Ejerciendo un liderazgo familiar de excelencia

Dios nos ayuda a desarrollar un adecuado liderazgo familiar

1. Lectura Bíblica: Tito 1:6-8

2. Objetivos:

2.1. Que al término de la reunión del Grupo Familiar los concurrentes comprendan la importancia de ejercer un adecuado liderazgo cristiano en la familia

2.2. Que al término de la reunión del Grupo Familiar los concurrentes asuman la responsabilidad de identificar en qué están fallando y el tipo de correctivos que deben aplicar en sus vidas.

2.3. Que al término de la reunión del Grupo Familiar los concurrentes evalúen con sinceridad cómo anda su relación de familia.

3. Desarrollo del tema:

¿Cómo lograr que la relación de pareja y con los hijos experimente crecimiento? Es una de las preguntas que se formulan con mayor frecuencia a los guías espirituales cristianos, a sicólogos, a consejeros de familia e, incluso, a quienes estando en el mundo, muestran algún grado de sabiduría.

Probablemente usted se formula el mismo interrogante. Desea una relación familiar armoniosa, en la que haya no solo amor sino comprensión y tolerancia. Desea que cada día la relación crezca y resulte enriquecedora para todos. El eje central, si desea que a nivel de su hogar se experimente un cambio, es involucrar a Dios. Permitirle que ocupe el primer lugar.

Los especialistas coinciden en asegurar que uno de los problemas estriba en que justamente los líderes son quienes mayores problemas de familia enfrentan. No debiera ser así, según lo racionalizamos en el imaginario colectivo, pero es real. Pareciera que sabemos liderar en todas las áreas menos en el hogar.

3.1. Un liderazgo familiar de excelencia comienza con un buen testimonio de vida

A menos que todos los esposos y esposas experimentemos una transformación personal, no podremos liderar adecuadamente en la familia. Este aspecto fue abordado por el apóstol Pablo quien al escribir a creyentes como Tito, en el primer siglo de nuestra era, le enseñó:

“El anciano debe llevar una vida intachable. Tiene que serle fiel a su esposa, y sus hijos deben ser creyentes que no tengan una reputación de ser desenfrenados ni rebeldes.” (Tito 1:6. NTV)

Es importante tomar nota del llamado que hacen las Escrituras a una vida intachable. Un testimonio del que nadie puede dudar ni tampoco, poner en tela de juicio nuestro comportamiento como creyentes. Ese proceso se fundamenta en la decisión de revisar en qué estamos fallando en nuestra condición de esposos o esposas, y aplicar correctivos. Es cierto, no podremos lograrlo en nuestras fuerzas, pero sí con ayuda de Dios.

Ligado al compromiso de vivir un testimonio a toda prueba, vienen dos principios más: el esposo debe ser fiel— en pensamiento y obra— a su cónyuge, y asumir la responsabilidad de educar a sus hijos en sólidos principios de fe. Esos tres cimientos no son triviales sino por el contrario, relevantes; revisten importancia porque son el fundamento de una vida familiar victoriosa.

3.2. Un liderazgo familiar de excelencia se afianza con el crecimiento permanente

La vida cristiana es dinámica. Quienes profesamos ser seguidores del Señor Jesús, experimentamos crecimiento permanente en la vida de fe pero también, en las relaciones que desarrollamos con nuestro cónyuge y los hijos. Sólo cuando alcanzamos este nivel, podemos servir adecuadamente en la extensión del Reino de Dios.

El apóstol Pablo le escribió a su discípulo Tito: “Pues un anciano es un administrador de la casa de Dios, y debe vivir de manera intachable. No debe ser arrogante, ni iracundo, ni emborracharse, ni ser violento, ni deshonesto con el dinero.” (Tito 1: 7. NTV)

Las Escrituras enseñan que aquella persona que sirve en el Reino de Dios, es un “administrador” lo que compromete el servir con conciencia, con compromiso, con perseverancia. Tres elementos que se conjuntan para configurar al cristiano que vive a Cristo como Dios lo espera.

Otro elemento que va de la mano con los principios que hemos mencionado hasta ahora es que un cristiano que ejerce un liderazgo cristiano eficaz, tiene dominio propio; en otras palabras, no se deja arrastrar por sus emociones. Sabe gobernarlas. En esencial, comprende que depender de Dios es lo que nos permite vencer en todas las áreas, incluso en nuestro mundo interior.

3.3. Un liderazgo familiar de excelencia reprograma su vida para escoger lo bueno

Saber liderar al interior de la familia demanda que aprendamos a escoger lo bueno. Identificar qué nos conviene personalmente pero, también, qué es lo mejor para la familia. No es fácil, porque generalmente fallamos y los errores llegan a cauterizar nuestra conciencia. No obstante, con ayuda de Dios y en la medida en que vamos experimentando crecimiento, aplicamos correctivos a los errores y esa disposición de cambio ejerce poderosa influencia en nuestro entorno familiar.

El apóstol Pablo escribió: “Al contrario, debe recibir huéspedes en su casa con agrado y amar lo que es bueno. Debe vivir sabiamente y ser justo. Tiene que llevar una vida de devoción y disciplina.” (Tito 1:8| NTV)

Observe por favor que el apóstol menciona la disciplina, es decir, la inclinación a mantenernos en una línea firme, la de vivir a Cristo, conforme a sus enseñanzas y guiar en esa dirección a nuestro cónyuge y a nuestros hijos. Por supuesto, lo hacemos a partir de la enseñanza. Recuerde que la mejor forma de edificar familias sólidas es con nuestra enseñanza.

Inclinarnos por lo bueno, nos lleva a ser sabios y, por supuesto, a vivir sabiamente. No solo está en nuestra forma de pensar sino en nuestros hechos. Y esos cambios, sinceros, consistentes en el tiempo, a los cuales no se renuncia, afectan positivamente a nuestra familia.

La mejor decisión de toda familia es permitir que Dios reine en ella. No es una decisión a la ligera, sino una decisión a conciencia, que traerá cambios al interior del hogar.

La recomendación final es que, si no ha recibido a Jesucristo como su Señor y Salvador, lo haga ahora mismo. No se arrepentirá. Con su divina ayuda experimentará crecimiento personal, espiritual y familiar. ¡Abrale la puertas de su corazón!

4. Preguntas para la discusión en el Grupo Familiar:

  1. ¿Cómo anda la relación de familia?
  2. ¿Ha identificado en qué aspectos se está fallando en la relación con su cónyuge y con los hijos?
  3. ¿Somos buenos líderes a nivel familia?
  4. ¿Por qué el apóstol Pablo enseñó que los creyentes deben vivir de manera intachable (Tito 1: 6 a)?
  5. ¿En qué áreas reconoce que ha estado fallando y qué correctivos podría aplicar desde hoy?
  6. ¿Se incomoda cuando su cónyuge le hace notar sus errores o cuando le pide que se esfuerce por cambiar?
  7. ¿Qué importancia reviste edificar los hijos en sanos principios de fe y con fundamento en las Escrituras?
  8. ¿Por qué el apóstol Pablo recomienda a los esposos que ejerzan dominio propio (Tito 1:7)?
5. Oración al terminar la Célula familiar:

“Amado Dios y Padre celestial, te agradecemos porque eres nuestro Dios, estás siempre con nosotros y nos ayudas a encontrar soluciones cuando surgen problemas en la relación de familia. Gracias porque eres tú quien nos concedes sabiduría. Te pedimos que tomes el control de nuestra relación al interior del hogar y nos permitas hallar salidas a los momentos de dificultad. Concédenos la orientación necesaria para aprender de qué manera podemos liderar adecuadamente en la familia. En tus sometemos nuestras vidas durante esta semana. Amén”

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1152


Publicado en: Grupos Familiares

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