Rompa las maldiciones y cambie el curso de su vida

Dios nos llama a experimentar bendiciones. Es posible cuando rompemos la cadena de maldiciones.

“Soy una persona joven, recién casado y con un hogar que colma mis expectativas. Sin embargo, no prospero en nada de cuanto hago. Siempre termino en derrota. En los negocios, me va mal. También en los sueños, que quedaron sumidos en el olvido y me han llevado a experimentar frustración. Alguien me habló de ataduras y maldiciones. ¿Podría ser así? Me inquieta, particularmente, porque está de por medio mi familia”

J.S.R., desde Ciudad de Panamá

Respuesta:

¿Qué desencadenan las maldiciones? Hay muchas respuestas a este interrogante. Entre las causas más relevantes, consideremos al menos dos: por las palabras que fueron proferidas en un momento de rabia, y en segundo lugar, por el pecado.

Esas maldiciones, por supuesto, se ven reflejadas en bloqueos a las bendiciones en nuestra vida, en la familia y por generaciones.

Las maldiciones están relacionadas también con nuestra vida emocional, sobre la base de que son las palabras las que edifican o destruyen a otras personas. Lo doloroso, es que generalmente los miembros de nuestra familia terminan afectados (Proverbios 12:25; 15:23; 25:11)

Cuando un padre o un familiar que ejerce influencia sobre los hijos o personas desde su más tierna infancia, los dañan con palabras y se configura el abuso emocional.

Las consecuencias son desastrosas. Condicionan a nuestros seres queridos para el fracaso, desdibujan su identidad y se producen, en quien se ve afectado, emociones descontroladas, temor, inseguridad y dificultades para amar y ser amado, entre otras.

Cuide el alcance de las palabras. Si hay algo en lo que Dios insiste en las Escrituras, es en la necesidad de medir el alcance de nuestras palabras. Cuanto decimos debe servir para edificar, no para destruir. No obstante, causamos profundas heridas emocionales y maldecimos a través de las palabras (Cf. Santiago 3: 8, 9)

Recuerde que hablábamos hace algunas líneas, de la afectación en la identidad. Un hijo al que de manera recurrente le llamamos fracasado, terminará desarrollando esa imagen en su vida. De hecho, recibe una maldición que afecta el propósito eterno que Dios tiene para Él. Es necesario, entonces, recobrar esa identidad con ayuda del Señor, quien nos creó y sabe cómo hacerlo adecuadamente.

Transforme las maldiciones en bendiciones. ¿De qué manera? Cuando coincidimos en la voluntad de Dios para nuestra existencia.  Rompemos toda cadena generacional de maldiciones y recobramos nuestra identidad. Él transforma nuestro destino (Génesis 17:1-5; 15, 16; 32: 27, 28; Juan 1:42)

Es real. Nuestra historia comienza a ser diferente. El curso de nuestra existencia cambia totalmente (Cf. Mateo 16:13-18)

Jamás lo olvide: En Dios encontramos una nueva identidad, la que Él tuvo para nosotros desde antes de la fundación del mundo.

Todo es posible cuando permitimos que Jesucristo tome el control de nuestra vida y le pedimos al Padre que cumpla su voluntad en nosotros. Es el paso inicial para romper las maldiciones. El proceso es fácil. Comienza cuando le abrimos las puertas de nuestro corazón y lo recibimos como nuestro Señor y Salvador. Hoy es el día para tomar esa decisión.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=9674


Publicado en: Consejería Familiar

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