Rompa las maldiciones e inicie una vida de victoria

(Parte 1)

El poder de Jesucristo rompe las maldiciones generacionales

Las tragedias abundan por doquiera. Si quiere corroborarlo, compruebe cuántos terremotos ha habido en los últimos doce meses y el saldo de vidas humanas perdidas que arroja hasta el momento. El caso más reciente lo representan las inundaciones que azotaron Colombia, Brasil y Australia, provocando la muerte de al menos tres mil personas y más de tres millones de damnificados. ¿Le sorprende? Recuperar los terrenos y tornarlos habitables de nuevo, tomará varios años.

Al relatar el panorama con el que se encontró en Brisbane, Australia, como consecuencia de la ola invernal, la primera ministra del momento, Anna Bligh sólo atinó a decir ante las cámaras de CNN: “Todo lo que podía ver eran techos. Debajo de cada uno de ellos hay una familia y con ellas, un drama y una historia de horror.”

¿Algo apocalíptico? Sin duda que sí, pero consecuencia del pecado humano, que desafía a Dios.

Desafiando el orden natural

Para ilustrarlo y a riesgo de que me califique como fanático, traigo a colación los experimentos realizados por un grupo de científicos británicos quienes están modificando genes en pollos domesticados. Aseguran que la meta a largo plazo es evitar que propaguen enfermedades. En mi criterio como teólogo, es estropear la obra de Dios.

Jhon Lyall y sus colegas del Departamento de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cambridge— Reino Unido —, llevaron a cambio un experimento de prueba generando aves modificadas genéticamente, todavía no asequibles en el mercado.

Ahora, en una desenfrenada carrera por ganarles en experimentos a otros países, el gobierno de China reportó la generación de 27 ratones vivos a partir de manipulaciones a células madre. La “proeza” se atribuye a los científicos Qi Zhou y Fanyi Zeng, de la Academia de Ciencias de Pekín. Trabajaron con la piel de roedores, modificando el ADN para articular nuevas condiciones de vida para estos animalitos.

¿Pecado la ciencia? No, no creo que experimentar de cara a nuevos avances de la ciencia sea pecado, pero sí, manipular la vida. ¿Queremos entonces que no vengan las consecuencias sobre el género humano? Es evidente que las consecuencias del pecado se revierten en maldiciones y hoy por hoy, experimentamos las consecuencias.

Las maldiciones que desata el pecado

El pecado trae maldición al género humano y a la tierra. Las crisis que experimentan muchas naciones, incidiendo en la vida de millares de personas que sufren las secuelas.

—¿Acaso Dios no se da cuenta del dolor que sufrimos?— se lamentó una mujer damnificada por las inundaciones y deslizamientos de tierra en la región serrana de Río de Janeiro, en Brasil —. ¿Dónde está el amoroso Padre del que nos hablan cada domingo en las iglesias —, sollozaba en medio de la desolación de una casa en ruinas.

Sin duda usted y yo nos hemos formulado los mismos interrogantes al apreciar el panorama desalentador que nos rodea: hambre, miseria, violencia, crímenes, abuso de menores, abandono de mujeres con hijos, terremotos y tragedias que rayan en la frontera de lo increíble.

Pero, ¿es Dios el culpable de tanto dolor que prevalece en el mundo hoy día? En absoluto. La Biblia nos enseña que la culpa es de las propias personas que acarrean maldiciones sobre sí mismas y sobre la tierra a causa de las trasgresiones a los mandatos de Dios en las que están inmersas.

¿Quién es el responsable?

Si se trata de buscar responsables para lo que está ocurriendo, le sugiero que vamos a la Biblia.

El apóstol Pablo escribió a los creyentes de Roma en el primer siglo: “Ciertamente, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad.” (Romanos 1.18, Nueva Versión Internacional)

Cada vez que vamos en contravía de lo dispuesto por el Señor, sembramos semillas de destrucción en nuestras vidas, las de quienes nos rodean y el suelo que pisamos.

Esta realidad que no podemos ocultar ni ignorar, llevó al propio apóstol a exhortar a los creyentes de Colosas y también a nosotros hoy: “Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría. Por estas cosas viene el castigo de Dios.” (Colosenses 3:5, 6. Nueva Versión Internacional)

Hay juicio. La Biblia es clara al advertirlo. Hasta tanto renunciemos al pecado, las consecuencias son inevitables y nuestro Adversario Satanás, que no desaprovecha oportunidad, aviva el fuego para que se interrumpan las bendiciones. Él quiere vernos esclavizados porque esa es su naturaleza: la maldad (Cf. Juan 10:10)

Si no ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador hoy es el día para que tome esa decisión. Podemos asegurarle que si Jesucristo mora en su vida, nada podrá impedir que emprenda el maravilloso proceso de crecimiento personal y espiritual que tanto anhela. Decídase hoy por Jesucristo. Su vida lo necesita.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2857


Publicado en: Guerra Espiritual

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