No estamos solos en el liderazgo, hay con nosotros un equipo de trabajo

(Lección 1)

Si trabajamos en equipo, avanzamos en la iglesia y en el ministerio

El mayor error que cometemos quienes servimos a Dios en la extensión del Reino, es creer que los logros son el fruto de nuestro esfuerzo y habilidades. Hay algo de cierto pero no es toda la verdad. En primer lugar está el llamamiento que nos hace Dios, y se deben sumar otros factores como las personas que el Señor pone en nuestro camino para cumplir sus propósitos divinos. Es una concatenación de aportes, de unos y otros, los que nos llevan a conquistar grandes metas.

Cierta líder cristiana se quejaba por la poca colaboración que venía recibiendo. “De un tiempo para acá pareciera que no tienen compromiso”, señaló. Una vez profundizamos en el asunto, descubrimos que el problema no estaba en sus colaboradoras sino en ella. ¡Se llevaba toda la gloria cuando eran otras personas quienes hacían el esfuerzo para que todo saliera bien! Y esa actitud lo que hizo fue generar desmotivación en el grupo.

Generalmente un fracaso ministerial tiene como origen el pretender tener el control de todas las cosas— dejando de lado a Dios, por supuesto— y no permitiendo que nadie más en la iglesia haga nada. Erróneamente consideramos que si no vamos al servicio, todo saldrá mal lo mismo que si no presidimos una reunión o quizá si por alguna circunstancia no asistimos a alguna actividad. Olvidamos que con nosotros o sin nosotros, Dios extenderá Su Reino.

Ligado al hecho de querer controlar los hilos de todo, está el hecho de no reconocer y valorar los aportes de nuestros inmediatos colaboradores. Desconocemos un principio bíblico fundamental y es que toda persona fue creada con las potencialidades para lograr grandes propósitos. Al respecto leemos en el Génesis: “Entonces Dios dijo: «Hagamos a los seres humanos a nuestra imagen, para que sean como nosotros. Ellos reinarán sobre los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, todos los animales salvajes de la tierra y los animales pequeños que corren por el suelo».” (Génesis 1:26. NTV)

La naturaleza creadora e inteligente de Dios está en nosotros, y por tal motivo no podemos subestimar a ninguna persona que se encuentre alrededor nuestro desarrollando el trabajo cristiano.

Ahora, demandará esfuerzo el trabajo, pero nos ayudará a llegar progresivamente a objetivos específicos y a la vez, a la realización personal y ministerial que deseamos.

Le invito a considerar una apreciación del consultor empresarial, Alan Downs: “…el éxito material en los negocios no tiene por qué reñir con la realización personal. Es posible caminar al encuentro de lo mejor que hay en nosotros como personas y, al mismo tiempo, triunfar en la construcción de un negocio o actividad próspera. Ambas cosas solamente se contraponen cuando nos enseñan que tiene que ser así. Ésta es la gran mentira de los negocios en el siglo XX.” (Alan Downs. “Los siete milagros del management”. Prentice Hall Editores. 2009.España. Pg.10)

Aprenda a trabajar en equipo

Muchos de los errores que cometemos en el ejercicio del liderazgo cristiano, tienen como fundamento el que no hemos aprendido a trabajar en equipo o que, sencillamente, no tenemos equipo con nosotros.

Un principio valioso que leemos en las Escrituras es que Jesús al comenzar su ministerio terrenal, escogió un grupo de seguidores que a la sazón fueron su equipo de trabajo: “Jesús los llamó: «Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas!».” (Mateo 4:19. NTV)

Nunca podemos perder de vista el hecho de que lo más valioso de toda institución o ministerio, después de Dios por supuesto, es el recurso humano con el que contamos.

Si aprendemos a trabajar de la mano con las personas, y aprovechamos su máximo potencial, avanzaremos en la tarea que Dios ha puesto sobre nuestros hombros.

No desestime las buenas ideas

Todo cuanto nos rodea, partiendo entre otras cosas del computador o dispositivo electrónico con el que usted lee esta publicación, surgió de una idea. La inteligencia que Dios puso sobre nosotros llevó a que alguien concibiera algún invento y que a fuerza de constancia, se materializara.

Igual con el ministerio que desarrollamos. Si trabajamos en equipo, algo que debemos valorar son los aportes de las personas. No solamente son valiosas nuestras ideas. También las de cada miembro del equipo cuentan. Son valiosas y podrían, con ayuda del Señor, llevarnos muy lejos.

El rey Salomón, uno de los más grandes ejecutivos de las Escrituras, advierte: “Donde no hay buen consejo, el pueblo cae, pero en la abundancia de consejeros está la victoria.” (Proverbios 11:14. LBdLA)

Cuando nos aprestamos a desarrollar cualquier acción, el primer paso es orar y pedir la dirección de Dios; el segundo, compartir esa inquietud con nuestro cónyuge y un tercer nivel, que igual reviste importancia, es reunirnos con el equipo de trabajo y consultar los pasos a seguir. Esa ruta no riñe con la visión que Dios nos ha dado, porque dicho sea de paso, si es una visión de Dios, todos –o al menos la mayoría — , la compartirán.

Cuando socializamos una idea, podemos contar con nuevas ideas e incluso, sacar el mejor provecho a las potencialidades de nuestros colaboradores. De paso, estimulamos su creatividad.

Respecto a valorar las ideas y lo mucho que podemos lograr con ellas, Alan Downs escribe: “Hace años, Antonio Damasio, un eminente neurólogo, nos enseñó que no es posible separar en la inteligencia creadora la lógica de la emoción y la razón de los sentimientos. Las ideas surgen de la capacidad de la persona para visualizar algo nuevo, pero también de su compromiso con la creación” (Alan Downs. “Los siete milagros del management”. Prentice Hall Editores. 2009.España. Pg.13)

Lo más probable es que los obstáculos que surjan al paso encontrarán soluciones si abrimos las puertas para la participación de nuestro equipo de trabajo o al menos, de nuestros inmediatos colaboradores en la iglesia o ministerio.

Planifique, no improvise

Si desea tener avances significativos en la iglesia o ministerio, además de un equipo de trabajo, aprenda a planear. No improvise. No permita que la emoción del momento motive la mayor parte de sus acciones porque la improvisación nos lleva a pagar las consecuencias.

La Biblia, el libro de los triunfadores, recaba en este aspecto cuando leemos las recomendaciones del rey Salomón: “Sin consulta, los planes se frustran, pero con muchos consejeros, triunfan.” (Proverbios 15:22) , y también: “Porque con dirección sabia harás la guerra, y en la abundancia de consejeros está la victoria.” (Proverbios 24:6)

Sentarnos a escuchar una lluvia de ideas alrededor de una actividad específica puede resultar altamente enriquecedor para la congregación que tenemos a cargo o para el ministerio que desarrollamos.

Si aún no tiene un equipo de trabajo es importante que vaya pensando en constituirlo. Jesús nos enseñó de qué manera. Ore a Dios antes de escoger a sus colaboradores. El Señor le ayudará en esta labor.

Y algo que no podemos olvidar jamás: Reconocer los logros de los integrantes de nuestro equipo, valorar su disposición y no quedarnos con ese sentimiento guardado sino expresárselo. Que sepa, cada persona cerca de nosotros en la extensión del Reino, que les apreciamos y valoramos.

Puedo asegurarle que si tan solo se fija esa meta durante esta semana, comenzará a experimentar cambios positivos y transformadores en su ejercicio ministerial.

Para terminar, les dejamos con una reflexión de Alan Downs que vale la pena tener en cuenta: “Creemos que el éxito profesional y la felicidad personal no son opuestos, y que la madurez como individuo –una personalidad asentada que sabe lo que quiere, dotada de altos niveles de Inteligencia Emocional — , es la garantía para un óptimo rendimiento laboral.” (Alan Downs. “Los siete milagros del management”. Prentice Hall Editores. 2009.España. Pg.11)

Preguntas para evaluar la comprensión y aplicación de la Lección de hoy:

a.- ¿Por qué no podemos afirmar que los logros son producto de nuestra visión y esfuerzo?

b.-¿ Qué genera desmotivación en nuestros inmediatos colaboradores?

c.- ¿Qué aprendemos de Génesis 1:26 en cuanto a las potencialidades de las personas que nos rodean?

d.- ¿Por qué cree usted que fracasan tantos líderes cristianos?

e.- Al comenzar su ministerio terrenal, ¿cuál fue una de las primeras acciones del Señor Jesús de acuerdo con lo que leemos en Mateo 4:19?

f.- ¿Cuál es el recurso más valioso de toda institución?

g.- ¿Por qué debemos valorar las ideas de las personas de nuestro equipo (Proverbios 11:14)?

h.- ¿Por qué la participación de todos en el equipo de trabajo nos ayuda a encontrar soluciones a los obstáculos?

i.- ¿Qué nos enseña Proverbios 15:22 y 24:6 en cuanto a planificar el trabajo?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=3030


Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial

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