Formar Discípulos, una tarea por la que debemos responder ante Dios

(Lección 7)

Debemos responder ante Dios por el ministerio que se nos ha encomendado

Cuando el líder de su congregación le propuso encargarse de Discipular a los nuevos creyentes, no solo le pareció una muy buena idea, sino que emprendió la tarea de buena gana.

Sin embargo la sorpresa fue mayúscula para todos cuando, tres meses después, renunció al ministerio. “Me parece muy aburridor. Prefiero servir en otra área”, se excusó.

La ilustración sin duda le suena familiar. De una manera u otra en toda congregación hemos enfrentado este fenómeno.

Infinidad de personas se entusiasman con la posibilidad de formar a otros pero cuando entienden la dimensión que encierra esta forma de servicio en el Reino de Dios, literalmente emprenden la huida.

¿Qué espera Dios? Que tomemos el tiempo suficiente para evaluar el compromiso que asumimos y perseveremos en la tarea, que a su tiempo, rinde frutos altamente satisfactorios. Al abordar el asunto, el autor cristiano, Bertram L. Melbourne, escribe:

“Seguir a Jesús no es fácil. Requiere fe, sacrificio propio (que no es sencillo), compromiso, una actitud correcta hacia la riqueza y los pobres, decisión, medir el costo y amor que se sacrifica a sí mismo. Es un desafío, pero se puede hacer, porque tenemos un Guía, una nube de testigos y mucho apoyo.” (Bertram L. Melbourne. “Ideas prácticas para el discipulado”. APIA editores 2007.EE.UU. Pg. 53)

Aceptar el encargo de formar discípulos constituye un verdadero desafío, pero no basta con involucrarnos para luego desistir. Se requieren dos elementos: Compromiso y perseverancia.

Dios conoce nuestro corazón

¿Ha sentido el llamamiento a Discipular? Maravilloso. Pero, ¿realmente está dispuesto a honrar ese encargo? Antes de responder afirmativamente a la convocatoria para servir a Dios en esa área, tómese un tiempo y evalúe la gama de compromisos que encierra: Vivir a Cristo, oración, dejarse guiar por el espíritu santo, brindar ejemplo y perseverar cada nuevo día.

Generalmente nos decimos si, pero el asunto complicado radica en determinar hasta cuándo nos moveremos en la dirección de formar a los nuevos creyentes. Ser Discipulador y vivir el Discipulado encierran una enorme responsabilidad.

Le invito a considerar una escena particular del Evangelio. Relata Mateo que “Otro de sus discípulos dijo: — Señor, deja que primero regrese a casa y entierre a mi padre. Jesús le dijo: — Sígueme ahora. Deja que los muertos espirituales entierren a sus propios muertos. ” (Mateo 8: 21, 22. NTV)

Es evidente que la persona que abordó al Señor Jesús deseaba seguirle y formar parte de su equipo de colaboradores. Había escuchado al Maestro, sintió la inquietud de seguir el camino, pero estaba dubitativo entre el compromiso con su familia y la inclinación que sentía por el ministerio.

Jesús el Señor que conocía todo el panorama completo, es evidente que conocía que el padre del aquel hombre no estaba muerto y menos a pocos días de fallecer. Aun cuando el hombre sentía proclividad a servir en la proclamación de las Buenas Nuevas, estaba procurando excusas para dilatar la decisión.

¿Le suena familiar? Seguro que sí. Infinidad de personas obran así. Dudan. Temen el porvenir. Y Jesús lo confrontó. Le llamó a definir prioridades. Lo instó a tomar una decisión. ¿Está usted dudando entre servir al Señor o al mundo? Estar en esa frontera no es fácil. No obstante, hay que dar un paso más allá.

Mida el costo de ser un seguidor de Jesús

Si hay algo que no quiere Dios en su iglesia es el ministerio de la banca. No, no me refiero a administrar el sistema bancario, sino al ministerio de sentarse en una silla a esperar cada día ser alimentado. Una vez la persona recibe a Jesús como Señor y Salvador debe recibir la formación básica y una vez alcance un grado de madurez, involucrarse en la formación de otras personas para que el ciclo continúe.

Recuerde que el corazón por naturaleza es impulsivo y tiende a inclinarnos a compromisos de los que luego evaluamos, no estábamos conscientes.

Le invito a mirar otro pasaje Escritural que ilustra el asunto: “Cuando Jesús vio a la multitud que lo rodeaba, dio instrucciones a sus discípulos de que cruzaran al otro lado del lago. Entonces uno de los maestros de la ley religiosa le dijo: — Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le respondió: — Los zorros tienen cuevas donde vivir y los pájaros tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza.” (Mateo 8:18-20. NTV)

¿Por qué razón no aceptó Jesús a este hombre que parecía tener buena disposición de servir en el Reino? Porque conocía su corazón. Él más que nadie sabe qué hay dentro de cada uno de nosotros.

¿Recuerda lo que dice el Señor? Le invito a meditar ahora en ese pasaje: “Pues así como los cielos están más altos que la tierra, así mis caminos están más altos que sus caminos y mis pensamientos, más altos que sus pensamientos.” (Isaías 55: 9. NTV)

Antes que hayamos concebido un pensamiento Dios lo sabe, por ese motivo Él muchas veces no responde a nuestras oraciones por un ministerio en particular. No que esté sordo a nuestros ruegos y clamor, sino que Él conoce nuestro corazón y sabe hasta dónde podemos llegar.

Es importante que concluyamos algo: Uno de los ministerios poderosos de la iglesia es el Discipular a otros, pero antes de asumirlo, es importante que midamos sus alcances y el precio que debemos pagar.

No solo en el ministerio de los Discipuladores sino en todas las áreas de servicio en el Reino de Dios, siempre debemos procurar la guía y respuesta de Dios antes de comprometernos. Y una vez lo hacemos, debemos perseverar día a día, aun cuando a veces nos asalte el desánimo. Dios quiere hombres y mujeres valientes que le sirvan, y sin duda usted es uno de ellos (Cp. Juan 15:15, 16)

Preguntas para la reflexión y el fortalecimiento del Curso de Discipuladores:

Le animamos para que lea cada una de las preguntas que encontrará a continuación, reflexione en las enseñanzas antes de escribir su respuesta, y repase constantemente lo aprendido:

a.- ¿Ha dispuesto su corazón para asumir la tarea de Discipular y perseverar en ese ministerio?

b.- ¿Qué obstáculos cree usted que podría encontrar en el camino?

c.- ¿Es usted de las personas que fácilmente renuncian a algún compromiso y encuentran cualquier pretexto para salir huyendo?

d.- ¿Qué enseña a su vida el pasaje de Mateo 8:21, 22? ¿Qué reflexión le lleva a hacer en cuanto a sus prioridades?

e.- ¿Lo asalta la duda frecuentemente entre servir a Dios o seguir prestando un servicio secular?

f.- ¿Por qué cree necesario que un Discipulador tome decisiones en las cuales persevere?

g.- Lea Mateo 8:18-20. ¿Por qué razón no aceptó Jesús a este hombre que parecía tener buena disposición de servir en el Reino?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2801


Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial

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