Seis principios para oraciones eficaces

Con ayuda de Dios desarrollamos actitud de vencedores

1. Lectura Bíblica: Proverbios 21:13; Santiago 1:2, 3

2. Versículo para memorizar:

“De la misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas. Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida que Dios les ha dado. Trátenla como es debido, para que nada estorbe las oraciones de ustedes.” (1 Pedro 3:7 | NTV)

3. Reflexión en la Palabra de Dios:

La moratoria en la respuesta a nuestras oraciones nos ofrece dos caminos: el primero, darnos por vencidos y no seguir intentándolo; y el segundo: perseverar en clamor hasta que las respuestas se produzcan.

El apóstol Santiago nos enseña que las pruebas, antes que afectarnos, nos ayudan a crecer en la fe y en la esperanza. En su carta universal enseña: “Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse.” (Santiago 1:2, 3. NTV)

Si leemos cuidadosamente el texto, entramos también a reconsiderar la perspectiva que podamos tener hoy sobre el por qué no responde Dios a nuestras oraciones. Podemos reflexionar en la forma cómo pedimos y para qué pedimos, pero al mismo tiempo, considerar que a través de esa aparente tardanza, podemos experimentar crecimiento en la fe.

Tal vez se estará preguntando: ¿Qué recomienda la Biblia en camino a recibir respuestas a las oraciones? Además de que es un muy buen interrogante, debemos comenzar la respuesta con la necesidad de desarrollar una vida de oración constante, totalmente dependiendo de Dios.

Tenga en cuenta que nadie nos enseñará a orar. Aprendemos a orar, orando, como escribe el evangelista, Luis Palau:

“…uno de los conceptos que solemos olvidar es que nadie puede enseñar a orar a otra persona. La oración es algo que yo tuve que aprender por mi mismo y que cada creyente tiene que aprender y practicar por sí mismo. Puedo compartir con usted promesas bíblicas, algunas de mis propias experiencias o experiencias de mis amigos, pero realmente no le puedo enseñar a orar. La oración es como la natación. Rs algo que se hace en forma individual. Usted puede leer manuales sobre la oración, puede orar a otras personas y oír lo que que esas personas dicen sobre las respuestas a sus oraciones, pero hasta que usted no empiece a orar no sabrá lo que en verdad es la oración. Para aprender a orar usted necesita empezar a orar. No demore un minuto más, si la oración todavía no es algo diario y emocionante en su vida. Se lo digo por experiencia.” (Luis Palau. “Cristo a las Naciones”. Editorial Unilit. EE.UU. 1988. Pgs. 198, 199)

Ahora, recordemos algunas pautas escriturales que nos llevan a recibir respuestas cuando oramos:

1. Buenas relaciones familiares. Cuando hay conflictos con nuestro círculo familiar, pareciera que se levanta una enorme barrera, como podemos inferirlo de la enseñanza del apóstol Pedro: “De la misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas. Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida que Dios les ha dado. Trátenla como es debido, para que nada estorbe las oraciones de ustedes.” (1 Pedro 3:7. NTV)

Estar en conflicto puede desencadenar estorbo al clamor, aspecto sobre el que debemos meditar para aplicar correctivos de ser necesario.

2. Perdonar a quienes nos causan daño. Mantener un corazón lleno de rencor constituye otra barrera para que nuestra relación con Dios, con nosotros mismos y con las demás personas sea plena. El Señor Jesús enfatizó en la necesidad de perdonar: “Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti; pero si te niegas a perdonar a los demás, tu Padre no perdonará tus pecados.” (Mateo 6:14, 15) Imagínese a alguien clamando a Dios mientras que odia a su cónyuge, a alguien en su familia o a una persona cercana.

3. Nuestras peticiones deben glorificar a Dios. Todo cuanto pedía nuestro amado Salvador Jesucristo, procuraba que Dios fuera exaltado, como lo enseñó en su oración magistral en el Getsemaní: “Yo te di la gloria aquí en la tierra, al terminar la obra que me encargaste.” (Juan 17:4)

Esta pauta le llevará a reflexionar que quizá cuando usted ora por que algo ocurra, tal vez está buscando su propia gloria, que todos alrededor sepan que es súper-espiritual.

4. Alejar toda sombra de duda. No podemos estar pidiendo a Dios un milagro y, por otra parte, estar gobernados por la duda, como enseñan las Escrituras: “Cuando se la pidan, asegúrense de que su fe sea solamente en Dios, y no duden, porque una persona que duda tiene la lealtad dividida y es tan inestable como una ola del mar que el viento arrastra y empuja de un lado a otro. Esas personas no deberían esperar nada del Señor; su lealtad está dividida entre Dios y el mundo, y son inestables en todo lo que hacen.” (Santiago 1:6-8)

La Palabra de Dios es muy clara cuando señala que tales personas, las que se dejan arrastrar por la incredulidad, deben esperar que se produzca un hecho portentoso. Sencillamente la duda levanta una enorme barrera en su vida espiritual.

5. Confiar en las promesas de Dios. Si algo tenemos claro es que lo que anuncia nuestro amado Señor, lo cumple. Sobre ese fundamento, es necesario que aprendamos a desarrollar confianza en sus promesas. Son como una Escritura firmada en Notaría. Tienen toda la validez legal para que, posteriormente, hagamos las reclamaciones. Confiar en las promesas de Dios, he ahí el secreto.

6. Dejar de lado toda motivación egoísta. Es fundamental que haya sensibilidad espiritual. Si alguien necesita algo, antes que cerrar los ojos a su realidad, debemos ayudarle en el proceso de clamar. Acompañarlo en esa labor. El libro de los proverbios es claro cuando enseña: “Los que tapan sus oídos al clamor del pobre tampoco recibirán ayuda cuando pasen necesidad.” (Proverbios 21:13)

Concluimos con algunos fundamentos: Es necesario desarrollar intimidad con Dios en oración. A orar, aprendemos orando, y si procuramos que lo imposible se haga posible, debemos perseverar. Ese tiempo de espera nos ayuda a desarrollar la fe.

Le animamos a permanecer, como hasta hoy, afincados en la fe de que la oración transforma las circunstancias y es la puerta para que los milagros ocurran.

4. preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

  1. ¿Hay insensibilidad en nuestro corazón cuando oramos?
  2. ¿Hemos desarrollado intimidad en oración con Dios?
  3. ¿Somos perseverantes en las oraciones?
  4. ¿Acostumbramos a orar diariamente?
Desarrollaré a partir de hoy, con ayuda de Dios, el principio de la perseverancia al orar

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1070


Publicado en: Devocionales Diarios

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