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¿De qué manera nos afectan las preocupaciones?

¿De qué manera nos afectan las preocupaciones?

"Las preocupaciones se han convertido en mi mayor problema como cristiana. Me roban la paz. Me asaltan constantemente. He intentado varios métodos, pero, definitivamente, no funcionan. Gracias por la orientación que puedan darme."

L.F.R.G., desde Guayaquil, en Ecuador.

Respuesta:

Uno de los males de nuestro tiempo lo constituyen las preocupaciones. Muchas de las inquietudes que nos roban la paz interior, no tienen fundamento. Sin embargo, nos empecinamos en permanecer afanados en el día a día.

¿Qué nos producen las preocupaciones?
  • Desasosiego
  • Estados de ánimo variables
  • Afectan nuestras relaciones al interior del hogar y con otras personas.
  • Nos distancian de Dios
  • Alimentan dudas y desesperanza en nuestro desenvolvimiento cotidiano.
De acuerdo con Joseph LeDoux, de la Universidad de Nueva York, preocuparnos resulta toxico para nuestro organismo:

"Algo que sabemos bien desde un punto de vista psicológico es que los efectos de preocuparse demasiado pueden ser incluso más peligrosos que aquello que realmente nos preocupa. Parece un juego de palabras, pero en realidad va más allá. Cuando derivamos en esos estados en los que el estrés intensifica y distorsiona hasta el más mínimo detalle, todo acaba fuera de control, tomamos las peores decisiones y el malestar emocional se intensifica. Un ejemplo, cuanto más nos obsesionemos por nuestra mala calidad del sueño, más insomnio padeceremos. Cuanto más nos preocupemos por mostrarnos eficaces y perfectos en nuestro puesto laboral, más fallos llegaremos a cometer. Es más, si nos preocupamos en exceso de que nuestra pareja deje de querernos, crearemos situaciones en las que la otra persona se sienta más presionada e incómoda."

El funcionamiento cerebral se ve afectado por las preocupaciones y, generalmente, tomamos decisiones equivocadas.

PREOCUPARNOS, UN DISPARADOR DE LAS EMOCIONES DAÑINAS

Con las inquietudes, se disparan las emociones y, si no sabemos controlarlas, lo más probable es que tendremos problemas, con nuestra salud y con las relaciones interpersonales.

Entre las consecuencias más comunes, se cuentan:
  • Sufrimiento
  • Agotamiento
  • Negatividad
  • Desánimo
  • Irritabilidad
Lo más común es que nuestros procesos cognitivos fallen, lo que se refleja en:
  • Fallos de memoria.
  • Problemas de concentración.
  • Dificultad para tomar decisiones.
  • Problemas para comprender mensajes, textos y concentrarnos en las conversaciones.
¿QUÉ HACER ENTONCES?

La clave no está en dejar de preocuparnos. La respuesta está en aprender a preocuparnos mejor. De lo contrario, tal y como nos explican en un estudio llevado en la Universidad de Cambridge por el doctor Ernest Paulesu, corremos el riesgo de derivar en un trastorno de ansiedad generalizada.

Nuestro amado Dios y Salvador Jesucristo dio hace muchos siglos una salida:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30 | RV 60)

Cuando nuestra confianza está centrada en Dios:
  • Le entregamos nuestras inquietudes.
  • Tenemos la certeza de que el Señor obrará en el momento indicado y bajo las circunstancias propicias.
  • Transmitimos esa esperanza a las personas con las que interactuamos, comenzando por nuestra familia.
Recordemos nuevamente lo que enseñó Jesucristo:

“Dijo luego a sus discípulos: Por tanto, os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido.” (Lucas 12: 22, 23 | RV 60)

Es conveniente tomar en cuenta los siguientes consejos:

Analice sus pensamientos irracionales. Aunque no lo crea, cerca del 80 % de sus preocupaciones son desmesuradas y no tienen una base lógica.

Hable sobre sus emociones, póngales nombre, desahóguelas, sáquelas a la luz. Es posible que te esté preocupando en exceso por su trabajo porque, en realidad, se siente insatisfecho, porque no es feliz, porque no se satisface. Profundice en esas ideas.

No tome decisiones basándose solo en su estado de ánimo. Antes de decidir y actuar, aplique la calma y pase cada pensamiento por el filtro de la razón. Las emociones son importantes, pero si estas se amalgaman con el razonamiento pausado y centrado, actuará siempre con mayor acierto.

Es tiempo de hacer un alto en el camino y evaluar en qué estamos fallando. Es el momento oportuno de corregir. Recuerde que la vida terrenal es una y debemos, conforme a lo ha dispuesto Dios, vivirla al máximo.

A propósito, ¿ya recibió a Jesucristo como su único y suficiente Salvador? Hoy es el día para que lo haga. Permita que Él reine en su vida y en su hogar, es la mejor decisión que podemos tomar.

Publicado en: Consejería Familiar


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