Formar un discípulo hasta que pueda valerse por sí solo

(Lección 5)

Debemos preparar al nuevo Discípulo para enfrentar la adversidad y salir airoso

De pronto John se quedó perdido en medio de la selva, en los farallones de Cali. Eran algo más de las tres de la tarde, habían caminado mucho tiempo y sus compañeros de campamento ya no estaban. Gritó duro pero salvo el eco de su voz, no escuchó respuesta. ¡Estaba perdido!

Varios conocidos le habían contado que estar desorientado en medio de la inmensidad de la manigua había llevado a muchas personas a la muerte. “No encuentras la salida. Caminas y caminas, pero salvo árboles, vegetación y animales, no hay otras manifestaciones de vida”, le dijeron.

El lugar era hermoso pero ante la proximidad de la noche, comenzó a embargarlo el temor. ¡No quería morir!

Cuando estaba al límite de la desesperación, sintiéndose vencido, recordó también un consejo. “Si estás de día, busque el sol hacia el oriente Si está cayendo la tarde, marche en dirección contraria al sol poniente. Y si es de noche, ubique un riachuelo y siga su curso, en descenso. Llegará a la ciudad”, le explicaron.

Y así lo hizo.

Logró encontrar un río, que luego supo era el Santa Rita, y caminó toda la noche. Amanecía cuando vio a lo lejos las luces de Cali. ¡Estaba a salvo!

La meta: Que se valga por sí mismo, sin dependencia humana

La historia es real y me la refirió un amigo que orienta su vida hacia el turismo ecológico. Y me llamó poderosamente la atención porque una cosa es mirar desde Cali hacia sus imponentes montañas, ubicadas hacia el occidente, y otra bien distinta estar en lo más alto, alejado totalmente de la civilización y sin saber qué hacer.

Como Discipuladores debemos fijarnos una meta: Que el Discípulo aprenda a valerse por sí mismo. Y la historia es una excelente ilustración del proceso que debemos seguir: Llevar al creyente al convencimiento de su nueva vida en Cristo, pero además, brindarle las herramientas para que pueda perseverar en medio de la adversidad y, crecer y quitar de su mente cualquier idea de renunciar.

Enseñe al Discípulo a avanzar hacia la meta

Cuando estamos formando a un nuevo creyente en los rudimentos de la fe y a experimentar crecimiento en Cristo Jesús, debemos procurar que no solo persevere sino que entre en la dinámica del crecimiento permanente.

El apóstol Pablo enseñó este poderoso principio cuando escribió: “No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo. No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús.” (Filipenses 3:12-14. NTV)

Es cierto, una y otra vez le llamará el Discípulo para decirle que falló. Tal vez se enojó con la esposa, riñó con los hijos, le contestó mal a algún compañero o, sencillamente, no quiere orar, leer la Biblia ni volver a la Iglesia. Es allí donde usted juega un papel importante para brindarle ánimo.

¿De qué manera? Recordándole que el proceso de cambio y crecimiento cristiano surte unas etapas y vamos dando pasos, a veces lentos pero seguros, hasta llegar al nivel en el que caminamos conforme a la voluntad de Dios.

El pasado, como bien lo anota el apóstol Pablo, debe quedar en el pasado y es necesario enfocar nuestra mirada en el presente y el mañana, conscientes de nuestro llamado a experimentar crecimiento en todas las áreas de nuestra vida con ayuda del Señor Jesús. ¡Él es la meta final de nuestra existencia!

En ese orden de ideas hay dos principios que deben fundamentar la vida del Discípulo:

1.- Firme convicción de Aquél en quien hemos creído (Lea Job 19:25-27; Juan 4:42)

2.- Guardar la fe en Dios, sin perder la esperanza (2 Corintios 5:1; Romanos 8:38, 39; 2 Timoteo 1:12)

Si hay convicción en la vida del Discipulo, las tormentas de la vida no lo sacarán fácilmente del camino.

Cuatro principios que deben afirmarse en el Discípulo

El Discípulo debe recibir sólidos fundamentos para que avance en su proceso de crecimiento espiritual. Una vez tenga la convicción del Dios en el que ha creído y la necesidad de permanecer en la fe, hay cuatro principios que debemos sembrar en él:

1.- Seguridad de la Salvación (Juan 5:11, 12 Cf. Romanos 5:8; 1 Pedro 3:18)

2.- La seguridad de la Victoria en Cristo Jesús por encima de las circunstancias (Colosenses 2:15; 1 Corintios 10:13)

3.- La seguridad de que hemos recibido perdón (1 Juan 1:9)

4.- La seguridad de la provisión (Juan 16:24)

Nuestro amado Señor Jesús enseñó la necesidad no solo de crecer sino de llevar mucho fruto: “Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos, así el Padre les dará todo lo que pidan en mi nombre.” (Juan 15:16. NTV)

Observe por favor el texto: Se refiere a frutos que duren, no por poco tiempo sino por años, en tanto dure nuestro tránsito terrenal.

Eslabones de una cadena llamada a reproducirse

Una de las historias más apasionantes de un Discipulador que llevó a sus Discípulos a multiplicarse, es la de Dawson Trotman, fundador de Los Navegantes. Él sentó las bases para que un marinero, y después dos y más, se afirmaran en Cristo y a su vez se convirtieran en multiplicadores de las Buenas Nuevas.

El proceso ha llevado a que millares de Discípulos formen a otros más hasta alcanzar multitudes para el Reino.

El autor James D. Crane, explica este principio de la siguiente manera: “Debemos formar eslabones de una cadena ininterrumpida de reproducción espiritual. Alguien me instruyó a mí en la fe cristiana, y yo acepté a Cristo como mi Salvador Personal. En consecuencia, yo tengo que encargar esa misma fe a “hombres fieles”. Estos a su vez han de ser capacitados para que desarrollen la aptitud de “Enseñar a otros”, y así sucesivamente. Debemos recordar siempre que hay solamente dos maneras de crecer: Sumar, o multiplicar. La imperiosidad del segundo método es evidente: La comunidad de creyentes crece.” (James D. Crane. “La reproducción espiritual”. Casa Bautista de Publicaciones. 1984. EE.UU. Pg. 14)

El apóstol Pablo lo dejó muy claro cuando insta a Timoteo y a la comunidad de creyentes del primer siglo a reproducirse (2 Timoteo 2:2)

Él mismo dio ejemplo como lo miramos en tres momentos específicos. El primero, cuando conoce a Priscila y Aquila en Corinto: “Después Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Allí conoció a un judío llamado Aquila, nacido en la región del Ponto, quien estaba recién llegado de Italia junto con su esposa, Priscila. Habían salido de Italia cuando Claudio César deportó de Roma a todos los judíos. Pablo se quedó a vivir y a trabajar con ellos, porque eran fabricantes de carpas al igual que él.” (Hechos 18:1-3. NTV)

Observe por favor que el apóstol se quedó con ellos un tiempo, el que sirvió para instruirles en la fe. Era una forma de fundamentarlo.

Un segundo paso fue ir a otras ciudades, y formar allí nuevos Discípulos ayudado por Priscila y Aquila: “Después Pablo se quedó en Corinto un tiempo más, luego se despidió de los hermanos y fue a Cencrea, que quedaba cerca. Allí se rapó la cabeza según la costumbre judía en señal de haber cumplido un voto. Después se embarcó hacia Siria y llevó a Priscila y a Aquila con él. Primero se detuvieron en el puerto de Éfeso, donde Pablo dejó a los demás. Mientras estuvo en Éfeso, fue a la sinagoga para razonar con los judíos. ” (Hechos 18:18, 19. NTV)

Cuando ya estaban firmes en la fe, Priscila y Aquila tuvieron a su cargo la formación de nuevos Discípulos, entre ellos, fundamentar a Apolos: “Mientras tanto, un judío llamado Apolos — un orador elocuente que conocía bien las Escrituras— llegó a Éfeso desde la ciudad de Alejandría, en Egipto. Había recibido enseñanza en el camino del Señor y les enseñó a otros acerca de Jesús con espíritu entusiasta y con precisión. Sin embargo, él solo sabía acerca del bautismo de Juan. Cuando Priscila y Aquila lo escucharon predicar con valentía en la sinagoga, lo llevaron aparte y le explicaron el camino de Dios con aún más precisión. Apolos pensaba ir a Acaya, y los hermanos de Éfeso lo animaron para que fuera. Les escribieron a los creyentes de Acaya para pedirles que lo recibieran. Cuando Apolos llegó, resultó ser de gran beneficio para los que, por la gracia de Dios, habían creído. Refutaba a los judíos en debates públicos con argumentos poderosos. Usando las Escrituras, les explicaba que Jesús es el Mesías.” (Hechos 18:24-28. NTV)

¿Se da cuenta? Pablo edificó espiritualmente las vidas de Priscila y Aquila. Ellos aprendieron a defenderse por sí mismo, una vez llegaron al nivel de Discípulos formados y, a su vez, se convirtieron en Discipuladores. Una dinámica sencilla pero eficaz.

Preguntas para la reflexión y fortalecimiento del Curso de Discipuladores:

Le animo para que lea cada una de las preguntas que encontrará a continuación, reflexione en las enseñanzas antes de escribir su respuesta, y repase constantemente lo aprendido. Lo más aconsejable en todos los casos es que tome anotaciones en un cuaderno:

a.- ¿Por qué razón debemos formar Discípulos que aprendan a defenderse por sí mismos?

b.- ¿Cuál es la razón por la cual debemos enseñarle al Discípulo a avanzar hacia la Meta (Filipenses 3:12-14)?

c.- ¿De qué sirve a la vida espiritual del nuevo creyente el que afirme su convicción acerca de Dios (Lea Job 19:25-27; Juan 4:42)?

d.- ¿Debería el nuevo creyente guardar la fe en Dios, sin perder la esperanza (2 Corintios 5:1; Romanos 8:38, 39; 2 Timoteo 1:12)? ¿Por qué razón?

e.- ¿Qué significación tiene para el Discípulo que estamos formando, que conozcan quién fue el que los llamó (Juan 15:16)?

e.- Cuando leemos Hechos 18, ¿qué significación tiene este pasaje en la formación de los Discípulos?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2638


Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial

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