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Sentimientos y su relación con sentidos, estímulos y actitudes


(Consejería Pastoral – Cap. 5)

Sentimientos y su relación con sentidos, estímulos y actitudes (Consejería Pastoral – Cap. 5)

Con frecuencia llegan a consultar al Consejero Pastoral quienes experimentan una lucha constante con sus sentimientos.

No puedo controlarlos” me dijo en cierta ocasión una mujer que no encontraba coherencia entre aquello que quería hacer y la forma como finalmente obraba.

Guardando las proporciones, el apóstol Pablo refiere al asunto cuando escribe: “No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena; pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mi. Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (Romanos 7:16-19. Nueva Versión Internacional).

¿Acaso es imposible vencer? ¿Quien viene a nosotros debe irse desalentado porque no hay nada qué hacer? ¿Acaso sus sentimientos lo llevan a enfrentar cada vez más dificultades para interactuar con los demás?. En absoluto. Lo que se requiere es emplear los sentimientos de manera constructiva.

En el libro “Cultive sus sentimientos” de J. Maurus, a quien cité en el capítulo anterior, menciona algunas actitudes que le llevarán a ser mucho más eficaz en la meta de transformar los sentimientos:

1.- Acepte sus sentimientos, que son una parte suya natural. Experimente con ellos (hacia el cambio).

2.- Trate de sacar alegría constante de su trabajo.

3.- Tome conciencia de la función de sus sentimientos. Ellos –como un fusible— le señalan cuando se está rompiendo una relación, que algo debe ser ajustado o quizá llegar a una concertación en algún aspecto.

4.- Libere sus fuerzas creativas.

5.- Alégrese de que sus sentimientos ponen en acción lo mejor que hay en su ser y puede determinar cómo actuar en cada circunstancia: con delicadeza o valentía.

6.- Los sentimientos dinamizan sus acciones pero guarde prudencia antes de dejarse mover por ellos, como si se tratara de jueces que señalan sus acciones para cuestionarlas o aprobarlas.

7.- Permanezca sereno. No reaccione inmediatamente movido por sus sentimientos.

8.- Sea cuidadoso para no confundir sus sentimientos con el amor.

9.- sea paciente en aquellos momentos en los que se siente desanimado. Siga sonriendo aunque prefiera estar serio.

“Cultive sus sentimientos”, J. Maurus. Pag. 25. Editorial San Pablo, 1993. Santafé de Bogotá, Colombia.

Educar los sentidos y la percepción

Usted como Consejero y, aquellos a quienes atienda, son personas en proceso de cambio con ayuda del Señor Jesús.

En ese orden de ideas, debe educar positivamente sus sentidos y someterlos a la razón. No podemos obrar movidos únicamente por el instinto o quizá por las emociones.

Hay que tener en cuenta que los incidentes que impresionan nuestros sentidos inician un impulso en los terminales sensoriales de los nervios, llegan al cerebro e inmediatamente nos lleva a tomar conciencia de lo que está ocurriendo y de su alcances en nosotros. Se producen entonces tres elementos: percibir, interpretar y dar sentido a las sensaciones.

Es fundamental, entonces, que seamos muy cuidadoso con nuestra forma de percibir todo lo que ocurre alrededor. Un ejemplo práctico es cuando alguien nos saluda. De acuerdo a nuestro estado de ánimo (emocional) podemos percibir que lo hicieron afectuosamente, con desdén o quizá, fríamente.

¿Cuántas veces hemos reaccionado negativamente porque, aunque nuestro interlocutor no se lo proponía, percibimos sus pensamientos y palabras como algo ofensivo? Sin duda, muchas veces. Deducimos entonces que tal vez la percepción del asunto fue errada...

Ahora bien, conforme transcurre el tiempo, la percepción se perfecciona y nos lleva a ser más reflexivos y mesurados al reaccionar.

Al comenzar el libro de los Proverbios, el rey Salomón escribió que tenían un propósito específico: “... para adquirir sabiduría y disciplina; para discernir palabras de inteligencia; para recibir la corrección que dan la prudencia, la rectitud, la justicia y la equidad; para infundir sagacidad en los inexpertos, conocimientos y discreción en los jóvenes. Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba dirección el entendido...” (Proverbios 1:1-6. NVI).

La sabiduría y la disciplina se forman en nosotros, como lo anota el texto. Constituye un proceso.

Reacción frente a los estímulos

Los sentimientos agradables y desagradables están íntimamente relacionados con nuestras sensaciones y éstas a su vez a lo que producen los sentidos del ser humano así como la forma como operan en cada uno el intelecto y la voluntad.

Nuestro sentido central procesa las sensaciones que recibimos y de acuerdo con la percepción que tengamos, determinaremos si es agradable o desagradable.

Cuando logramos el equilibrio para reaccionar frente a los estímulos, así alguien se proponga hacernos la vida imposible, es posible que conservemos la calma tras comprender que las provocaciones externas no deben movernos a nada.

Un dicho común en Latinoamérica señala que “todo entra por los ojos” y, sin duda, tiene fundamento. El sentido más importante es el de la visión. Es el que nos permite tener contacto directo con el mundo que nos rodea.

El Señor Jesús dijo: “El ojo es la lámpara del cuerpo. Por tanto, si tu visión es clara,. Todo tu ser disfrutará la luz. Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en oscuridad. Si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué densa será esa oscuridad!” (Mateo 6:22, 23. NVI).

Es imperativo pedirle a Dios que nos ayude a reaccionar positivamente frente a lo que es sano. En muchas ocasiones sólo obramos por lo que vemos de inmediato y dejamos de lado lo que pudo ocurrir antes o lo que ocurrirá después.

Viene a mi mente un incidente grave que ocurrió en una familia cristiana:

En casa habían alojado a un líder jóvenes de la iglesia. Él asumió la tarea de acompañar con consejería a uno de los hijos de la pareja que generosamente le recibió.

En cierta ocasión mientras oraban, el líder y el joven estaban tomados de la mano y justo en ese instante entró el padre. ¡Imagínese la tormenta que se desencadenó!

El hombre juzgó únicamente por aquello que vio en ese instante... Difícilmente aceptó que no tenía suficientes elementos de juicio para indicar que el líder juvenil era homosexual.

El sentido del tacto es otro elemento de suma importancia que despierta sentimientos agradables o desagradables. Nos permite expresar afecto o también desagrado.

A este sentido sumamos otro: el oído. Gracias a él podemos desarrollar el arte de escuchar, el cual enfocado con la sabiduría que nos otorga Dios, traerá sensaciones agradables o desagradables.

La actitud del ser humano

En todo proceso de Consejería Pastoral juega un papel determinante el hecho de que identifiquemos las actitudes de la persona a quien estamos brindando orientación. Actitud es la inclinación de un individuo hacia algo y la consecuente reacción. Las actitudes son estimuladas internamente y también, externamente. Es la tendencia o resolución de una persona a obrar de determinada manera bajo un conjunto de circunstancias.

Algo sorprendente es que las actitudes ejercen influencia en nuestro cuerpo y nuestra mente, y hasta tanto lo comprendamos, incurriremos en fluctuaciones emocionales.

¿En dónde se aprende a asumir una actitud frente a algo? Las actitudes se asimilan de acuerdo a lo que veamos en casa, entre los miembros de la familia, lo que observamos en la sociedad e incluso, a través de la información que recibimos cada día.

La forma o actitud con la que asumamos todo cuanto nos ocurre, determinará las reacciones.

Un electrodoméstico en casa se descompuso. Llamamos a un técnico para que lo reparara. Era cristiano evangélico, como nosotros. Aunque el daño en apariencia era fácil de resolver, resultó complicado.

El hombre recibió el asunto con tranquilidad.”No voy a dejar que me venza ni el desánimo ni la molestia”, explicó.

A mi esposa y a mi nos sorprendió porque un año antes, cuando contratamos a alguien que no era creyente en Jesús para que hiciera una reparación similar, comenzó a lanzar palabras soeces cuando las cosas no salían como él quería.

¡Qué gran diferencia entre uno y otro! Todo se debía, sin duda, a la actitud.

Si las actitudes positivas gobiernan nuestro ser, actitudes positivas que proceden de una fe indeclinable de que Dios nos ayudará en cualquier situación difícil, seguramente no perderemos la tranquilidad con rapidez. Por el contrario, si nuestra actitud es negativa, interpretaremos todo cuanto nos ocurre como una provocación y las reacciones, como es natural, serán negativas...

Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial


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