Evangelizar no es una opción, es una obligación

(Lección 4 – Nivel 1)

Evangelizar no es una opción, es una tarea ineludible

Con frecuencia se considera que el compromiso de evangelizar recae en los pastores. De ahí la necesidad de inculcar en todos los creyentes, incluso en quienes recién comienzan el proceso de discipulado, la necesidad de asumir el compromiso de proclamar en todos los espacios el mensaje transformador de Jesucristo.

Entre las razones que podemos citar para sustentar este principio, figuran:

  • Si cada día compartimos el evangelio a una persona, en el año habremos compartido el evangelio a 365 personas.
  • El evangelio creció hasta el año 325, cuando el emperador Constantito reconoció el cristianismo como la religión oficial del imperio romano. Cuando se acabó la persecución, se desencadenó un progresivo estancamiento.
  • La fuerza de la evangelización recae en los laicos

Presentación del evangelio

La presentación del evangelio es un aspecto de suma importancia. Es el punto de enlace con aquél a quien vamos a compartir las Buenas Nuevas. En esa “carta de presentación” en que se convierte nuestro diálogo, reside la posibilidad de lograr entablar un diálogo productivo o, por el contrario, levantar barreras desde un comienzo.

¿Cómo abordar a una persona?

1.- Inicialmente aborde un tema neutral

Hay muchas formas de abrir un diálogo. Lo más aconsejable es acudiendo a un tema neutral. Algo que, de inmediato, no asocie al interlocutor con el evangelio, de lo contrario, aquellos que tienen algún grado de prevención podrían levantar una barrera que impida la comunicación.

Un aspecto equilibrado puede ser una alusión al estado del tiempo, comentar un acontecimiento reciente que ocupe los titulares de los diarios, las noticias de la televisión o algo que llegue a la mano, que pueda ser de interés común.

La Biblia ilustra este principio cuando hallamos al evangelista Felipe quien, guiado por el Espíritu Santo, es instado a acercarse a un etíope que se desplazaba en la ruta de Jerusalén a Gaza.

El hombre iba leyendo las Escrituras. Pero Felipe no inicia abiertamente su diálogo refriéndose a aspectos bíblicos. Por el contrario, emprende su conversación con una pregunta elemental: “Felipe se acercó de prisa al carro y, al oír que el hombre leía al profeta Isaías, le preguntó: —¿Acaso entiende usted lo que está leyendo? —¿Y cómo voy a entenderlo —contestó — si nadie me lo explica? Así que invitó a Felipe a subir y sentarse con él. “ (Hechos 8: 30, 31. Nueva Versión Internacional).

A partir de esta entrada: “Entonces Felipe, comenzando con ese mismo pasaje de la Escritura, le anunció las buenas nuevas acerca de Jesús.” (v.35).

Es una habilidad que adquirimos con el paso del tiempo. Quizá al principio tengamos tropiezos, pero progresivamente es fácil lograrlo. Además, Dios nos ayuda en este propósito.

Otro ejemplo de la Biblia

Las Escrituras nos muestran en otro pasaje la forma ecuánime como se aborda a un no creyente, para establecer diálogo y compartirle las Buenas Nuevas:

” Pablo se puso en medio del Areópago y tomó la palabra: —¡Ciudadanos atenienses! Observo que ustedes son sumamente religiosos en todo lo que hacen. Al pasar y fijarme en sus lugares sagrados, encontré incluso un altar con esta inscripción: A UN DIOS DESCONOCIDO. Pues bien, eso que ustedes adoran como algo desconocido es lo que yo les anuncio. “El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres, ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. ” (Hechos 17:22-25. Nueva Versión Internacional).

Lea de nuevo el pasaje y observe la forma magistral como llega a los atenienses: con un tema neutral, tomado de la cotidianidad que ellos podían apreciar, e inmediatamente después se enfoca en el asunto que le movía: evangelizar.

Es primordial aprender a establecer un canal de comunicación de manera neutral. Esto genera un terreno de confianza que podemos aprovechar adecuadamente.

2.- No es prudente abrir polémicas religiosas

Con frecuencia en nuestro propósito de llegar a una persona, encontramos a quienes –prevenidos por experiencias similares— nos reciben con preguntas que contrarrestan el propósito de establecer un diálogo equilibrado.

Es probable que le formulen interrogantes como: ¿Ustedes qué opinan de la virgen María? ¿Por qué pagan los diezmos? ¿Por qué los evangélicos no tienen Papa como nosotros los católicos si le reconocemos como máximo jerarca? y una serie innumerable de cuestionamientos que no viene al caso consignar aquí y que probablemente haya experimentado en alguna ocasión.

Frente a una situación así, lo más aconsejable es no entrar en el terreno de la polémica que no conduce a ningún lado y, por el contrario, pueden desencadenar enfrentamientos que no aportan nada a la evangelización.

Con mucho tacto, eluda esas preguntas comprometedoras que pretenden estimular un enfrentamiento de carácter teológico.

¿Cómo dirigirse a una persona?

El abordar a alguien viene acompañado de actitudes que son fundamentales para dar solidez al diálogo.

En primera instancia, es necesario mirar a los ojos a aquella persona que abordamos. No existe nada más chocante que alguien que habla sin siquiera dirigirse a su interlocutor.

Igualmente, observe serenidad y compostura. Así el interlocutor quiera llevar la conversación al terreno del debate, no permita que éstas circunstancias le conduzcan a perder la calma.

Aunque suene cómico, hay quienes en el proceso de evangelizar terminaron enzarzados en tremendas discusiones.

Maneje la situación. Si considera que está incursionando en una polémica, con prudencia evada el asunto.

Para terminar este asunto inicial, no olvide jamás que es necesario evidenciar seguridad no solo en lo que creemos sino también en lo que decimos.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1740


Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial

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