Contagie a su familia con la fe si quiere cimentar un hogar sólido

(Cimentación Familiar – Cap. 11)

Estamos llamados a «contagiar» a nuestra familia con la fe

Si usted hubiese dialogado con Ramiro, habría corroborado la molestia que sentía porque su esposa no oraba.

No puedo entender cómo Laura se llama cristiana y a duras penas lee la Biblia y, de orar, ni se diga. No la he visto clamando en los últimos meses— dijo.

Sobra decir que resultó difícil hacerle entrar en razón. No podemos obligar a nadie para que busque a Dios. Es algo que debe nacer en el corazón.

¿Qué hacer entonces? Brindar ejemplo. Cuando no presionamos sino que damos el primer paso, la estrategia resulta eficaz.

Si usted ora y no ejerce presión, podemos asegurarle que pronto su cónyuge e hijos habrán recibido una poderosa influencia que les permitirá desarrollar una progresiva intimidad con Dios.

Enseñe a partir del ejemplo sobre el poder de la fe

Fe. Una palabra pequeña. Tan solo dos letras. Un significado enorme, como un océano.

Fe. La pequeña palabrita la repitió Laura no solo una sino miles de veces. Fe para salvar su matrimonio.

Fe en los momentos en los que la soledad de su habitación se tornaba más densa y parecía que jamás llegaría el sosiego. Fe para no renunciar cuando desvelada y al filo de la madrugada, terminaba por abandonarse a la resignación. Su marido no llegaba. Sin duda, otra nueva aventura en su historial de amoríos con los que minaba cada vez más la relación.

Y esa fe en la que se afincó, que la motivó a orar cuando ni siquiera quería volver sus ojos al cielo, fue la que salvó la relación.

Rodolfo llegó un sábado en la tarde totalmente decepcionado. Largos años de desenfreno le habían agigantado el enorme vacío que dominaba su corazón. Y no solo le pidió perdón sino que le rogó una nueva oportunidad.

Estaba tan cambiado que soportó con estoicismo la cascada de reclamaciones de su mujer. Hoy día no solo están juntos sino que no hay fin de semana que no procuren estar juntos. ¡Dios obró el milagro!

Y es que esa fe de la que tanto hablamos, está ausente de nuestras familias. Cuando vamos al libro de las familias victoriosas que es la Biblia, leemos un sabio consejo del rey Salomón: “Cuando la gente no acepta la dirección divina, se desenfrena. Pero el que obedece la ley es alegre.” (Proverbios 29:18. NTV)

Cuando leemos el pasaje de Proverbios 28:18, encontramos que son apenas dos líneas pero encierran una profunda enseñanza que cobra especial vigencia hoy: Si Dios no reina en nuestra vida, estamos condenados a ir al abismo, a nivel personal y familiar. No obstante, quien decide abrirle las puertas de su hogar a Dios, encontrará salida a las dificultades. ¿De qué manera? Poniendo en práctica la fe. Fe que nos hace vencedores. Fe que hace posible lo imposible. Fe que cambia las circunstancias.

Pero ligado a este fundamento bíblico que se hizo real en el matrimonio de Laura, está el hecho de que su cónyuge bien pronto estaba buscando a Dios en oración. Se contagió de la fe.

Transferir la fe, ¿es posible?

Leí en uno de los libros de Joel Osteen, una reflexión que comparto con usted:

Mi deseo es hablar de fe para sembrarla en la vida de los demás, animándoles cuando estén desanimados, promoviendo la generación de semillas de grandeza, las que Dios ha plantado en su interior, asegurándoles que lo mejor está por venir…” (Joel Osteen. “Este es tu momento”. Editorial Free Press. 2009. EE.UU. Pg. 5)

La fe es la que nos ayuda a creer que todo puede ser diferente, en la esfera personal y familiar, aun cuando las circunstancias digan lo contrario.

La fe es la que nos concede el valor para superar los obstáculos. Fe para que lo imposible se haga posible. Es la fe que necesitamos y que Dios nos concede diariamente.

Decídase a contagiar la fe en su familia

¿Sabía usted que nuestras actitudes se contagian? Si es una persona amable, que saluda, que da gracias, que expresa amor o quizá, es solidaria, su cónyuge y sus hijos terminarán asumiendo esos patrones de comportamiento. A partir de ahí, la influencia seguirá hasta irradiar su círculo de influencia.

Sobre esa base que tiene fundamentos científicos y que avala la sicología moderna, nuestras actitudes negativas también afectan a quienes nos rodean, comenzando por las personas que comparten el hogar con nosotros.

La decisión sobre qué tipo de influencia ejercemos y las actitudes que fortalecemos en nuestra vida familiar, es nada más que suya.

En ese orden de ideas hay una prioridad: contagie a su cónyuge e hijos de alegría, fe, confianza, amor, comprensión, tolerancia y de los valores que fortalecen nuestra vida en todos los órdenes.

Al respecto el autor y conferencista internacional, Norman Vincent Peale, escribió:

“Muchos están ya de vuelta, y han descubierto que el entusiasmo espiritual se suma a la verdadera vitalidad de la vida. Una razón para esta nueva forma de pensar que ha invadido a la nación entera es que nos hallamos inmersos en una auténtica revolución, que ha de aportar enormes beneficios de libertad, esperanza y bienestar a millones que, por desgracia, llegaron a pensar que lo único que podían conocer era el mundo negativo y descorazonado al que le había acostumbrado durante tanto tiempo.” (Norman Vincent Peale. “Hacia el éxito por el entusiasmo”)

Cuando vamos a las Escrituras nos encontramos con las palabras del apóstol Pablo quien escribió: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” (1 Tesalonicenses 5:16-18)

Observe detenidamente el texto. Nos deja claro que ser hombres y mujeres de fe, con una actitud positiva, no depende de Dios sino de nosotros.

Es un proceso en el que debemos tomar parte activa, disponer nuestro corazón, dejar que el Señor tome en sus manos todo aquello que nos roba la paz interior.

Hoy es el día para tomar una decisión, la de ser felices, con ayuda de Dios pero— de otra parte— de contagiar a su familia con la fe.

En el proceso de contagiar la fe, orar es muy importante

Si nos hemos fijado la meta de contagiar a nuestra familia con la fe, es importante que oremos en esa dirección.

En la Biografía que hacen de Luis Palau, el afamado evangelista enfatiza que no se puede concebir a un siervo de Jesucristo y más con compromiso ministerial, que no pase mucho tiempo en intimidad con Aquél que lo llamó. Plantea que esa misma fe que se desarrolla en quienes sirven a Dios, termina por ejercer una poderosa influencia en su familia.

Contagiar a la familia con la fe es un proceso. Demanda perseverancia. Y para dar solidez a esa transformación, reviste particular importancia que sigamos clamando por nuestro cónyuge e hijos, para que Dios toque sus corazones, los transforme y, además, los lleve a desarrollar intimidad con Él.

Cito aquí al apóstol Pablo cuando escribe a los creyentes de Éfeso:“Desde que me enteré de su profunda fe en el Señor Jesús y del amor que tienen por el pueblo de Dios en todas partes, no he dejado de dar gracias a Dios por ustedes. Los recuerdo constantemente en mis oraciones y le pido a Dios, el glorioso Padre de nuestro Señor Jesucristo, que les dé sabiduría espiritual y percepción, para que crezcan en el conocimiento de Dios. ” (Efesios 1:15-17. NTV)

Si deseamos una familia donde florezca la confianza en Dios y que intimen con Él, reviste singular importancia que nosotros mismos no dejemos de orar.

No se desanime. Persevere. Su familia podrá desarrollar un alto nivel de fe, como el que quizá usted mismo está experimentando hoy.

Reuber Archer Torrey, quien marcó generaciones enteras, asegura que:

“El ministerio de la intercesión es un ministerio poderoso y lleno de gloria, y todos podemos participar en él… Pero, por supuesto, para mantener ese espíritu de oración constante, debemos dedicarle tiempo, mucho tiempo, cuando nos aislamos en un lugar secreto a solas con Dios solo para orar.” (R.A. Torrey. “Cómo orar-Secretos de la oración para un buscador sincero”. Editorial Peniel. Buenos Aires. 2006. Pg. 15)

Nuestro amado Salvador Jesucristo nos dio un ejemplo. Era el primero en estar en pie, para irse a buscar al Padre en oración, e incluso cuando terminaba la jornada, por muy cansado que estuviera.

Hay dos textos en los que se pone en evidencia la disciplina de nuestro Salvador en cuanto a la oración: “A la mañana siguiente, antes del amanecer, Jesús se levantó y fue a un lugar aislado para orar.” (Marcos 1:35. NTV) , y también: “Cierto día, poco tiempo después, Jesús subió a un monte a orar y oró a Dios toda la noche.” (Lucas 6.12. NTV)

En el Antiguo Pacto no hubiésemos podido ir ante Su Trono, pero ahora sí, por la gracia que se deriva de la obra redentora de nuestro amado Redentor (Cf. Hebreos 4:16; Juan 16:24)

Todo proceso para llegar a su feliz culminación cumple unas metas. Y desarrollar intimidad con Dios forma parte de una dinámica de crecimiento personal y espiritual, que no es solamente para unos cuantos sino para todos aquellos que disponen su corazón.

Tenga presente que su crecimiento en la fe terminará por permear a su familia. Les llevará a experimentar cambios significativos, especialmente en su dependencia y confianza en Dios.

Una familia donde Dios reina, donde la fe crece cada día, es una familia llamada a tener la victoria en todo cuanto emprenden.

Decídase hoy a contagiar a su familia con algo sumamente poderoso: la fe.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=8233


Publicado en: Libros Electrónicos

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