Llamados por Dios a la consagración

Fuimos llamados por Dios a la consagración.

Base Bíblica: Levítico 9: 1, 2; Deuteronomio 7:6; 14:2, Éxodo 13:2

Introducción:

Infinidad de personas tienen una idea equivocada en cuanto a lo que significa consagración. Puede que lo vean como un proceso difícil y en el que hay, en cada paso, muchas frustraciones. Sin embargo, cuando vemos la consagración a la luz de la Biblia, entendemos que no es algo difícil porque Dios nos ayuda en cada nueva etapa.

Si hay algo maravilloso tras la consagración, es que experimentamos transformación en nuestra vida personal, espiritual y familiar. Y, necesariamente, avanzamos a nuevos niveles, prendidos de la mano del Señor Jesucristo.

I.- FUIMOS LLAMADOS POR DIOS A CONSAGRARNOS

1.- Como pueblo santo (éxodo 13: 2)

a.- La consagración parte de una disposición de corazón.

b.- La consagración es un proceso en el que debemos perseverar.

2.- Separados de la maldad (2 Timoteo 2: 19-21)

a.- Nos apartamos del mal para agradar a Dios

b.- Nos apartamos del mal para serle útiles.

II.- LLAMADOS A UNA VIDA DE SANTIDAD

1.- La consagración comienza cuando vivimos conforme a las enseñanzas de Dios en las Escrituras (2 Reyes 22: 11- 13)

a.- El rey Josías permitió que la Palabra lo transformara.

b.- El rey Josías sometió su vida a las enseñanzas de la Palabra.

2.- La consagración implica someternos y confiar en Dios como lo hizo el rey Josías (2 Reyes 22: 14-20)

a.- Reconocer nuestros errores

b.- Pedir perdón a Dios

c.- Someternos al obrar de Dios

d.- Quien se aparta del pecado alcanza la misericordia de Dios.

III.- CONSAGRARNOS A HACER LA VOLUNTAD DE DIOS

1.- Es necesario decidirnos y comprometernos con la consagración a Dios (2 Reyes 22: 1-3)

a.- Comprometernos a no pecar

b.- Comprometernos a caminar conforme a Su voluntad.

c.- Cuando nos consagramos a Dios, lideramos la transformación en nuestro hogar y en la sociedad (v. 3b), como hizo el rey Josías.

2.- Es necesario limpiar nuestra vida de todo lo que nos contamina (vv. 4-8)

3.- Nos despojamos del viejo hombre y nos vestimos de la nueva naturaleza (Efesios 4: 17-25)

4.- Alimentamos nuestra espiritualidad (2 Reyes 23: 21-23)

Conclusión:

Dios nos llama a experimentar una vida nueva, de consagración. No es en nuestras fuerzas, sino con Su divino poder. Él nos ayuda a experimentar la transformación necesaria y a perseverar en ella.

La decisión de consagrarnos o no, es nuestra. Podemos permanecer como hasta hoy, en nuestro camino que no lleva a ninguna parte. O avanzar hacia el propósito que nos ha trazado Dios desde la eternidad. Y es posible, cuando nos consagramos.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=10579


Publicado en: Sermones

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