La autoridad del cristiano para echar fuera demonios

Jesucristo nos lleva a experimentar libertad espiritual

Anneliese Michel jamás olvidará ese día de 1968 cuando su vida, en apariencia normal, dio un sorprendente giro que la marcó para siempre.

Sin explicación alguna comenzó a temblar y perdió el control sobre sus movientos.

Ni siquiera podía llamar a sus padres Josef y Anna, en aquella distante, fría y melancólica Alemania en que vio pasar muchos años de su niñez y adolescencia.

Neurólogos de la Clínica Psiquiátrica de Wurzburg, diagnosticaron que padecía una extraña manifestación de epilepsia. Debido a lo que consideraban, eran fuertes ataques seguidos por amplios períodos de depresión, autorizaron su reclusión en la institución médica.

Poco tiempo después las convulsiones iban acompañadas de raptos en los que veía imágenes diabólicas, especialemte cuando se dedicaba a la realización de sus devocionales.

Una situación que se tornó angustiosa para la chica que, en el otoño de 1970, empezó a concebir la idea de encontrarse poseída por demonios. No encontraba otra razón para escuchar voces según las cuales sufriría los tormentos del infierno.

Muchos líderes cristianos coincidieron en lo recomendable de que Anneliese, de veinte años ahora, prosiguiera con el tratamiento médico. Sólo en 1974 emergió una luz de esperanza cuando el reverendo, Ernst Alt, solicito permiso a su superior Wurzburg, para ministrar liberación a la muchacha. Hubo una primera negativa.

Entretanto Anneliese, quien residía en Klingenberg, insultaba, golpeaba y mordía a los miembros de su familia. No ingería alimentos por temor a los demonios, quienes decía ella— se lo prohibían.

Dormía en el suelo de piedra, comía arañas, moscas y carbón, y había comenzado a beber su propia orina. Se le podía escuchar por toda la casa gritar por horas mientras rompía crucifijos, destruía imágenes de Jesús al tiempo que se producía heridas y se desgarraba las prendas de vestir.

Sólo en 1975 por autorización expresa de las autoridades religiosas Wurzburg, se dio paso a la liberación.

Paralelo al período de ministración, la joven seguía siendo víctima de ataques de los entes que la poseían. No solo se paralizaba sino que perdía el conocimiento.

El 30 de junio de 1976 vino la batalla final contra el mundo de las tinieblas, en momentos en que ya Anneliese sufría neumonía, estaba muy delgada y padecía fiebres muy altas. La joven murió un día después…

Los médicos atribuyeron el deceso a desnutrición severa por parte de la joven.

Un hecho de la vida real, debidamente documentado, y que sirvió de trama a la película “El exorcismo de Emily Rose”. Pregunta que se debe estar formulando, ¿Qué ocurrió? Sin duda hay varias respuestas, pero aquella en la que le invito a pensar, es que no habían hombres y mujeres preparados para ministrar liberación. Ante la presencia de las fuerzas de maldad en posesión de una persona, no sabían cómo actuar.

Estamos en guerra, pero decididos a ganarla

¿Cómo nos enfrentamos a Satanás y sus huestes de maldad? En el poder de Dios. Hacerlo en nuestras fuerzas no es otra cosa que un suicidio espiritual y hasta físico.

El poder del mundo de las tinieblas es real, y usted y yo como cristianos comprometidos, estamos llamados a resistirlo y recobrar territorios hoy en su poder, para extender allí el Reino de Dios. Si asumimos una actitud pasiva, millares de almas irán a la eternidad sin Cristo. Y ese es un drama muy grande que no podemos permitir.

El apóstol Pablo, quien tenía amplio conocimiento como los cristianos del primer siglo, sobre la guerra constante en la dimensión espiritual contra las fuerzas de maldad, instó a los creyentes de Éfeso a librar la batalla.

En la carta universal a esa iglesia, comparte varios principios que le invito a considerar con detenimiento: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:10-12)

Pablo no ignora ni minimiza la dimensión de las batallas contra las fuerzas demoníacas; no obstante enfatiza:

1.- Debemos estar vestidos con la armadura de Dios.

2.- Estar preparados para las asechanzas y ataques del Adversario espiritual.

3.- Tener claridad que las confrontaciones son de carácter eminentemente espiritual.

Estos tres elementos giran en torno a un aspecto fundamental: es necesario, primero, obrar en la fuerza y poder de Jesucristo, y segundo, estar fortalecidos en Él.

¿Qué podemos inferir? Que usted como cristiano o cristiana comprometidos en la Intercesión y Guerra Espiritual debe saber a qué se enfrenta. No es algo fácil, sin duda, pero tampoco, algo tan complejo que no podamos enfrentar. Los alimenta una certeza: en el poder de Dios tenemos asegurada la victoria. ¡Usted y yo somos vencedores!

Impartiendo órdenes al mundo de las tinieblas

El diablo no sale corriendo por que usted grite fuerte, haga ademanes agresivos o simplemente de taconazos contra el suelo. Eso no lo intimida.

Lo que realmente alerta al mundo de las tinieblas es que usted, como siervo de Jesucristo, tenga una íntima relación con su salvador, conozca en qué batalla esté inmerso y en el poder de Dios, esté dispuesto a dar la pelea.

¿Cómo damos órdenes entonces al Satanás y sus huestes? En la autoridad de Cristo (Cf. Lucas 10:19) y bajo el poder de Dios, como leemos en el caso del arcángel Miguel. Él no reprendió a Satanás en su propio poder, sino que dijo: “El Señor te reprenda.” (Judas 9)

Y estamos hablando de un ser angelical que, como leemos posteriormente en Apocalipsis 12:7, 8 derrotará al propio Satanás, al final de los tiempos.

Es solo a través de nuestra relación con el Señor Jesucristo como tenemos autoridad sobre Satanás y sus demonios. Es solo en Su Nombre que nuestra reprensión tiene algún poder.

En ese proceso es que usted y yo necesitamos de la Armadura de Dios, que describe el apóstol Pablo en Efesios 6.13-18.

Nadie puede desconocer que las confrontaciones con el mundo de las tinieblas son duras, pero tampoco podemos pasar en alto que si nos movemos en el poder de Jesucristo, bajo Su protección divina, derrotamos las fuerzas de maldad.

Usted y yo descansamos en el hecho de que somos justos delante de Dios por el sacrificio del amado Señor Jesús en la cruz. No importa cuánto hayamos pecado ayer; hoy somos puros y justos en Su presencia, gracias a la sangre vertida en la cruz por nuestro amado Salvador. Él nos trajo perdón. Usted y yo tenemos ahora entrada al Padre celestial, y somos— téngalo presente— vencedores.

No debemos vacilar en nuestra fe, no importa cuán fuertemente seamos atacados.

Nuestra defensa principal es la seguridad de que tenemos nuestra salvación, y el hecho de que las fuerzas espirituales no pueden quitárnosla.

Nuestra arma ofensiva está en la Palabra de Dios, no en nuestras propias opiniones y sentimientos. Debemos seguir el ejemplo de Jesús en reconocer que algunas victorias espirituales solo son posibles a través de la oración.

El Señor Jesús, ejemplo de un Intercesor y Guerrero Espiritual

Nuestro amado Dios y Salvador Jesucristo, fue sometido a prueba por las asechanzas de Satanás. La Biblia nos enseña que “…Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a ÉL el tentador, y le dijo; Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está; No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.” (Mateo 4:1-11)

¿Nos exime el ser cristianos comprometidos enfrentar ataques del mundo de las tinieblas, bien sea bajo tentación, asedio o incluso, intentos de influencia en los pensamientos? En absoluto. Pero es en este punto donde debemos tener muy definida la necesidad de permanecer prendidos de la mano de Jesucristo.

Observe que el propio Señor Jesús enfrentó momentos difíciles, justo cuando estaba en intimidad con Dios. El Adversario le tentó con fatiga, hambre y poder— tanto material como espiritual —. En todo momento nuestro amado Señor Jesús estuvo asido de las Escrituras y citó pasajes que rebatieron toda argumentación de Satanás.

Un Intercesor y Guerrero Espiritual como usted y yo, debe pasar tiempo en oración con el Padre, pero también, asiduo en el estudio bíblico. Es un ejemplo que asumimos del amado Maestro.

¿Cómo nos conocen en el mundo espiritual?

Adicionalmente otro hecho: Satanás sabe quién tiene autoridad y quien no. A usted y a mi, aunque lo pasemos por alto, nos conocen no solo en el mundo físico, sino también en el mundo espiritual.

Un ejemplo que grafica este asunto, lo comparto con usted en el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo; - Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto. Pero respondiendo el espíritu malo, dijo; -A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois? Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.” (Hechos 19:13-16)

Observe que estos judíos, que pretendían ministrar liberación a los cautivos, profesaban una religión— el judaísmo— pero eso no les daba autoridad. Lo que realmente nos otorga autoridad es la intimidad con Dios, y vivir conforme a Su voluntad. No es la denominación en la que se congrega ni el tiempo que lleva como cristiano, es la intimidad con el Señor.

No olvide, usted como Intercesor y Guerrero espiritual, no se puede apoyar en sus conocimientos ni tradición religiosa sino en el poder de Dios.

Segundo, cuando reprende al mundo espiritual de las tinieblas, lo hace en el Nombre del Señor Jesús, no en el nuestro; en tercer lugar: Nos protegemos con toda la armadura de Dios y libramos las batallas con la espada del Espíritu – La Palabra de Dios. Por último, debemos recordar que aunque libramos batallas contra Satanás y sus demonios, no cada pecado o problema es un demonio que necesita ser reprendido.

El propio apóstol Pablo nos enseña que “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Romanos 8:37).

Piense por un instante: usted es cristiano y como tal, llamado a vencer en el poder de Jesucristo. No es usted quien tiene que salir corriendo, sino Satanás y sus huestes. En Cristo somos –como lo dice el autor sagrado —, más que vencedores.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2534


Publicado en: Guerra Espiritual

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