Sea libre de enfermedades producidas por actividad ocultista

No todas las enfermedades pueden atribuirse a obras de las tinieblas, pero algunas sí lo son…

En cierta ocasión me pidieron orar por una anciana que, en apariencia, disfrutaba de paz interior. Terminada la oración, experimentaba sanidad. No obstante, al día siguiente, el mismo padecimiento con las mismas consecuencias.

¿Qué estaba ocurriendo? Después de un breve diálogo descubrimos que la puerta que abría al mundo de las tinieblas era el rencor que sentía por su yerno.

Siento que me robó a la hija menor — , argumentaba.

Fue necesario explicarle que, en tanto permaneciera guardando esos sentimientos destructivos, que aprovechaba el enemigo espiritual, difícilmente sino imposible, recibiría sanidad.

Finalmente decidió perdonar a su yerno, y ahí sí logró salir del cúmulo de malestares que la aquejaban. ¡Fue verdaderamente libre por el poder de Jesucristo!

¿Qué clases de enfermedad hay?

Cuando vamos a las Escrituras encontramos una estrecha relación entre las enfermedades y la influencia o posesión demoníaca. Por ejemplo, Mateo 12:22 nos relata que ante la visita del Señor Jesús a una ciudad “…fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.” Otro caso fue el de un padre desesperado que vino al Maestro y le dijo: “Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.” (Mateo 17:15).

Durante el ejercicio ministerial de los discípulos se dio este fenómeno de tal manera que “…aún de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.” (Hechos 5:16) , y el mover de Dios a través de los discípulos –entre ellos Pablo — era tal que “…aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían.” (Hechos 19:12)

Pero hay algo más: en casos específicos, el amado Salvador reprendió espíritus, y la persona que estaba bajo posesión o influencia, quedó en libertad: “Y mientras se acercaba el muchacho, el demonio le derribó y le sacudió con violencia; pero Jesús reprendió al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo devolvió a su padre.” (Lucas 9:42)

Con fundamento en numerosos textos que encontramos en la Biblia, podemos afirmar entonces que en muchos casos puede haber estrecha relación entre enfermedades y posesión o influencia del mundo espiritual de maldad en una persona.

No obstante, antes de echar fuera demonios de alguien con un padecimiento, es necesario diagnosticar que está bajo dominio u hostigamiento de espíritus, como sugiere el reconocido ministro de liberación, Derek Prince:

“Ahora, cada vez que experimento dolor o enfermedad de cualquier tipo, considero la posibilidad de que haya un demonio operando. Si se prueba que el diagnóstico es correcto, por lo general viene una liberación completa y rápida. Si el problema se debe a una condición física natural, por otro lado, oro por sanidad y espero la respuesta de Dios. También estoy agradecido por la ayuda de los médicos y de los medicamentos cuando Dios guía en esa dirección.” (Prince, Derek. “Echarán fuera demonios”. Editorial Desafío.2001. pg. 78)

Reprendiendo la enfermedad

Nuestro amado Señor Jesús enfatizó el hecho que nuestro Adversario espiritual sólo procura el mal para la creación de Dios que somos usted y yo: “El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” (Juan 10:10, Nueva Biblia al Día)

Conociendo entonces, que muchas enfermedades no obedecen al deterioro físico, el Salvador ministró liberación sobre las personas y en cierta ocasión, cuando fue invitado a casa del apóstol Pedro, reprendió sobre su pariente la enfermedad, tal como lo relata el evangelista Lucas:

“Al salir Jesús de la sinagoga se fue a la casa de Simón. La suegra de éste estaba enferma y con fiebre muy alta, y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Él se inclinó sobre ella y ordenó que la fiebre se le quitara, y se le quitó. Ella en seguida se levantó y comenzó a servirles.” (Lucas 4:38, 38. Nueva Biblia al Día)

Observe que ordenó a la fiebre que se fuera de ella. ¿Cuántas veces ha ordenado usted a una dolencia que se vaya de su cuerpo o del de alguien más? No olvide jamás que en usted se mueve el poder de Dios y que es necesario ejercerlo.

El autor cristiano Derek Prince precisa que ante alguien con enfermedad, es necesario que en nuestra condición de cristianos comprometidos, ejerzamos discernimiento:

“Sería absurdo sugerir que todas las enfermedades son causados por demonios. Algunas lo son, otras no. De ahí que sea importante desarrollar el discernimiento, de modo que podamos identificar las enfermedades causadas por demonios y las que no.” (Prince, Derek. “Echarán fuera demonios”. Editorial Desafío.2001. pg. 78)

La enfermedad, producto del deterioro físico, obedece a la condición de pecado del hombre que se evidenció en el Jardín de Edén y que lo llevó a perder la comunión con Dios, como lo relatan las Escrituras. Esa naturaleza caída abrió puertas a la enfermedad y la muerte.

¿Por qué no aceptamos la enfermedad?

Como cristianos reconocemos que Dios nos concibió sanos y para disfrutar plenamente de nuestra existencia. La enfermedad causa dolor, desasosiego y desesperanza. Sin embargo, por la obra redentora del Señor Jesús tenemos asegurada la sanidad tal como lo explica el profeta Isaías: “Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados.” (Isaías 53:5, Nueva Versión Internacional)

¡Hay sanidad para su vida y la mía! Debemos tomarla en el nombre glorioso de Jesucristo. Declarar sobre nuestra vida, no solo que rechazamos la enfermedad sino que recibimos de Dios la sanidad que Él ya nos dio. No es para mañana ni pasado, es para hoy.

¿Cómo ser libres de la enfermedad?

Hay dos hechos importantes para considerar. El primero, es reclamar en Jesucristo la sanidad que Él aseguró para nosotros al morir en la cruz. Lo hacemos orando y confesando con nuestros labios aquello que sabemos, Dios ha dispuesto para nosotros.

La oración es clave en este proceso, acogiendo la instrucción que impartió el apóstol Santiago: ¿Está afligido alguno entre ustedes? Que ore. ¿Está alguno de buen ánimo? Que cante alabanzas. ¿Está enfermo alguno de ustedes? Haga llamar a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración de fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, su pecado se le perdonará.” (Santiago 5:13-15)

¿Es posible que Dios responda? Si ésta pregunta asalta su mente, deséchela. Es el diablo mismo quien pone la duda en su corazón y no debe permitirla. Recuerde que según las Escrituras, Dios nos escucha a usted y a mi, comprometidos con el Señor Jesucristo: La oración del justo es poderosa y eficaz. Elías era un hombre con debilidades como las nuestras. Con fervor oró que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y medio. Volvió a orar, y el cielo dio su lluvia y la tierra produjo sus frutos.” (Santiago 5:16-18, Nueva Versión Internacional)

Ahora, si tiene la sensación que hay posesión o influencia demoníaca generando esta dolencia, es necesario que lleve a la persona a renunciar a la enfermedad en el nombre de Jesucristo y en la autoridad del Hijo de Dios, declararla sin poder, fuera de su vida. ¡Dios responde con poder!

Le invito para que tome la decisión más importante de su vida: Recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Es una decisión de la que jamás se arrepentirá.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7029


Publicado en: Guerra Espiritual

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