No arrastre más una pesada carga de pecado que le impide avanzar

(Lección 1 – Nivel 5)

Debemos liberarnos de la pesada carga del pecado que venimos arrastrando

Con el reverberante sol que parecía derretir el asfalto de la carretera panamericana que atraviesa el Perú, avanzaba la delgada figura. A contraluz era una silueta que se prolongaba hacia el cielo. Al acercar el auto se vió como era: Un hombre llevando una pesada cruz al hombro. Para facilitar la movilización había colocado una rueda sobre el extremo que arrastraba contra el suelo.

— ¿Por qué carga esa cruz? — , le preguntó el pastor misionero Jorge Vaca. Él lo miró quedamente, hizo un ademán y muy despacio fue bajando la estructura de madera hasta colocarla sobre la vía.

Es una promesa que le hice a mi Dios. Para que me perdone. Llevo más de un mes en este peregrinaje. — , explicó.

Acto seguido, repitió el ritual de colocar la cruz sobre sus hombros, poblados de llagas que se hacían más profundas conforme pasaba el tiempo. Tenía la esperanza de regresar en dos semanas a casa, en Trujillo, en el norte del país.

No es el único caso. Infinidad de personas en el mundo entero procuran saldar sus deudas, producto del pecado, mediante sacrificios que llegan a ser cruentos.

En España, por ejemplo, desfilan penitentes — hombres y mujeres — que se flagelan así mismos las espaldas. Otros llevan coronas de espinas y cargan pesadas cruces, en representación de la pasión de Jesús, durante la celebración de Semana Santa. Es la forma como creen que pueden expiar sus pecados.

En el país ibérico, específicamente en Valverde de la Vera (Cáceres) se realiza anualmente la procesión de los empalaos. Los participantes se amarran un palo en los brazos con fuertes cabuyas para asegurarlo.

Los que se van a empalar se preparan en casa ayudados por sus familiares. Caminan separados. A su lado, personas que se cubren con mantas. Expiación de pecados y revivir el duro tránsito de Jesús hacia el Gólgota.

Pero, ¿son necesarios este tipo de sacrificios que ponen en riesgo la salud, causan dolor emocional a los familiares de quienes lo practican y genera estupor a quienes pasan alrededor? Sin duda que no.

El pecado, un distintivo de todo ser humano

Todos los seres humanos nacimos en pecado. Es nuestra condición. En esa dirección el rey David escribió: "Pues soy pecador de nacimiento, así es, desde el momento en que me concibió mi madre.” (Salmos 51:5. NTV)

El apóstol Pablo, por su parte, advirtió a los creyentes de Roma en el primer siglo: “Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.” (Romanos 3:23. NTV)

Y el apóstol Juan es más contundente cuando aborda el tema: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.…” (1 Juan 1:8, 9. La Biblia de Las Américas)

Como un piloto que navega con su nave por la bruma y de pronto hace la lenta transición de los nubarrones al sol que se alza majestuoso, comenzamos a despejar el asunto.

Todos somos pecados. Eso es innegable. Si negamos nuestra naturaleza, seguiremos avanzando a una espiral sin fondo, hasta caer en lo más profundo de la perdición. Si reconocemos que hemos pecado y pedimos perdón a Dios, recibimos ese perdón. Es posible gracias a la obra que realizó nuestro amado Salvador Jesús en la cruz.

Pablo aborda el asunto de la siguiente manera: ”...pero Dios mostró el gran amor que nos tiene al enviar a Cristo a morir por nosotros cuando todavía éramos pecadores. Entonces, como se nos declaró justos a los ojos de Dios por la sangre de Cristo, con toda seguridad él nos salvará de la condenación de Dios. “ (Romanos 5:8, 9. NTV)

¿Por qué razón alcanzamos el perdón de Dios? Por su infinito amor. Ese amor fue el que llevó a Jesús a morir por nosotros, poniéndose en el lugar de sacrificio que nos correspondía. Su grande preciosa, vertida en el madero, nos limpió y ahora somos justos delante del Padre celestial. Así nos ve el amado Señor y Creador.

No permita que el enemigo lo acuse

Quizá al leer estos pasajes usted dirá que forma parte de los primeros rudimentos de la vida cristiana. Coincidimos plenamente con usted. ¿Por qué razón, entonces recabar sobre el asunto? Porque nuestro adversario, satanás, quiere que olvidemos que fuimos perdonados en la cruz.

Esa es la razón por la que infinidad de cristianos se sienten culpables y no quieren dar nuevos pasos en su vida de fe. Sencillamente se dejan arrastrar por la culpa y escuchan la voz desalentadora del adversario espiritual.

El final de nuestro enemigo es la condenación eterna, como enseña el apóstol Juan: “Y oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo, porque el acusador de nuestros hermanos, el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado. Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas, llegando hasta sufrir la muerte.…” (Apocalipsis 12:10, 11. La Biblia de Las Américas)

Aunque al final de la película él irá a juicio y condenación, en sus últimos tiempos sigue empecinado en hacernos creer que nada impedirá el juicio de Dios y que, por más que nos esforcemos, Él nos mira como pecadores que van a ser condenados por la eternidad.

Es un hábil estrategia para llevarnos a olvidar que Jesús ya pagó por nosotros en la cruz toda la carga de pecados que traíamos sobre los hombros, y que su preciosa sangre nos limpia de todo pecado.

Una salvación que cobija a todos

La salvación de Jesús, fruto de la obra redentora, cubre a todo aquél que se someta a Él. Pablo lo explica en los siguientes términos: "Por uno solo que desobedeció a Dios, muchos pasaron a ser pecadores; pero por uno solo que obedeció a Dios, muchos serán declarados justos.” (Romanos 5:19. NTV)

Cuando el enemigo le insista en que usted es “pecador” y, además, que nada lo hace justo delante de Dios, recuérdele que Cristo ya pagó por sus pecados. Que lo hizo en la cruz (Cp. Romanos 4:25; Juan 3:16).

Ese perdón es gratuito. Usted no tiene que hacer esfuerzos para obtenerlo. Así lo explican las Escrituras: "Sin embargo, Dios nos declara justos gratuita y bondadosamente por medio de Cristo Jesús, quien nos liberó del castigo de nuestros pecados. Pues Dios ofreció a Jesús como el sacrificio por el pecado. Las personas son declaradas justas a los ojos de Dios cuando creen que Jesús sacrificó su vida al derramar su sangre. “ (Romanos 3:24, 25. NTV)

Todos tenemos un pasado que quizá nos avergüenza, pero el hecho de que nos avergüence no significa que deba atormentarnos hoy y siempre, avivado por el enemigo que nos habla al oído para recordarnos los errores.

El predicador chico que marcó una generación entera, T.S. Watchman Nee, enseñó:

"Si Dios puede aceptar la sangre como pago por nuestros pecados y como el precio de nuestra redención, entonces podemos descansar sabiendo que la deuda ha sido pagada ya. Si Dios está satisfecho con la sangre de Cristo, entonces la sangre de Cristo debe ser aceptada por quienes somos creyentes. “ (T.S. Watchman Nee. “La vida cristiana normal”. Editorial Portavoz. 2015. EE.UU. Pg. 16)

Creer y confiar. Ahí está el secreto. Creer que ya Jesús hizo la obra de expiación por nosotros, y confiar que su grande preciosa vertida en la cruz nos hizo limpios.

El poder de la sangre de Jesús

Si tomamos conciencia de la obra de Jesús y del poder de Su sangre, el adversario espiritual no podrá seguir empecinado en hacernos sentir culpables y desanimados con frecuencia. Es a usted y a mí a quienes nos corresponde valorar la sangre derramada en la cruz como enseña el apóstol Pedro:

"Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. No fue pagado con oro ni plata, los cuales pierden su valor, sino que fue con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha. “ (1 Pedro 1: 18, 19. Cp. Hebreos 9: 13, 14. NTV)

El apóstol Juan, por su parte, interviene con otro pasaje para traernos seguridad y esperanza permanentes: "Si vivimos en la luz, así como Dios está en la luz, entonces tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesús, su Hijo, nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7. NTV)

Por favor lea una y otra vez el pasaje: La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado. Nos corresponde ahora, caminar prendidos de la mano de Jesús el Señor. Pedirle su fortaleza para avanzar y vencer el pecado. Si lo hacemos, no solo experimentamos cambio sino además, crecimiento personal, espiritual y familiar permanentes.

Basta ya de escuchar las acusaciones del enemigo. Usted y yo fuimos concebidos para vencer y lo logramos en la medida en que reconocemos y aceptamos la obra de redención de Jesús en nuestra vida. ¡Adelante! No se pierda la maravillosa experiencia de caminar de la mano del Salvador.

Preguntas para su auto evaluación en su avance como Discípulo de Jesús:

Le invitamos esta semana a repasar la Lección y responder los siguientes interrogantes, que le ayudarán a profundizar en las enseñanzas y a tornarlas prácticas en su vida diaria:

a.- ¿Cómo se consideraba a sí mismo el rey David (Salmos 51:5)?

b.- ¿Qué nos enseña el apóstol Pablo, en su carta a los Romanos, en torno al pecado (Romanos 3:23. NTV)?

c.- ¿Qué ocurre cuando reconocemos nuestros pecados y pedimos perdón a Dios (1 Juan 1:8, 9)?

d.- ¿Por qué razón perdonó Dios nuestros pecados? ¿Cómo nos ve ahora, gracias a la obra del Señor Jesús en la cruz (Romanos 5:8, 9)?

e.- ¿Qué hace permanentemente nuestro adversario espiritual, satanás, para convencernos de que somos aún pecadores (Apocalipsis 12:10, 11.)?

f.- ¿En qué consistió la obra de Jesús en la cruz de acuerdo con lo que escribió el apóstol Pablo a los creyentes de Roma (Romanos 5:19 Romanos 4:25; Juan 3:16)?

g.- ¿Cómo nos ve Dios a usted y a mí hoy día, a pesar de que hayamos pecado (Romanos 3:24, 25; 1 Pedro 1: 18, 19; Hebreos 9: 13, 14.NTV)?

h.- ¿Cuál es el compromiso que asume usted desde hoy como Discípulo de Jesús?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7875


Publicado en: Escuela de Discipulado

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