La sexualidad en la relación conyugal

Es esencial cultivar una adecuada relación de familia y de pareja

“Con demasiada frecuencia se hablan de muchos temas en las iglesias, pero aparte de la espiritualidad no se aborda la sexualidad como algo importante; se le considera tabú. ¿Qué dice la Biblia de la relación de intimidad y de amor? ¿Acaso no se puede tocar el tema sin ser considerado morboso?”

L.A.M., desde Masaya, Nicaragua

Respuesta:

Aun cuando muchos no quieran aceptarlo, las Escrituras también abordan la sexualidad en la pareja. Lo clave es que haya equilibrio, ya que los extremos son siempre dañinos. Presionar a tu cónyuge para tener intimidad, antes que abrir puertas cierra toda posibilidad de un encuentro placentero.

La relación de pareja experimenta enriquecimiento a través de múltiples elementos, entre ellos expresar lo que sentimos por nuestro cónyuge pero también a través de la intimidad sexual. Los problemas comienzan cuando las relaciones en la cama terminan por convertirse en una acción rutinaria, carente de demostraciones de afecto hacia la otra persona. El secreto conforme al propósito eterno de Dios radica en que haya equilibrio sano y que, por encima de todo, prime el amor.

Hay quienes consideran que el amor sin sexo está descompensado mientras que otros sienten que el amor no necesita de sexo y un tercer segmento siente que el sexo se puede practicar sin amor. Pero, ¿cuál es la perspectiva que se debe aplicar en la relación de pareja?

El premio nobel, Daniel Kahneman, concluyó en uno de sus escritos que le han hecho famoso que la actividad que más placer genera en las personas es la sexual y la que luce desagradable cada día es ir a trabajar. Este economista como sinnúmero de especialistas en el mundo se han dado a la tarea de indagar sobre las cosas que hacen feliz al ser humano.

Un estudio realizado por el especialista David Blanchflower, del Dartmouth College y Andrew Oswald de la Universidad de Warwick en Inglaterra, en el que participaron 16.000 personas, encontró además que un aumento de la frecuencia de los encuentros sexuales tendría una felicidad equivalente a consignar 50.000 dólares en el banco.

La revista colombiana Semana indica que “Los trabajos demostraron que existía una relación positiva entre la frecuencia sexual y la felicidad, y por simple lógica se asumió que al aumentar la pasión el termómetro de la felicidad también subiría. Pero aún faltaba confirmar esta hipótesis.” (Portal de la Revista Semana. 04/07/2015)

Un reciente informe contradice las apreciaciones de múltiples estudiosos al llegar a la conclusión de que más sexo no llevó a más felicidad. Es más, aumentar la frecuencia de encuentros sexuales condujo más bien a un declive en el deseo y en el bienestar de la pareja.

El trabajo fue dirigido por el profesor de economía y psicología George Loewenstein, de Carnegie Mellon University. Participaron 64 parejas casadas, heterosexuales, de entre 35 y 65 años de edad. Todas fueron divididas en dos grupos: los que debían seguir teniendo relaciones sexuales en la frecuencia habitual y los que debían doblar el número de veces por semana de estos encuentros íntimos. Todos contestaron un sondeo sobre sus hábitos de salud, sus niveles de felicidad, el tipo de actividad sexual que tuvieron y el placer que esta les generó.

Las parejas a las que se les pidió más acción bajo las sábanas tuvieron, en efecto, más sexo, sin embargo, esto solo les representó apenas un pequeño aumento en la felicidad. Y no solo eso: reportaron menos deseo y una baja en la satisfacción sexual. Tanto hombres como mujeres manifestaron que las relaciones sexuales extra no fueron divertidas. Lo anterior indica que la relación sexo y felicidad no es tan simple como se creía. “Con solo incrementar la frecuencia sexual no se obtiene una prescripción para mejorar el nivel de felicidad”, dijo Loewenstein a SEMANA.

Una perspectiva bíblica

¿Qué nos enseñan las Escrituras? Para responder a este interrogante, el primer elemento que debemos relievar es que el sexo no es un tabú para los autores bíblicos. En segunda instancia, reconocer que las relaciones de intimidad en la pareja están permitidas salvo en casos en que vayan contra natura, específicamente el contacto anal.

El rey Salomón cuya sabiduría ha sido reconocida a través de la historia, escribió: “Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, y tus corrientes de aguas por las plazas?” (Proverbios 5:15, 16)

Como integrantes de la pareja estamos llamados a satisfacer el deseo mutuo. ¿Cuántas veces? No hay límite. ¿Cuántas veces a la semana? Tampoco hay un referente. La Biblia habla de encontrar contentamiento con el cónyuge pero también es clara en advertir que no tolera la infidelidad.

Recuerdo el caso que consultó una creyente. Era respecto a su esposo. Cada vez que él la animaba a tener intimidad ella lo instaba a orar. “Clame a Dios para que le quite esa morbosería”, le recriminaba. Meses después era ella quien pedía consejería porque su esposo andaba de “correrías” con una jovencita. Es cierto, él dio lugar al adulterio, pero su esposa no hizo mucho para evitarlo. ¡Se negaba a la relación conyugal!

Lo esencial es que los dos estén de acuerdo. Y son los dos, como pareja, quienes definen frecuencia y— sí, aunque parezca extremo decirlo— hasta el horario de su preferencia.

Cuando el sexo se produce al interior del matrimonio, honra a Dios. Cuando es por fuera de la relación termina siendo fornicación. Y si hemos incurrido en relaciones adúlteras es tiempo de arrepentirnos, pedir perdón a Dios y reemprender el camino apropiado para no dañar nuestra vida, y la relación con nuestro cónyuge ya que— además de los adultos— son los hijos quienes llevan la peor parte.

Enriqueciendo la intimidad

El contentamiento en pareja es encontrar satisfacción mutua. Es desear, querer y compartir intimidad con su cónyuge y no estar mirando para otros lados. ¿Le parece fuera de foco? Por supuesto que no. Tiene aval en las Escrituras que llaman a vivir el matrimonio al máximo y que esa realización incluya por supuesto, la cama.

Es comprensible que usted se ponga sonrojado y le parezca que este tipo de temas no deberían abordarse en la Iglesia. La pregunta es: ¿Por qué razón? ¿Qué impide que los cristianos abordemos el asunto y lo acompañemos de la perspectiva bíblica?

El profesor de economía y psicología George Loewenstein, de Carnegie Mellon University,

explicó que el sexo por tarea, como sucedió en una investigación, es un matapasiones, pues nada arruina más el placer que el deber. “Es lo que sucede cuando las parejas quieren tener hijos y le ponen horas a las relaciones para maximizar sus posibilidades de concebir”.

La revista Semana incluye la siguiente información: “Muchos psicólogos recomiendan incrementar la frecuencia de las relaciones sexuales como antídoto para combatir el aburrimiento en la pareja. Pero lo más probable es que si el sexo es malo, incrementarlo no va a generar felicidad. Loewestein no se opone a esta solución pues considera que la mayoría de parejas hace el amor muy poco. Pero su estrategia es que en lugar de enfocarse en la cantidad, el foco se tenga en la calidad, lo que implica ser creativos para buscar un espacio que despierte la chispa del deseo. “Intenten nuevas cosas, hagan ejercicio, vístanse de manera sensual, contraten a una niñera, reserven una habitación en un hotel o encuentren un sitio aislado al aire libre…”, son algunas de sus sugerencias. Para él, es el placer del momento y no cada cuánto sucede lo que mejora el estado de ánimo de las personas.” (Portal de la revista Semana 04/07/2015)

El rey Salomón llama a disfrutar la intimidad con su pareja. Escribe: "Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.” (Proverbios 5: 17-19)

Observe que el autor bíblico insiste en la importancia de recrearnos en nuestro cónyuge; también la necesidad de guardarle fidelidad a la pareja y de permanecer a su lado. ¿Es eso lo que estamos haciendo?

Hace pocos días junto a mi esposa Lucero estábamos en un centro comercial de la ciudad cuando una señora agarró a carterazos a su esposo. ¿La razón? Él estaba muy alegre mirando mujeres por todo lado… mientras iba con su mujer. Y ella, ni corta ni perezosa, le encontró otra utilidad a la cartera.

La situación causó risa a algunos de los presentes que se percataron de la situación… Por supuesto, pudo evitárselos.

Es tiempo de hacer un alto en el camino, expresar a tu pareja y llevar esas expresiones a la satisfacción mutua cuando les asalte el deseo mutuo. No obligar, sino sugerir y crear las condiciones. Esa es otra forma de expresar nuestra fe cristiana.

Otras conclusiones de los especialistas son las siguientes:

  1. El sexo, en particular el de calidad, produce felicidad.
  2. El número óptimo de parejas sexuales es una.
  3. Las relaciones sexuales no deseadas disminuyen el bienestar tanto para hombres como para mujeres.
  4. Las infidelidades se asocian a menor felicidad.

No podría terminar sin antes invitarle para que haga de Jesús el rey y Señor de su familia, y por supuesto, de su relación de pareja. Es una decisión que nadie más que usted puede y debe tomar. Hágalo ahora y emprenda un nuevo proceso de crecimiento personal, espiritual y familiar. ¡Ábrale el corazón a Cristo en su vida y familia!

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=6776


Publicado en: Consejería Familiar

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