Ser discípulo, una maravillosa experiencia de fe diaria

(Lección 8 – Nivel 3)

Por mucho tiempo gozó de buen salario, reconocimiento social, una esposa que lo admiraba y que algunas veces le decía: “Qué bien bailas”. Sus amigos repetían que era brillante. “Richard era destacado desde cuando cursaba la secundaria”, solían comentar al referirse a él.

Y su mayor disyuntiva, la “encrucijada del alma”, se produjo cuando conoció a Jesús como Señor y Salvador. Curiosamente fue mediante un mensaje que llegó a su perfil en la Red Social.El texto le impactó. Cada línea del relato parecía referirse a él. Y no pudo resistirse. Hacia el final, ¡había recibido a Cristo en su corazón!

No se lo contó a Raquel, su esposa, pero ella le riñó un fin de semana cuando no la llevó a bailar. “Te has vuelto aburrido”, le recriminó. Sus amigos tomaron en broma cuando les dijo que no iría a beber cerveza después de salir de la oficina. “Ya te veremos implorando que te acompañemos a beber cerveza al billar de la esquina”, le dijeron mientras se alejaban en medio de tremendas risotadas.

Y si la sucesión de incidentes habían probado su decisión por Jesús, se agudizó el día que su jefe inmediato le dijo que nuevamente debían alterar los inventarios. “Es dinero para ti y para mi. Nos conviene”, le dijo con una leve sonrisa. “No lo volveré a hacer. Conocí a Cristo y he decidido caminar en rectitud…”, le dijo quedamente. El superior se quedó mirándolo con sorna y le dijo: “Ya me dirás cuando quieras ganar otros pesos…”

Finalmente le confesó a Raquel de su decisión. Ella se puso furiosa. “No voy a cambiar de religión y si es necesario, me divorcio. ¡Faltaba más!”, le dijo antes de iniciar un prolongado silencio que se prolongó por una semana.

Pero Richard decidió seguir adelante, aun cuando muchas veces se preguntó ¿qué decisión era la que había tomado? Su mayor reto fue aprender a depender de Dios, porque en adelante, con su salario debía vivir ya que no podría robar de nuevo… ¡Estaba determinado a agradar a Jesús el Señor!

Depender de Dios y dejar de lado el orgullo

Si hubo algo que resultó complejo para los primeros Discípulos del Señor Jesús, fue aprender a desarrollar dependencia de Él. Recuerde que un buen número eran pescadores, uno cobrador de impuestos y otros con profesiones de las que derivaban el sustento. Y deciden seguir a Jesús. ¡Ya no tenían un ingreso diario o semanal fijo! En adelante su Provisión venía del Maestro…

El evangelista Lucas relata una escena interesante de uno de quienes fueron llamados a seguir a Jesús: “Otro dijo: — Sí, Señor, te seguiré, pero primero deja que me despida de mi familia. Jesús le dijo: — El que pone la mano en el arado y luego mira atrás no es apto para el reino de Dios.” (Lucas 9:61. 62. NTV)

Es un texto poderos que encierra una enseñanza transformadora. El hombre creía que habían “otras prioridades” que iban de la mano con el llamamiento a seguir al Maestro. Y Jesús le confrontó. Con unas sencillas palabras le mostró que debía tomar una decisión ya, ahora, y renunciar a todo. ¡Pagar el precio! A menos que lo hiciera no sería indicado para el Reino de Dios.

Por supuesto que no es fácil porque estamos acostumbramos a depender de nuestras fuerzas, del título académico, de la experiencia, del trabajo en que quizá estamos fijos. Lo hemos hecho así por años. ¡No creíamos necesitar de Dios! Y cuando damos el paso de recibir a Jesús todo cambia. Y debemos estar preparados para que hayan dificultades y oposición, en las dimensiones física y espiritual.

¿Ha vivido esa situación? Lo más probable es que sí, porque todos cuantos nos decidimos por el Señor Jesús enfrentamos situaciones inexplicables pero aun cuando parezca que las tormentas son muy fuertes, obtenemos la victoria porque dependemos de Él.

¿Es posible para usted? Por supuesto que sí. Usted es un candidato a ser Discípulo no por un poco tiempo sino por siempre. Claro, asumir compromisos con Dios nos inquieta, y muchos buscan pretextos para no hacerlo. Pero sépalo: Dios escogió como Discípulos de Jesús a hombres del común y les concedió la guía y fortaleza para tener la victoria. Lo mismo hará con nosotros hoy.

Dispóngase a pagar un precio

Los seres humanos valoramos aquello que nos cuesta, no lo que resulta gratuito porque no alcanzamos a dimensionar cuánto debió invertir aquél que nos regala algo. ¿Aplica a la vida cristiana? Por supuesto. Ser Discípulo de Jesús demanda que dejemos de lado nuestro orgullo y autosuficiencia y comencemos a depender de Él. Dependencia, esa es la clave.

El evangelista Lucas relata que: "Mientras caminaban, alguien le dijo a Jesús: — Te seguiré a cualquier lugar que vayas. Jesús le respondió: — Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza. Dijo a otro: — Ven, sígueme. El hombre aceptó, pero le dijo: — Señor, deja que primero regrese a casa y entierre a mi padre. Jesús le dijo: — ¡Deja que los muertos espirituales entierren a sus propios muertos!* Tu deber es ir y predicar acerca del reino de Dios.” (Lucas 9:57-60. NTV)

Por favor lea con detenimiento el pasaje Escritural. Nuestro amado Maestro no les prometió un “jardín de rosas”. Por el contrario, de la mano de la dependencia que debían desarrollar, es evidente que debían pagar un precio: Entrega total.

Jesús no obliga, Él simplemente llama y espera que seamos fieles, que caminemos tomados de Su mano poderosa y que perseveremos en ese camino.

No es una decisión por un día o una semana, sino por toda la vida. Cada mañana renovamos ese compromiso con Él y marchamos tomados de su mano si es que anhelamos la victoria. Es una decisión que está en sus manos, y puede tener la certeza de que dará pasos sólidos porque avanza no en sus fuerzas sino dependiendo de Cristo en todo momento.

Si no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Es la mejor decisión que podamos tomar, de la que nunca nos arrepentiremos porque nuestra vida experimentará crecimiento personal, espiritual y familiar.

Tareas para la semana:

Las tareas que ocuparán esta semana mi proceso de Discipulado en el Nivel III son:

a.- Me haré el firme propósito de depender cada día del amado Salvador Jesucristo no solo para la provisión diaria sino para la guianza en cuanto a los pasos que debo dar.

b.- Le pediré al Señor Jesús que me conceda la sabiduría suficiente para permanecer firme en Sus caminos, siguiendo Sus huellas.

c.- Aprenderé a desarrollar dependencia del Señor Jesús en oración para todo cuanto vaya a hacer.

Versículo para memorizar durante la semana:

“Otro dijo: — Sí, Señor, te seguiré, pero primero deja que me despida de mi familia. Jesús le dijo: — El que pone la mano en el arado y luego mira atrás no es apto para el reino de Dios.” (Lucas 9:61, 62. NTV)

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2774


Publicado en: Escuela de Discipulado

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