¿Está siendo poderosa su oración?

(Lección 11 – Nivel 2)

Si algo caracteriza las oraciones de un cristiano, es el poder que desencadenan. Tocan el corazón de Dios, la fuente de todo poder, y lo posible se hace imposible. ¿Lo ha pensado así?

Una mujer me escribió desde ciudad de México. Su esposo andaba de “correrías” con otra mujer. Ella estaba literalmente desecha, porque todos sus sueños de un hogar estable, con hijos y hasta nietos, parecía estar al borde del abismo. “No sé qué hacer”, me decía al final del correo electrónico.

Mi respuesta estuvo orientada a decirle que reñir con su esposo no daría resultado. Que el verdadero camino estaba en buscar a Dios que diera la batalla por ella. Que en sus fuerzas no haría más que empeorar las cosas. Oró y el Señor respondió. Comprobó el poder de la oración.

Ahora, permítame preguntarle: ¿Siente que sus oraciones desencadenan el poder divino? Quizá sienta que no hay respuesta oportuna a su clamor, en cuyo caso le citaré a Nick Vujicic cuando escribe:

“Claro que, a veces, no hay respuesta para nuestras oraciones… ¿Cómo es posible mantener la fe en medio del sufrimiento? La fe aparece aún en los peores momentos para probarnos la Presencia de Dios. Incluso en las peores situaciones, las que parecen estar más allá de nuestras capacidades, Dios sabe cuánto pueden soportar nuestros corazones… En los momentos más difíciles, siempre mantengo la esperanza de que Dios me dará la fuerza necesaria para sobrellevar los desafíos y los dolores de cabeza, y que me esperan días mejores, si no es en esta tierra, entonces ten por seguro que será en el cielo.” (Nick Vujicic. “Una vida sin límites”. Editorial CEBGE. Colombia. 2013. Pgs. 52, 53)

Por muchas razones aparentes que haya para renunciar a la búsqueda de Dios, no podemos olvidar que justamente a través de la oración experimentamos crecimiento espiritual. No podemos creer que simplemente por ir a la iglesia y leer la Biblia ya estamos desarrollando nuestra espiritualidad, es necesario orar. Tanto como el alimento diario o el aire que respiramos.

Es a través de la oración que nos despojamos de quienes podamos ser, y nos examinamos delante del Señor, como leemos en las Escrituras: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna.” (Salmos 139:23, 24; Cf. 119:18 NTV)

Ese es un primar gran paso porque reconocemos el Dios de santidad al que nos estamos dirigiendo. El segundo paso es saber que justo en Su Presencia y con arrepentimiento sincero, somos perdonados, como escribió el rey David: “Lávame de la culpa hasta que quede limpio y purifícame de mis pecados.” (Salmos 51:2. NTV)

Si queremos entonces, que las oraciones que elevamos ante el Padre celestial, desencadenen poder sobrenatural, es importante que evaluemos con honestidad, cómo andamos delante de Su Presencia.

Permítame traer a colación aquello que enseñó el gran evangelista del siglo XIX, Reuben Archer Torrey:

“En respuesta a la oración obtengo sabiduría para conocer el camino y la fuerza para caminar en Él. Cuando encuentro a Dios en la oración y contemplo Su rosto, soy transformado de gloria en gloria a su imagen. Cada día de oración me encuentro más parecido a mi glorioso Señor.” (R.A. Torrey. “Cómo orar”. Editorial Peniel. Buenos Aires, Argentina. 2006. Pg. 28)

Es tiempo de ponernos cuentas con Dios. Es el umbral para que grandes cosas ocurran en nuestras vidas y en las de la misión o la congregación en la que nos reunimos periódicamente.

Tenga presente en todo momento que orar delante del Padre celestial produce al menos cuatro impactos:

  1. La oración trae cambios a nuestra vida
  2. La oración trae poder a nuestro desenvolvimiento ministerial
  3. La oración produce transformación entre quienes nos desenvolvemos
  4. La oración bendice a nuestra congregación

Cuando haya voces que le hacen pensar que no vale la pena orar, rechácelas porque sin duda no vienen del Dios de poder en el que creemos. Son voces desde el mismísimo infierno que quieren alejarlo del camino de Poder que hallamos en nuestro Creador cuando oramos. Es hora de actuar, como nos enseñan las Escrituras (Salmos 119:128 a). Y el primer paso en esa dirección, la de ver cómo ocurren las transformaciones, es mediante la oración.

Secretos que desencadenan el poder de Dios

Todos anhelamos que al orar se desencadene el poder divino, aquél poder que hace posible lo imposible, que rompe todo esquema, que no se sujeta a ninguna lógica y que nos lleva a caminar en la dimensión sobrenatural.

Si le buscamos de corazón, con sinceridad, rindiendo nuestro corazón, Dios responde. Es aquí donde cabe recordar de nuevo las sabias palabras del evangelista, Reuben Archer Torrey:

“La oración que tiene poder es la oración que se ofrece a Dios. Muchas de las oraciones tanto públicas como privadas, no se dirigen a Dios. Para que una oración sea dirigida realmente hacia Dios, debe haber un acercamiento consciente a Él cuando oramos; debemos tener un concepto vívido y definido de que Dios está inclinado con su oído escuchándonos mientras oramos.” (R.A. Torrey. “Cómo orar”. Editorial Peniel. Buenos Aires, Argentina. 2006. Pg. 28)

Dios está ahí, cuando doblamos rodilla en Su Presencia. Nos escucha. Desea responder a nuestro clamor. Basta que las oraciones reconozcan que Él es quien lo puede todo, y que en nuestras fuerzas, siempre llegamos a un callejón sin salida, donde difícilmente podemos cambiar humanamente lo que sólo desde la dimensión espiritual— aquella donde encontramos a Dios— puede producirse.

A partir de lo que describe el libro de Los Hechos en el capítulo 12, encontraremos al menos cinco secretos de una oración eficaz que comparto hoy con usted:

1.- El pueblo de Dios ora a Dios

¿Quién puede resolvernos los problemas o transformar las circunstancias y aún personas sino el Dios en el que hemos creído? Es cierto, nuestra fe se ve confrontada y probada en muchas circunstancias, pero cualquiera sea la situación, siempre deberemos confiar en Aquél que hace posible lo imposible.

El pasaje describe que durante el reinado de Herodes Agripa se liberó una persecución inmisericorde contra los cristianos. Al ver que esas arbitrariedades agradaban a los judíos, ordenó la muerte de Santiago— el hermano de Juan— y el encarcelamiento del apóstol Pedro. Lo llevaron hasta el lugar más profundo de la mazmorra.

¿Qué podían hacer los cristianos? No tenían poder en el gobierno, enfrentaban la animadversión de gran cantidad de judíos y, además, uno de sus líderes más sobresalientes estaba encadenado en una fría celda, a la espera de ser juzgado en escarnio público.

Los creyentes en el Señor Jesús hicieron lo que usted y yo debemos hacer hoy: Orar. Dice el pasaje Escritural: “Pero, mientras Pedro estaba en la cárcel, la iglesia oraba fervientemente por él.” (Hechos 12:5. NTV)

Si usted dice creer en Dios, es Dios quien debe ocupar el centro de su existencia y a quien debe recurrir en toda circunstancia. No tiene por qué buscar en otro lugar lo que sólo Dios puede proveerle: Un poder sin límites.

2.- Certeza de que Dios responde a nuestras oraciones

Si algo caracterizó a los creyentes del primer siglo— y nos debe caracterizar hoy— es la convicción de que Dios responde a nuestras oraciones (Cf. Hebreos 11:1). No se desanimaron a pesar de la férrea oposición que enfrentaban. Sabían que habían creído en un Dios de poder. Al leer de nuevo el versículo 5, hallamos que depositaron toda su confianza en el Señor cuando todo parecía oscuro, cuando el panorama lucía ensombrecido.

Si pedimos, recibimos. Es algo maravilloso que nos enseñó nuestro amado Salvador Jesucristo: “Así que les digo, sigan pidiendo y recibirán lo que piden; sigan buscando y encontrarán; sigan llamando, y la puerta se les abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.” (Lucas 11:9, 10. NTV)

Le invito para que considere cuidadosamente lo que enseña este pasaje. Pedir, creer, y esperar. Hay un Dios que nos ama y como Padre que procura lo mejor para nosotros, responde con poder a nuestras oraciones.

3.- La clave: Perseverar en la oración

Al principio, con una inmisericorde persecución y Pedro en la cárcel, pudo embargarlos el desaliento, pero se volcaron a orar. No dejaron de hacerlo en ningún momento, como explica el texto al señalar que el centro de reunión de los creyentes estaba avivado en oración: “... la casa de María, la madre de Juan Marcos, donde muchos se habían reunido para orar.” (Hechos 12:12. NTV)

El conferencista y autor, Nick Vujicic, nos alienta con las siguientes palabras: “Una de las mejores maneras que he encontrado para mantener mi fe cuando nuestras oraciones no reciben respuesta es acercándome a otros... En mi caso, y en el de mis compañeros cristianos, la salvación yace en la relación que tenemos con Dios y en la confianza que depositamos en Su amor y sabiduría.” (Nick Vujicic. “Una vida sin límites”. Editorial CEBGE. Colombia. 2013. Pg., 53)

Si hemos creído en Dios, sabemos que Él responderá. Y además, que debemos perseverar, como enseñó nuestro amado Señor Jesús: “Cierto día, Jesús les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos.” (Lucas 18:1. NTV)

Un poco más adelante en el tiempo, el apóstol Pablo instruyó para que “Nunca dejen de orar.” (1 Tesalonicenses 5:17. NTV)

Si ha renunciado a la oración hoy es el día para que retome esa búsqueda incesante de Dios, perseverando. ¡Dios responderá con poder! En esa perseverancia debe poner todo su ser.

4.- Aprender a pedir adecuadamente

La circunstancia que reunía a los primeros creyentes era la necesidad de que Pedro recobrara la libertad. Clamaron porque sabían que en el poder sobrenatural de Dios sí era posible. Lo hicieron con perseverancia, desestimando cualquier voz de desaliento.

El problema que tenemos es que, generalmente, no sabemos qué o cómo pedir. El apóstol Pablo recomendó que dependamos del mismo Espíritu Santo para aprender de qué manera orar: “Además, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración, pero el Espíritu Santo ora por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras.” (Romanos 8:26. NTV)

Estoy convencido que muchas veces no somos específicos al orar o que hay detrás de cada oración un interés personal antes que honrar y glorificar a Dios cuando se produzca el milagro. En el caso de los creyentes del primer siglo, fue el Señor quien se glorificó cuando se produjo el milagro.

5.- Unidad cuando oramos

Los creyentes debemos mantener la unidad cuando oramos. Los cristianos del primer siglo lo hicieron así cuando procuraban la libertad del apóstol Pedro. Estaban bajo un mismo techo en clamor. ¿Cuándo fue la última vez que usted asistió a una vigilia de oración? ¿Asiste acaso a los ayunos congregacionales, donde se ora en unidad, o quizá dejó de hacerlo?

El Señor Jesús enfatizó en la necesidad de orar en unidad: “También les digo lo siguiente: si dos de ustedes se ponen de acuerdo aquí en la tierra con respecto a cualquier cosa que pidan, mi Padre que está en el cielo la hará.” (Mateo 18:19. NTV)

Probablemente usted está necesitando un milagro de Dios. Debe orar. Es el camino, el más indicado. Y en segundo lugar, confiar esa petición de oración a otros creyentes.

…Y el milagro de Dios se produjo

Como consecuencia de la oración, lo que parecía imposible, se produjo. Leemos en las Escrituras que: “ La noche antes de ser sometido a juicio, Pedro dormía sujetado con dos cadenas entre dos soldados. Otros hacían guardia junto a la puerta de la prisión. De repente, una luz intensa iluminó la celda y un ángel del Señor se puso frente a Pedro. El ángel lo golpeó en el costado para despertarlo y le dijo: «¡Rápido! ¡Levántate!». Y las cadenas cayeron de sus muñecas. Después, el ángel le dijo: «Vístete y ponte tus sandalias». Pedro lo hizo, y el ángel le ordenó: «Ahora ponte tu abrigo y sígueme».” (Hechos 12:6-8. NTV)

Me asiste la firme convicción— y usted mismo lo comprobará— que una vida de oración puede producir transformación en su existencia, en la de personas que le rodean y en la sociedad en la que se desenvuelve. Basta que tenga en cuenta los sencillos principios que hemos compartido hoy. Puedo asegurarle que su vida de oración será dinámica, y como consecuencia, verá que lo imposible se hace posible.

Si aún no ha recibido a Jesucristo como señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga porque prendidos de la mano del Señor Jesús emprendemos el maravilloso camino hacia el crecimiento personal y espiritual que tanto hemos anhelado.

Tareas para avanzar en la Lección:

Por favor, lea cada una de las preguntas. Busque la cita bíblica. Si considera complicado el interrogante, puede releer la enseñanza de hoy. Sin duda encontrará todas las respuestas…

  1. ¿Ha pensado que si oramos a Dios se desencadena un poder sobrenatural que hace posible lo imposible?
  2. ¿Por qué es importante examinar nuestra vida delante de Dios cuando oramos (Salmos 139:23, 24; 119:18)?
  3. ¿Qué ocurre cuando reconocemos delante de Dios nuestros errores (Cf. Salmos 51:2)?
  4. ¿En qué áreas de nuestra vida la oración produce impacto?
  5. ¿Qué leemos respecto a lo que hacía la iglesia del primer siglo cuando Pedro estaba en la cárcel (Cf. Hechos 12:5)?
  6. ¿Qué nos enseñó el Señor Jesús en cuanto a pedir y recibir (cf. Lucas 11:9, 10)?
  7. ¿Por qué la perseverancia es clave en la oración (c. 1 Tesalonicenses 5:-17)?
  8. ¿Cómo respondió Dios a la oración de los cristianos del primer siglo (Cf. Hechos 12: 6-8)?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1616


Publicado en: Escuela de Oración

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