Los 3 niveles de la fe

Con ayuda de Dios podemos desarrollar la fe.

El poder de Dios obra milagros de manera ilimitada. En todas las áreas de nuestra vida. Incluye nuestro entorno familiar: cónyuge e hijos. Sin embargo, para que las maravillas divinas ocurran en nuestra existencia, es necesario desarrollar un alto grado de fe.

¿Por qué motivo? Porque a veces anhelamos que cosas extraordinarias ocurran, pero albergamos dudas. Y son esas dudas las que nos impiden llegar a un nuevo nivel.

La razón es sencilla. Los creyentes en Jesús nos ubicamos en uno de los siguientes escenarios: la falta de fe, la poca fe y la fe plena. ¿En qué estado se encuentra usted? Para determinarlo, le invito para que analicemos el asunto a la luz de la Biblia:

1.- La falta de fe

Quien tiene falta de fe, se caracteriza porque…
  • Solo ven las circunstancias y dimensionan las circunstancias o los problemas como si fueran gigantes.
  • Dan cabida a la palabra imposible.
  • Viven atrapados por la angustia del ahora y desestiman el hecho de que Dios tiene el control de todo cuanto nos ocurre.
Le animo para que miremos estos aspectos en la escena que describe el evangelista Marcos:

“Se desató entonces una fuerte tormenta, y las olas azotaban la barca, tanto que ya comenzaba a inundarse. Jesús, mientras tanto, estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, así que los discípulos lo despertaron. ―¡Maestro! — gritaron— , ¿no te importa que nos ahoguemos? Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar: ―¡Silencio! ¡Cálmate! El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo. ―¿Por qué tienen tanto miedo? — dijo a sus discípulos—. ¿Todavía no tienen fe?” (Marcos 4:37–40 | LBLA)

El cuestionamiento que les hizo Jesús fue: “¿Todavía no tienen fe?” Ahora, en su caso particular, ¿está ocurriendo lo mismo?

2.- Poca fe

Quienes se mueven es este nivel, saben que Dios es poderoso, pero les creen a las circunstancias adversas y se dejan embargar por la desesperanza:
  • Permiten que en su corazón aniden las dudas.
  • Creen en Dios, pero escuchan las voces desalentadoras del mundo.
  • Si no reciben una respuesta inmediata a su clamor, abandonan la petición delante del Señor.
Un texto que ilustra características como éstas y otras que se pueden descubrir, lo escribe Mateo:

“Si así viste Dios a la hierba que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, gente de poca fe? Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” o “¿Con qué nos vestiremos?” Los paganos andan tras todas estas cosas, pero el Padre celestial sabe que ustedes las necesitan. Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas.” (Mateo 6:30–34 | LBLA)

Es necesario reafirmarnos en que nuestro Supremo hacedor sabe por la situación que estamos pasando, qué estamos requiriendo y, sumado a esto, tiene el control de absolutamente todo. Él es soberano.

3.- Fe plena

Desarrollamos ese grado de fe cuando mantenemos intimidad con Dios. Reconocemos que en otras ocasiones se ha manifestado poderosamente en nuestro ser y en nuestra familia, y sabemos que ahora también lo hará.

Se caracteriza por lo siguiente:
  • Quienes tienen fe total no piden pruebas ni evidencias, simplemente creen.
  • Reconocen el poder ilimitado de Dios.
  • Tienen la certeza de que, para Dios, no hay absolutamente nada imposible.
Le invito a tomar nota del siguiente pasaje Escritural:

“Al entrar Jesús en Capernaúm, se le acercó un centurión pidiendo ayuda. ―Señor, mi siervo está postrado en casa con parálisis, y sufre terriblemente. ―Iré a sanarlo — respondió Jesús. ―Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Pero basta con que digas una sola palabra, y mi siervo quedará sano. Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores, y además tengo soldados bajo mi autoridad. Le digo a uno: “Ve”, y va, y al otro: “Ven”, y viene. Le digo a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace. Al oír esto, Jesús se asombró y dijo a quienes lo seguían: ―Les aseguro que no he encontrado en Israel a nadie que tenga tanta fe.” (Mateo 8:5–10 | LBLA)

Es evidente que el centurión, sin ir cada domingo a la iglesia ni recibir los devocionales en su celular –tenga en cuenta que estamos tratando de aplicar esa ilustración a nuestro tiempo— sabía que Dios obra y, simplemente se atrevía a creer.

Ésa es una gran fe, y eso es lo que deberíamos buscar. El autor y conferencista internacional, Bayless Conley, anota lo siguiente;

“No crea la mentira de que Dios está despreocupado de sus circunstancias actuales, o desconectado del problema que está enfrentando. No piense: “Si realmente yo le interesara a Dios, ¿por qué me tuvo que suceder esto? ¿Por qué estoy atravesando esta tempestad? ¿Por qué está sucediendo esto en mi vida? No le intereso a Dios. Ni siquiera sabe mi nombre”. Quizás piense que Él está distante, desinteresado y desconectado de usted, que usted está pasando por el infierno y a Él ni le importa. No crea esa mentira. Si usted acepta la mentira de que a Dios no le importa, le robará su fe. Y no puede descender más bajo que eso.”

El Dios de poder en el que hemos creído, quiere ayudarnos a resolver las situaciones por las que hoy nos movemos y que, quizá, sean desesperanzadoras. Él sabe cómo hacer las cosas y en qué momento oportuno. Su tiempo es perfecto.

Usted merece una mejor vida. Tal como Dios la tuvo en mente desde antes de la creación. De el primer paso hacia esa existencia renovada.

Cuando nos arrepentimos, nuestra vida personal, espiritual y familiar es afectada positivamente. Es fruto de la decisión de renunciar a una pecaminosidad voluntaria (Lea Mateo 3: 5-8) la clave es recibir a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Decídase hoy por Jesús en su vida y en su corazón.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=10560


Publicado en: Estudios Bíblicos

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