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La necesidad de perdonar y ser perdonados


(Lección 4 – Nivel 2)

La necesidad de perdonar y ser perdonados (Lección 4 – Nivel 2)

I.- Versículo para memorizar

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándonos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. (Efesios 4:32)

II.- ¿Qué importancia tiene el perdón?

Cuando vamos a las Escrituras, aprendemos que el perdón reviste una importancia única. Es trascendental para ti. ¿Por qué razón? Porque se orienta en tres direcciones: de un lado recibimos el perdón de Dios, en segundo lugar recibimos el perdón de aquellos a quienes hemos ofendido, y tercero, tú y yo debemos perdonar a quienes nos han causado algún daño.

Cuando el apóstol Pablo aborda el asunto e instruye que seamos “benignos”, no está diciendo otra cosa que es menester que tú y yo seamos moralmente buenos, benevolentes, amables. Ese es su significación en el griego. Y es apenas natural corroborar que aquél que es benigno, mantiene unas excelentes relaciones interpersonales, además de que su relación con Dios es óptima.

1.- El proceso comienza con pedir perdón

Si comprendes que el perdón no es un asunto trivial sino que por el contrario es muy serio para tu crecimiento personal y espiritual, debes comenzar pidiendo perdón a Dios por tus fallas.

Esa es la instrucción que recibimos del apóstol Juan: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:8, 9).

Toma nota del hecho de que si recibes el perdón divino, se te quita un gran peso de encima, retorna la tranquilidad a tu vida y puedes comenzar de nuevo. El perdón del Señor es posible gracias al sacrificio de Jesús en la cruz. El murió por tus pecados y los míos y nos limpió en la cruz.

Sin duda Satanás vendrá a inquietarte a recordar tus pecados de antaño, pero debes tener en cuenta que cuando Dios perdona, lo hace de una vez y para siempre, como lo indica el autor sagrado: “Cuando está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Salmos 103:12).

No tiene sentido, entonces, que nos sigamos atormentando por lo que hicimos ayer ya que, si hemos ido a la presencia de Dios con arrepentimiento sincero y con una auténtica decisión de cambio, el perdón es nuestro.

2.- Si Dios me perdonó, debo perdonar a los demás

Recibir el perdón de Dios pero guardar rencor hacia quienes nos ofendieron, sería una actitud egoísta y por supuesto, muy distante de lo que Dios espera de ti.

El Señor Jesús enseñó: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23, 24).

Nuestro amado Hacedor espera que no solo expresemos exteriormente nuestra fe y amor hacia Él sino que también lo manifestemos con nuestras acciones, limpiando el corazón de resentimiento, odio y amargura. Sin duda alguna, ése no es el plan que tiene para ti y para mí.

3.- Perdonar mejora mi relación con Dios, conmigo y con los demás

¿Has meditado en los muchos beneficios que trae pedir perdón y ser perdonado? En primera instancia mejora tu relación con Dios, segundo, contigo mismo y tercero, optimiza tus relaciones interpe4rsonales.

Dice el autor sagrado: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica” (Salmos 66:18, 19).

La Biblia nos enseña además que si perdonamos a otros, Dios nos perdonará. Y por supuesto que deseas el perdón divino, ¿cierto? Aquél que no perdona, tal como lo aprendemos en las Escrituras, es estorbado por una profunda raíz de amargura que echa a perder su vida (léase Hebreos 12:15).

Es importante que revises hoy tu vida y te dispongas a ser tratado por Dios en el área de recibir perdón y perdonar. ¡Tu vida será transformada!

III.- Retos de la Vida Cristiana Práctica:

1.- ¿Has pedido perdón a Dios por tus pecados?

2.- ¿Piensas dejar para otro día el paso de ponerte a cuentas con Dios?

3.- ¿Albergas rencor y resentimiento en tu corazón hacia otras personas?

4.- ¿Qué pasos has dado para perdonar?

5.- ¿Descubriste ya qué es lo que te dificulta en el proceso de perdonar?

Publicado en: Escuela de Discipulado


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