¿Problemas en familia? Tienen solución con ayuda de Dios

Con ayuda de Dios encontramos soluciones a los conflictos familiares

1.- Lectura Bíblica: Génesis 2:22-24; 1 Corintios 7:28 b; Salmos 19:8-11

2.- Objetivos:

2.1.- Que al término del Grupo Familiar los concurrentes comprendan que, en medio de las crisis familiares, es necesario encontrar respuestas y soluciones acudiendo a Dios.

2.2.- Que al término del Grupo Familiar los concurrentes encuentren en el diálogo y en la búsqueda de Dios una solución distinta al divorcio cuando enfrentan problemas matrimoniales.

2.3.- Que al término del Grupo Familiar los concurrentes decidan aplicar principios bíblicos a su relación de familia, como paso para encontrar soluciones a los conflictos de pareja y con los hijos.

3.- Desarrollo del tema:

Carlos discutió con su esposa, en pleno centro comercial, porque no pudieron ponerse de acuerdo sobre el tono de pintura que aplicarían en el apartamento.

José Luis discutió con su hijo Marco. La razón: Le llamó la atención por llegar a casa pasada la medianoche. El muchacho no quiso aceptar el error. Llevan dos semanas sin dirigirse palabra.

Irma y Lucía no logran ponerse de acuerdo. Madre e hija llevan varios días discutiendo por el mismo asunto: La joven no quiere admitir los consejos de su madre, en el sentido de que el chico con el que anda no le conviene.

Tres hechos aislados que se repiten en una ciudad y en otra. El común denominador: Los conflictos no son ajenos a ninguna familia. El asunto no está en que haya tropiezos sino en aprender a darles el manejo adecuado, con ayuda del Señor.

3.1.- Dios ama la unidad familiar y nos ayuda a encontrar soluciones

La decisión de separarse la tomaron un domingo en la tarde, después de sostener una disputa por el manejo del presupuesto familiar. El hombre la acusaba de despilfarrar cada peso que llegaba a sus manos, mientras que la esposa se defendía diciendo que era un tacaño. Palabras van, palabras vienen hasta que coincidieron en un punto: “Lo mejor es el divorcio”.

Es una frase que usted, si está casado, ha escuchado sinnúmero de ocasiones o, a su vez, ha pronunciado en numerosas ocasiones.

No obstante el arranque emocional que nos haya motivado a pronunciar ese tipo de sentencias como única vía para el entendimiento, el propósito eterno de Dios ha sido la unidad de la familia. Él mismo la creó y la mantiene, cuando le abrimos las puertas de nuestro hogar.

El autor del Génesis escribe: "Entonces el Señor Dios hizo de la costilla a una mujer, y la presentó al hombre. «¡Al fin! — exclamó el hombre—. ¡Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ella será llamada “mujer” porque fue tomada del hombre». Esto explica por qué el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su esposa, y los dos se convierten en uno solo.” (Génesis 2:22-24. NTV)

A la pregunta en torno a si se puede ser feliz a nivel familiar en medio de los conflictos, la respuesta categórica es que sí. Dios ama — y de hecho desde siempre ha sido así — , la unidad familiar y la permanencia de la pareja. Incluso, cuando se presentan conflictos, el Señor desea que lleguemos a un punto de entendimiento.

El apóstol Pablo anticipó que en la relación de pareja, naturalmente surgirían desavenencias: "Sin embargo, los que se casen en este tiempo tendrán problemas, y estoy tratando de evitárselos.” (1 Corintios 7:28 b - NTV ) No obstante lo anterior, ¿está bien que evitemos casarnos? Por supuesto que no. Si estamos llamados al matrimonio, y Dios nos confirma, debemos avanzar en esa dirección.

Ahora, si Dios sabía de antemano que podrían surgir dificultades, ¿qué papel juega Él en todo el proceso? Sin duda el más importante: Ayudarnos a encontrar soluciones. El asunto es sencillo: Hay salida al laberinto. ¿De qué manera? Involucrando al Señor en nuestra relación de hogar.

Es tiempo de hacer un alto en el camino e involucrar al Supremo Hacedor en la relación de pareja, en la relación con los hijos, y por supuesto, en el manejo de los conflictos intrafamiliares.

3.2.- Los problemas de familia se resuelven aplicando principios bíblicos

Cuando viajamos a un país, dejamos de regirnos por la Constitución Política de nuestra nación original y entramos a movernos en torno a la legislación del territorio que visitamos. Cruzar tan solo la frontera de una república a otra, determina que las leyes son diferentes, como también lo es cruzar el umbral de las oficinas de inmigración de un terminal aéreo.

¿Por qué las leyes de un país son importantes? y, en segundo lugar, ¿por qué estamos llamados a respetarlas? Porque determinan el orden que impera entre quienes habitan esa nación.

Igual cuando contraemos matrimonio. Desde el mismo proceso de enamoramiento, noviazgo y establecimiento del hogar. Si queremos que las cosas marchen, debemos involucrar a Dios y aplicar las pautas que Él trazó a través de Sus mandatos.

El rey David escribió: "Los mandamientos del Señor son rectos; traen alegría al corazón. Los mandatos del Señor son claros; dan buena percepción para vivir. La reverencia al Señor es pura, permanece para siempre. Las leyes del Señor son verdaderas, cada una de ellas es imparcial. Son más deseables que el oro, incluso que el oro más puro. Son más dulces que la miel, incluso que la miel que gotea del panal. Sirven de advertencia para tu siervo, una gran recompensa para quienes las obedecen.” (Salmos 19:8-11. NTV)

Lea cuantas veces sea necesario este pasaje. Traerá mucha edificación a su relación de pareja y con los hijos.

Cuando Dios gobierna la familia y aplicamos Sus principios, reina la armonía; hay gozo en nuestra existencia; encontramos la luz en todo camino, aun cuando haya conflictos; Su consejo nos acompañará en toda etapa; en sus enseñanzas encontramos justicia y, además, hay gran recompensa en aplicar los mandamientos en nuestra existencia.

Una familia que decide poner a Dios en primer lugar, sin duda está llamada al éxito, a la realización plena entre todos sus componentes. Y si a esta decisión sumamos la de aplicar pautas bíblicas, la fortaleza será aún mayor.

Las relaciones familiares se afianzan con el Señor y se cimentan adecuadamente cuando cada día nos movemos alrededor de sus enseñanzas. La determinación de emprender ese cambio la debemos adoptar hoy. No basta con quererlo, es necesario dar pasos firmes. Los resultados nos alentarán.

Si aún no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Podemos asegurarle que no se arrepentirá. Con Cristo en nuestro corazón emprendemos el crecimiento personal y espiritual que siempre hemos anhelado. ¡Ábrale hoy las puertas de su corazón a Cristo! Es la mejor decisión que jamás podamos tomar...

4.- Preguntas para la discusión en grupo:

a. - ¿Alguna vez pensó que sus problemas a nivel matrimoniales no tenían solución?

b.- En medio de la crisis a nivel de pareja, ¿pensó alguna vez que el divorcio era la única solución?

c.- ¿Qué le llevó a pensar distinto, o acaso es fruto de un divorcio?

d.- ¿Qué enseña a su relación de pareja el pasaje bíblico de Génesis 2:22-24? ¿Qué cambios imprimiría en su relación de pareja, a partir de esa lectura Escritural?

e.- ¿Qué anticipó el apóstol Pablo que podría ocurrir con la relación de pareja (1 Corintios 7:28 b), y al mismo tiempo, qué aprendemos de ese texto Escritural?

f.- ¿Qué aprendemos en cuanto a los mandamientos de Dios y la relación de familiar (Salmos 19:8-11)?

5.- Oración al terminar el Grupo Familiar:

"Mi amado Señor y Dios Jesucristo, gracias por este día en el que — con tu ayuda y de la Palabra — hemos comprendido que el divorcio no es ni será jamás la solución a los problemas de pareja. Oramos delante de tu Presencia que nos concedas la sabiduría necesaria para mantener en casa un clima de diálogo que nos permita el entendimiento y la búsqueda de soluciones cuando surgen dificultades. En tus manos entregamos nuestra vida y hogar. Amén"

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7008


Publicado en: Grupos Familiares

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