¿Problemas? Levántese, sacúdase el polvo y siga adelante

Es tiempo de corregir errores que hemos cometido a nivel personal y familiar

1. Lectura Bíblica: Colosenses 1:4

2. Versículo para memorizar:

Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios.” (Colosenses 3:1. NTV)

3. Reflexión en la Palabra de Dios:

¿Recuerda la historia de Biblia rota? Por los gestos que hace, estoy seguro que no. Es comprensible porque lo compartí hace mucho tiempo. En esencia es la historia de un trabajador en el corte de caña de azúcar. Hombre curtido por el sol en las largas jornadas de cosecha. Brusco, grosero, agresivo, como todos sus compañeros. Y para completar el cuadro, bebía cerveza todos los viernes al morir la tarde para mitigar el intenso calor.

Un día conoció a Cristo. Alguien le mostró por las Escrituras que su vida podía experimentar cambios. Y recibió a Jesús en su corazón como Señor y Salvador. Su esposa estaba feliz. Llegaba temprano a casa, jugaba con los niños y un par de veces le ayudó en los quehaceres domésticos. “Es un nuevo hombre”, comentaba entusiasta a sus vecinas mientras lavaban la ropa en un río cercano.

Nuestro amigo del cuento comenzó a ser presionado por sus amigos. “Deja la religión”, le decían. Él seguía firme, con su vieja Biblia bajo el brazo… pero un viernes cedió a la tentación.

Se bebió una cerveza, luego otra y otra más. Se emborrachó. A partir de ahí sus amigos, para burlarse, le llamaron Biblia rota.

Para concluir el relato le diré que él se sintió tan avergonzado con Dios y con su familia, que nunca volvió a la iglesia.

¿Le ha ocurrido alguna vez? Es lo más probable. Cometió de nuevo un error. Y renunció a la posibilidad de seguir caminando de la mano de Jesús el Señor. ¿Quién se aprovechó? Satanás, quien le echa en cara su error. Usted perdió, el enemigo ganó.

¿Por qué le digo que perdió? Porque Dios lo sigue amando, a pesar del error. No importa hasta dónde haya llegado, usted al recibir a Jesús como su Salvador, restableció la relación con el Padre y ahora es su hijo con todas las garantías plenas que esa investidura trae consigo.

Una buena explicación al proceso que vive ahora, como cristiano pero a la vez objeto de la tentación del enemigo, la realiza el autor, Neil T. Anderson:

“El pecado no ha muerto, sigue estando fuerte y seductor. Pero cuando su viejo “yo” murió en la cruz con Cristo, su relación con el pecado se terminó para siempre… Usted peca cuando decide actuar de una manera independiente de Dios así como hacía con el viejo “yo” por costumbre. Cuando usted actúa así, está violando su nueva naturaleza e identidad. Estas acciones se tienen que confesar y abandonar.” (Neil T. Anderson. “Victoria sobre la oscuridad”. Editorial AVLA. 1991. México. Pg. 67)

Es importante que tenga presente que siempre estará batallando con la posibilidad de pecar; si lo llegara a hacer, no vuelva atrás ni se desanime. Pida perdón al amado Dios y siga adelante, firme, sabiendo que nuestro amado Creador le dará la fortaleza para que no caiga de nuevo.

El apóstol Pablo explica que en la cruz, Cristo crucificó nuestra naturaleza pecaminosa, nos dio una nueva oportunidad y nuestro compromiso es vivir conforme a la nueva naturaleza, la de hijos de Dios. Este proceso demanda que comencemos a reemplazar los viejos esquemas de pensamiento y de comportamiento.

Al escribir a los creyentes de Colosas, enseña lo siguiente: “Ya que han sido resucitados a una vida nueva con Cristo, pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues ustedes han muerto a esta vida, y su verdadera vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo — quien es la vida de ustedes — sea revelado a todo el mundo, ustedes participarán de toda su gloria. ” (Colosenses 3:3-4. NTV)

Pablo insiste que hemos muerto al pecado, al hombre viejo, a esa inclinación a revolcarnos en el lodo. Claro, vendrá la tentación, pero en su condición de hijo de Dios usted ya no está sujeto al pecado. Tiene dentro de usted una fortaleza, la que proviene del Señor, para ayudarle a vencer. Ahora usted es un ganador no un perdedor.

Si ha fallado de nuevo, no vuelva atrás. Levántese, sacúdase el polvo y reemprenda el camino. No está solo, nuestro amado Dios le concederá la capacidad, el poder y la fortaleza para salir airoso, no importa el grado de tentación a la que le exponga el enemigo espiritual.

No podría terminar si antes invitarle a que reciba al Señor Jesucristo como Señor de su vida. Es fundamental que lo haga. Ábrale las puertas de su corazón. Puedo asegurarle que emprenderá el maravilloso camino hacia el crecimiento personal y espiritual que tanto ha anhelado.

4. Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a. ¿Continúa batallando con el pecado?

b. ¿Le resulta atrayente el pecado? ¿Ha identificado en qué casos específicos?

c. ¿Es consciente que su viejo yo murió en la cruz?

d. ¿Ha pecado deliberadamente últimamente?

En adelante dependeré de Dios para vencer el pecado

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=774


Publicado en: Devocionales Diarios

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