¿Muchas sanidades y milagros realmente provienen de Dios?

(Lección 10  – Nivel 3)

Cuando dudamos que el milagro venga de Dios, debemos pedir guianza al Espíritu Santo

Llegó al pueblo con una maleta vieja, en el último bus inter provincial que arribaba sobre las 7 de la noche, y todos se preguntaban qué vendría a hacer, cuando lo vieron atravesar la calle principal hasta el único hotel decente que aún funcionaba.

Tres días después se dieron cuenta. Abrió un consultorio en una habitación que daba a la avenida contigua a la plaza de mercado, y anunciaba sanar enfermos. Aunque nadie recuerda quién fue el primero, lo cierto es que la noticia de un curandero que tenía la Biblia abierta en su local, rezaba unas extrañas letanías y no cobraba un peso — salvo que las personas quisieran darle algo — , se regó por todas partes.

Pronto hacían romería en su local. Venían personas con dolencias de lugares remotos. Testimoniaban que el hombre era creyente en Dios, que era efectivo en los tratamientos y, además, que se mostraba reacio a pedir dinero, aun cuando no rechazaba cuando voluntariamente querían darle algo.

No es un cuento, ocurrió en la realidad, en el norte de México. Pero la historia podría repetirse en cualquier lugar geográfico. Guardando las diferencias, el curso de los acontecimientos es el mismo en diferentes espacios geográficos y épocas.

La razón es sencilla: El ocultismo ha encontrado fortaleza en quienes obran a través de hechos sobrenaturales. Incluso, ha venido cobrando fuerza la práctica de “profecías” personalizadas en congregaciones que no tienen un adecuado soporte bíblico para sus enseñanzas, como también sanidades que despiertan curiosidad y admiración, pero que glorifican más a quien ministra que a Jesucristo, el médico por excelencia, en cuyo Nombre se producen las personas son libres de sus enfermedades.

Las mentiras detrás del ocultismo

Con el ánimo de ganarse la confianza de incautos, los ocultistas hoy no se eximen de usar un ejemplar de la Biblia— generalmente abierto en el Salmos 91 — , de acompañar su vestuario con rosarios o imágenes religiosas e, incluso, de tener altares con velas, alumbrando efigies de santos.

Actualmente se les conoce como sanadores, curanderos, doctores brujos, adivinadores, canalizadores o sencillamente líderes de sanidad. Son, en la mayoría de los casos, espiritistas que obran a partir de poderes demoníacos. Se han sometido a ellos, y en sus vidas operan espíritus inicuos.

Gracias a su mover sobrenatural ejercen influencia en las personas. Es importante aquí aclarar que sus aparentes poderes varían de acuerdo con el grado de compromiso que han asumido con lo oculto. Por supuesto, tras ellos es el mismo adversario espiritual quien está actuando, aun cuando ellos afirmen que se mueven en la dimensión de Dios. Lo que no clarifican, por supuesto, es a qué tipo de dios sirven.

Cabe aquí poner un primer filtro a las sanidades y hechos sorprendentes de que tenemos conocimiento. Ese tamiz lo ofreció el Señor Jesús cuando dijo:

“El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.” (Juan 10:10. NTV)

Es evidente entonces que si una sanidad proviene de Dios, no causará consecuencias posteriores como sí ocurre con quienes se someten a sanadores y, además de endemoniados, terminan a corto plazo con enfermedades peores.

El autor y conferencista cristiano, Jim Murphy, enseña:

“Al principio puede que no haya evidencia de la presencia del demonio, pero a medida que pasan los meses y los años, ese mismo demonio o quizá otros, comienzan a actuar. Surgen problemas en la vida de quien aparentemente fue sanado. Pueden ser problemas mentales, depresivos, pesadillas, paranoia, esquizofrenia, o pueden experimentar enfermedades a las cuales la ciencia no encuentra explicación lógica, epilepsia que no mejora con medicamentos, artritis y hasta cáncer. En tales circunstancias y con el propósito de ser efectivos en la ministración, debemos pedir orientación al Espíritu Santo.” (Jim y Carolyn Murphy. “Cómo derrotar a los demonios”. Hundredfold Press. 1998. EE.UU. Pag. 62, 63)

Las sanidades deben ser probadas, determinando si son o no de Dios. Es importante que lo hagamos.

Probar las sanidades, no significa dudar

Si usted es una persona inquieta por la guerra espiritual y está en proceso de formación, quizá se pregunte: ¿Debo sospechar de todas las sanidades? Por su puesto que no.

Cuando vamos a las Escrituras leemos que dijo el Señor a los israelitas y también a nosotros hoy: “Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.” (Éxodo 15:26; Cp. Salmos 103:3)

Las sanidades y las liberaciones provienen de nuestro Hacedor supremo. Cuando no es así, el asunto salta a la vista.

Le invitamos a considerar un pasaje bíblico que ilustra el asunto:

“Un grupo de judíos viajaba de ciudad en ciudad expulsando espíritus malignos. Trataban de usar el nombre del Señor Jesús en sus conjuros y decían: «¡Te ordeno en el nombre de Jesús, de quien Pablo predica, que salgas!». Siete de los hijos de Esceva, un sacerdote principal, hacían esto. En una ocasión que lo intentaron, el espíritu maligno respondió: «Conozco a Jesús y conozco a Pablo, ¿pero quiénes son ustedes?». Entonces el hombre con el espíritu maligno se lanzó sobre ellos, logró dominarlos y los atacó con tal violencia que ellos huyeron de la casa, desnudos y golpeados.” (Hechos 19:13-16. NTV)

Observe que en este caso no era Jesús quien estaba obrando a través de estos judíos. Tampoco tenían la autoridad para ministrar libertad a los cautivos.

Otro hecho de significación es que las sanidades deben honrar y glorificar a Dios y no al hombre.

Pierda el temor: probar una sanidad no significa que estemos dudando del Dios que hace milagros, sino clarificando de dónde viene esa fuente de poder, no sea que detrás se esté parapetando el ocultismo.

Mantenernos alerta

Infortunadamente millares de personas en todo el mundo sucumben a los engaños. Terminan creyendo que todo hecho sobrenatural proviene de fuerzas del bien y que la fuente de poder es Dios.

Un texto escritural que arroja luces en nuestro estado de alerta, lo encontramos en el libro del Deuteronomio:

“Supongamos que, en medio de ti, hay profetas o aquellos que tienen sueños sobre el futuro, y te prometen señales o milagros, y resulta que esas señales o milagros se cumplen. Si de pronto ellos dicen: “Ven, rindamos culto a otros dioses” — dioses que hasta entonces no conocías— no los escuches. El Señor tu Dios te está probando para ver si realmente lo amas con todo el corazón y con toda el alma. Sirve únicamente al Señor tu Dios y teme solamente a él. Obedece sus mandatos, escucha su voz y aférrate a él.” (Deuteronomio 13:1-3. NTV)

La Biblia es clara cuando nos advierte sobre el peligro de escuchar a toda voz, sin antes probar de quién proviene. No todos los que se proclaman sanadores, en efecto lo son, a pesar de que revistan sus acciones de cierta religiosidad.

El apóstol Juan instruye que debemos probar a quienes proclaman obrar en nombre de Dios, pero esconden otra realidad:

“Queridos amigos, no les crean a todos los que afirman hablar de parte del Espíritu. Pónganlos a prueba para averiguar si el espíritu que tienen realmente proviene de Dios, porque hay muchos falsos profetas en el mundo. Esta es la manera en que sabremos si tienen o no el Espíritu de Dios: si una persona que afirma ser profeta* reconoce que Jesucristo vino en un cuerpo humano, esa persona tiene el Espíritu de Dios; pero si alguien afirma ser profeta y no reconoce la verdad acerca de Jesús, aquella persona no es de Dios. Tal persona tiene el espíritu del Anticristo, del cual ustedes oyeron que viene al mundo, y de hecho, ya está aquí. ” (1 Juan 4:1-3. NTV)

Las enseñanzas de la Palabra son claras y nos llaman a mantener las señales de prevención encendidas, cuando algo no encaja en cuanto a una sanidad, más cuando se tiene indicios de que proviene de alguien al servicio del ocultismo.

En caso de tener frente a nosotros un caso así, es esencial que ministremos liberación de toda influencia demoníaca en el Nombre y en el poder de Jesucristo.

En todo momento, por supuesto, debemos ser sensibles a la voz del Espíritu Santo que nos guía en el proceso y en los pasos a seguir.

Preguntas para evaluar la Lección :

Es importante que al terminar de estudiar la Lección se formule unas sencillas preguntas de repaso:

a.- ¿Por qué razón debemos desconfiar de muchos aparentes hechos de sanidad ocurridos en personas que asisten a “sanadores”?

b.- ¿Conoce algunos nombres o términos con los que se identifica a los curanderos en la ciudad o poblado en donde usted reside?

c.- ¿Qué tipo de experiencias de “sanidad” ha escuchado hasta el momento de estas personas?

d.- ¿Esas sanidades fueron permanentes?

g.- ¿Qué aprendemos del texto bíblico de Juan 10:10?

h.- ¿Qué dice el pastor Jim Murphy respecto a las consecuencias que enfrentan personas que han recibido sanidad de manos de curanderos?

i.- ¿Qué dijo Dios en cuanto a la sanidad Éxodo 15:26? ¿Cómo podríamos saber si una sanidad proviene de Dios?

j.- ¿Qué aprendemos del pasaje bíblico de Hechos 19:13-16)?

k.- ¿Qué enseñanza importante nos ofrece el texto de Deuteronomio 13:1-3?

l.- ¿Qué pautas traza el apóstol Juan para poner al descubierto a los falsos profetas (1 Juan 4:1-3)?

m.- ¿De qué manera el Espíritu Santo nos ayuda a determinar si un milagro proviene de Dios?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=8111


Publicado en: Guerra Espiritual

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