¿De qué manera manejar acertadamente los conflictos en un equipo de trabajo?

(Lección 10)

Un adecuado liderazgo de equipo sólo se logra con ayuda de Dios

Cuando desarrollamos un trabajo, bien sea en la iglesia o a nivel secular, si hay algo de cuanto podemos estar seguros, es que surgirán dificultades. Los tropiezos en el interactuar con otras personas son algo inherente al ser humano.

¿Le ha ocurrido alguna vez? Lo más probable es que sí. Sobre esa base, es importante reconocer que en un líder reviste singular importancia saber manejar los problemas que salen al paso.

Como tenemos claro ese antecedente, es esencial que no nos dejemos provocar por las circunstancias. Y en caso de que alguien, en el equipo de trabajo se exalte, la principal recomendación es disminuir el tono de la beligerancia y no dejarnos arrastrar por el momento.

El rey Salomón, que sin duda debió enfrentar conflictos dado su liderazgo en Israel, escribió: “La suave respuesta aparta el furor, mas la palabra hiriente hace subir la ira. La lengua del sabio hace grato el conocimiento, pero la boca de los necios habla necedades.” (Proverbios 15:1, 2. La Biblia de Las Américas)

Es evidente que todos los seres humanos tenemos la tendencia a reaccionar. Si nos sentimos provocados, de inmediato respondemos. Frente a ésta situación, el autor bíblico propone responder con calma aun cuando en nuestro mundo interior se estén produciendo tormentas que nos insten a responder en el mismo tono agresivo con el que nos están hablando.

Definir un panorama claro del conflicto

Ningún conflicto surge de manera espontánea. Debe tener un origen. Es lo previsible. Sobre esa base, si surgen problemas, es importante detectar cómo se originaron y cuál podría ser la solución.

Lo aconsejable en todos los casos, es dialogar.

Permitir que las diferencias de criterio se agranden puede conllevar a ofensas verbales y físicas que no edifican sino que destruyen a quienes integran un equipo de trabajo.

El rey Salomón hizo la siguiente advertencia y a la vez recomendación: “El hombre irascible suscita riñas, pero el lento para la ira apacigua contiendas.” (Proverbios 15:18. La Biblia de Las Américas)

Como líderes debemos hacer gala de nuestra condición y procurar el entendimiento. Quien conserva la calma, generalmente tiene el dominio de la situación.

En Latinoamérica es común escuchar: “El que se enoja pierde”. Se refieren al hecho de que salirnos de los estribos, no genera buenas consecuencias. Sobre esa base, mantenernos en un buen nivel de serenidad es lo aconsejable en todas las circunstancias.

También, alrededor del manejo de los conflictos, Salomón escribe: “Con la mucha paciencia se persuade al príncipe, y la lengua suave quebranta los huesos.” (Proverbios 25:15. La Biblia de Las Américas)

Un líder debe ser paciente, tener manejo de las situaciones y emprender la búsqueda del entendimiento. Sólo de esta manera podrá enfrentar exitosamente los tropiezos que pueden surgir cuando se realiza trabajo en equipo o cuando estamos al frente de un grupo de personas ejerciendo el liderazgo.

¿Por qué surgen las dificultades?

Decía que es previsible que surjan las dificultades como consecuencia de pasar muchas horas, bajo importantes dosis de tensión y estrés, lo que hace surgir situaciones puntuales de confrontación interpersonal y, en el peor de los casos, es probable que se desencadenen batallas campales.

Frente a los conflictos tenemos dos opciones. Una de ella es quedarnos quietos, inermes, y la segunda, abordar el asunto de inmediato. Es, sin duda, lo más aconsejable.

Sobre esta base, comparto con usted diez recomendaciones para atender los problemas que puedan surgir:

1.- Identifique el problema a tiempo y no tarde en procurar resolverlo. Cuando intervenimos, lo más probable es que encontremos soluciones.

2.- No trate de imponer el entendimiento. Los conflictos son naturales en los seres humanos; pretender que haya un entendimiento por la fuerza no puede conducir más que a la agudización de los conflictos. En las soluciones deben participar todos.

3.- Tenga una perspectiva amplia del problema y de eventuales soluciones. No podemos creer que una solución— tal como la concebimos nosotros— es la única. Es esencial que tengamos un abanico de posibles salidas a los conflictos.

4.- Conozca a fondo el conflicto para proponer las soluciones. Si intervenimos sin tener claro qué factores originaron los problemas y, de paso, no sabemos cómo podríamos resolverlos, lo más probable es que contribuyamos a agudizarlos. En todos los casos debe prevalecer la prudencia. No tome partido.

5.- Busque puntos de coincidencia. En un conflicto no todo son puntos encontrados, de choque. Hay elementos de coincidencia, aspectos que se pueden conciliar o negociar. Cuando comience la búsqueda de soluciones, vaya despacio para ir resolviendo lo que no está bien claro y que ha producido el problema.

6.- No pierda el optimismo. Sólo quienes tienen fe, y más en su condición de líder cristiano, encuentran soluciones a los problemas al interior de un equipo de trabajo. Explíqueles a todos que usted encuentra sencillo el encontrar una solución. Es fe, es convencimiento, es disposición de colaborar.

7.- Reconozca que los problemas son normales. Comparta esta visión con su equipo. De esa manera quienes hayan generado las desavenencias no interiorizarán la idea de que son la oveja negra. Si se reúnen, hágales ver a todos que el objetivo de la reunión es resolver un problema de funcionamiento en el equipo de trabajo, no un conflicto de carácter personal.

8.- El equipo está por encima de todo. Como líderes, debemos insistir en que los objetivos comunes del equipo están por encima de las apreciaciones e intereses personales o particulares.

9.- Llegue a acuerdos y escríbalos. Si se logran consensos, deben consignarse por escrito, demandando de paso que todos asuman el compromiso de atender lo que se pacta. Que se honre la palabra. Defina claramente con el equipo una serie acciones específicas para mejorar el funcionamiento del grupo.

10.- Haga seguimiento a la búsqueda de soluciones. No basta con asumir compromisos sino con ceñirnos a ese propósito. Sobre esa base, vale la pena realizar reuniones periódicas para medir el avance en la aplicación de correctivos a aquellos aspectos que produjeron enfrentamientos.

¿Y en caso de no mejorar?

En el supuesto de que los conflictos al interior de un equipo de trabajo no se resuelvan, entraríamos en una segunda orientada a identificar quiénes están produciendo los problemas. En tal caso, una vez se detecte, entraríamos a abordar el asunto con ese colaborador en el grupo.

Preguntas para evaluar la comprensión y aplicación de la Lección de hoy:

a.- ¿Ha tenido conflictos en su trabajo en equipo?

b.- ¿Cómo ha manejado las diferencias de criterios con el equipo de trabajo?

c.- ¿Cree que quizá usted ha pretendido imponer sus criterios por encima de los demás?

d.- ¿Qué enseña a su vida el texto bíblico contenido en Proverbios 15:1, 2?

e.- ¿Cómo deberíamos reaccionar todos nosotros cuando se presentan motivos de conflicto, si seguimos el consejo de Proverbios 15:18?

f.- ¿Cuál es la característica que, de acuerdo con el rey Salomón, debemos demostrar todos los líderes de equipo (Propverbios 25:15)?

g.- La única persona que lo conoce, es usted mismo. Sobre esa base, ¿cree que podría asumir una actitud conciliadora cuando surgen los conflictos?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7266


Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial

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