ¿Qué le pidió el Señor Jesús a Simón y Andrés que hicieran en caso de aceptar ser sus discípulos (Leer Mateo 4:18-22)?

d.- ¿Qué podemos aprender de Hechos 11:26?

e.- ¿Podemos en nuestras fuerzas llegar a ser discípulos del Señor Jesús?

f.- ¿Realmente ha asumido el compromiso de ser un discípulo del Señor Jesús? ¿Es consciente de que será necesario pagar un precio?

g.- ¿Qué características de un discípulo podemos encontrar al leer Lucas 9:23? ¿Cómo aplicamos esa enseñanza a nuestra vida hoy?

h.- ¿De qué manera impactó la vida de Felipe el haber tenido un encuentro personal con el Señor Jesús (Leer Juan 1:43-51)?

Versículo para memorizar durante la semana:

“Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre.” (Juan 15:16. NTV)

Nota Importante: Una vez termine todas las Lecciones del Tercer Nivel de Discipulado, podrá descargar el material en formato de libro electrónico (PDF)

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2354


Publicado en: Escuela de Discipulado | Escuelas

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