¿Está alcanzando a familiares y amigos para la nueva vida de Dios?

Debemos al nuevo creyente espiritual hasta que crezca y sea maduro

1.- Lectura Bíblica: Romanos 10:17

2.- Versículo para memorizar:

"Así que la fe viene por oír, es decir, por oír la Buena Noticia acerca de Cristo.” (Romanos 10:17. NTV)

3.- Reflexión en la Palabra de Dios:

Lo invito a pensar en alguien a quien llamaremos Javier. Tiene 34 años. Hace cinco años trabaja como Contador en el área administrativa de la empresa. Acostumbraba a beber los fines de semana y, aun cuando estaba recién casado, no desperdiciaba oportunidad para ir tras aventuras, la mayoría de las cuales como es apenas natural, le dejaban una profunda sensación de vacío en el corazón.

Uno de sus amigos oraba por él. Un compromiso que asumió cierto día que lo vio derrumbado en un andén, camino del parqueadero de autos. Ese día había bebido tanto que no tenía fuerzas para moverse por sí mismo. Y clamó a Dios por su vida no una sino muchas veces. Y la oportunidad de testificarle de Cristo vino hacia fin de año, cuando Javier le preguntó por qué razón no iba a las fiestas de los empleados.

Tengo alegría en mi vida y la consigo de otra manera: en mi relación con Cristo”, le dijo. Y esas palabras le interesaron tanto que decidió saber un poco más.

Fue una experiencia que le permitió relacionarse con Jesús. Tras un diálogo de varias horas terminaron por acordar visitar la iglesia. Y llegó a conocer a Cristo, de una manera personal, y abrirle las puertas de su corazón.

Javier progresivamente fue creciendo en la fe. Su amigo lo acompañaba, brindándole una voz de ánimo cuando lo veía a punto de derrumbarse por creer que no tendría las fuerzas necesarias para seguir adelante. El secreto del avance, a veces lento pero sólido, estriba en que estuvo siempre a su lado, despejó sus interrogantes y le recordó que la vida cristiana se edifica día a día tomados de la mano del Salvador.

¿Recuerda el día que recibió a Jesús como Señor y Salvador? Sin duda que sí. A la mayoría nos ocurre. Tenemos vivas imágenes del momento en que nos rendimos a los pies del Maestro. No obstante la pregunta es: ¿Perseveró usted en esa decisión? es probable que no porque aceptó a Cristo sin tener mayor conciencia del paso que estaba dando. Ese es otro fenómeno que ocurre con la mayoría de las personas.

¿Qué resultados desencadena? Que a las pocas horas o días ya están dispuestos a volver atrás. Bien porque el enemigo espiritual los tienta o sencillamente porque consideran que no tienen la fuerza para renunciar al pecado.

El apóstol Pablo escribió: "Así que la fe viene por oír, es decir, por oír la Buena Noticia acerca de Cristo.” (Romanos 10:17. NTV)

Un alto porcentaje de cristianos se limitan a compartir el evangelio o quizá llevar las personas a una campaña evangelística o un servicio en la iglesia. Pero, ¿es eso suficiente? Claro, yo mismo he predicando grandes campañas pero ese mismo hecho me lleva a ser consciente que muchos de quienes pasaron al frente para hacer decisión de fe no perseveraron en el camino de Cristo.

Esa realidad que no podemos ocultar nos debe llevar a considerar la apreciación que tiene Mario E. Fumero, un experimentado autor y formador cristiano, cuando señala:

“No podemos provocar una emoción de conversión, no debemos empujar a las personas a aceptar a Cristo sin entender bien el mensaje del Señorío de Cristo. Debemos dejar obrar al Espíritu, para que produzca el querer y el hacer en la vida de ese hijo que queremos concebir en medio de la Palabra.” (Mario E. Fumero. “La paternidad espiritual”. Editorial Unilit.966. EE.UU. Pg.19)

El primer gran paso es que el nuevo convertido comprenda qué hizo a confesar a Jesús como Señor y Salvador y qué significa esto para su vida personal, espiritual y familiar. En segundo lugar, asumir la tarea de acompañar a este nuevo hermano en la fe en un proceso de discipulado hasta que tenga solidez en su vida cristiana. Si nos limitamos a predicar, en cierta medida estaremos cosechando para — horas después — ver de qué manera se pierde el grano sin que saquemos un buen aprovechamiento.

4.- Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a.- ¿Comparte usted la fe de Jesucristo a sus familiares y amigos?

b.- ¿De qué manera les comparte las Buenas Nuevas?

c.- ¿Está pendiente del crecimiento personal y espiritual de esa persona?

d.- ¿Le brinda acompañamiento espiritual al nuevo creyente?

En adelante procuraré espacios para predicar, con ayuda de Dios, el Evangelio a familiares y amigos.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2851


Publicado en: Devocionales Diarios

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