¿Cómo puedo tener la certeza de que soy salvo?

La obra redentora de Jesús nos asegura la salvación

Fueron 85 días en alta mar. Una verdadera odisea. “El capitán se tiró al mar desesperado y se ahogó, otro murió por la presión muy alta, de hambre y de sed", relató el náufrago colombiano.

Sobre su nombre no se suministraron mayores detalles por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores. Razones diplomáticas, adujeron en la Cancillería.

Zarpó desde los límites con el Ecuador el 2 de febrero de 2016. Era una pequeña motonave de pesca. El miércoles 10 de febrero por la mañana — ocho días después de iniciar la travesía por Centroamérica — el tiempo cambió para mal. “El viento se nos vino (encima) casi en las aguas de Costa Rica y nos dañó el motor", relató.

Para sobrevivir, este pescador de 29 años, recogió agua de lluvia en recipientes para combustible.

"Comía aves o pescaditos que lograba pescar utilizando calamar", contó.

El 26 de abril, el servicio de guardacostas de Hawái, con base en Honolulu, recibió un llamado vía teléfono satelital del barco Nikkei Verde, un navío de bandera panameña que iba camino a China. Se toparon en el medio del Océano Pacífico con un pequeño esquife de siete metros, con un hombre desnutrido, deshidratado, con dermatitis y anémico abordo.

Débil pero eufórico por saber que la tragedia había acabado, subió la larga escalera desde su embarcación hasta la embarcación que lo rescató.

Volví a vivir. Estaba condenado a morir, pero he vuelto a la vida”, explicó.

En adelante, relató a la BBC, no ha vuelto a desperdiciar ningún segundo. La vida para él tiene un nuevo sentido. Mira cada nuevo día desde la perspectiva de una nueva oportunidad, un regalo que le ofrece Dios.

Oportunidad de vivir

La historia de este náufrago colombiano ocupó la primera plana de los diarios y abrió en la sección de los titulares en los noticiarios de televisión.

Estaba condenado a morir, y cuando creyó que había llegado al límite de sus fuerzas, descubrió que tenía la posibilidad de vivir. Una oportunidad única.

Esa misma es la situación de infinidad de hombres y mujeres que, como consecuencia de sus pecados, están prácticamente encaminados a la condenación eterna (Cf. Romanos 6:23). Sin embargo, el curso en la historia de su vida cambia cuando reciben la salvación.

Hay un versículo de la Biblia que se estima, es el más proclamado en todo el mundo: “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16. NTV)

Es un pasaje maravilloso. No dudo que usted lo haya leído, pero ¿cómo podemos tener la certeza de que somos salvos?

7 razones poderosas para creer que somos salvos

En mi amada Colombia cuando hay un ofrecimiento sorprendente, se suele decir: “De eso tan bueno no dan ni tanto ni gratis”. Esa puede ser una filosofía que usted esté aplicando ahora mismo. ¿Recibir salvación alguien que ha sido criminal, adúltero, deshonesto y una concatenación de más errores?

Sí, usted puede ser salvo. Basta que lo crea. Para sustentárselo, le invito a leer en la Biblia 7 razones poderosas que debemos creer:

  1. Creer en la obra que el Señor Jesús hizo en la cruz para redimirnos de nuestros pecados (Juan 3:14, 15; 2 Timoteo 3:15. Cf. Números 21:8)
  2. Si realmente somos sensibles a la voz del Señor, es necesario reconocer que el Espíritu Santo nos confirma que somos hijos de Dios, herederos de la salvación (Romanos 6:15-17; Juan 3:33, 34)
  3. Debemos reconocer las Escrituras como el medio a través del cual Dios nos habla y nos confirma sus promesas (Marcos 19.4, 5; Lucas20:37; Marcos 22:43, 44; Juan 10:34)
  4. Creer que Jesús se hizo hombre para traernos salvación (1 Timoteo 1:15)
  5. Aceptar que el Señor Jesús nos quita el velo espiritual para que podemos recibir sus maravillosas revelaciones (2 Corintios 3:16, 17)
  6. Corroborar en las Escrituras que en el Señor Jesús está la salvación (Juan 5:39, 40; 1 Pedro 1:8, 9)
  7. Aceptar que la salvación a través de Cristo es fruto de la gracia, misericordia y el amor de Dios por todos nosotros (1 Pedro 1: 3, 4)
Si hay abundante confirmación bíblica de que en Jesús somos salvos; que gracias a su sacrificio en la cruz fueron perdonados nuestros pecados, y que gracias a la redención tenemos vida eterna, ¿por qué vivir atados al temor? No hay motivo.

Una decisión desde hace muchos siglos

La mejor ilustración del por qué Dios envió a su Hijo Jesús a morir en la cruz, la encontramos en una historia tomada de la vida real.

Hace unos días un condenado a muerte en Irán fue perdonado en el último momento. Tenía la soga atada al cuello y lo estaban colgando. Todo parecía estar a la vuelta de terminar para él.

¿Cómo se produjo ese hecho sin precedentes que le permitió al condenado poder vivir? Uno de los familiares de la víctima lo perdonó…

De acuerdo con la ley islámica, los familiares de la víctima tienen la opción de perdonar al criminal y evitar así que se cumpla la condena.

El hombre está sumamente agradeció. Le asiste la firme decisión de cambiar de vida.

Nuestros pecados nos hacían merecedores de la muerte, pero desde antes de la creación y sabiendo de antemano que el hombre pecaría, Dios el Padre decidió perdonarnos. Y Él mismo definió el mecanismo. Envió a su Hijo Jesús a morir por nosotros.

Le invito a mirar esta realidad a partir de 5 pasajes bíblicos:
  • Jesús estuvo con el Padre desde antes de la creación (Juan 17: 5, 24; 8:59)
  • Jesús fue enviado por el Padre para cumplir una misión: nuestra redención (Juan 17:3)
  • Quien honra al Señor Jesús, honra al Padre (Juan 5: 22, 23)
  • Jesús está sentado con el Padre en la eternidad (Apocalipsis 5:13)
  • Jesús reconoció la grandeza del Padre (Filipenses 2:6-8; Hebreos 5:8; Juan 14.28)
No hay más que gratitud en el corazón de quien ha sido perdonado. Ese mismo sentimiento debe anidar en nuestros corazones. Dios el Padre nos perdonó aun cuando, como consecuencia de nuestros pecados, merecíamos la muerte.

De la mano del perdón, viene la vida eterna. Estaremos por siempre en Su presencia.

La misión redentora de Jesús cumplió las promesas de Dios

La salvación estaba anunciada desde siglos atrás. Sobre ese maravilloso acontecimiento predicho en las Escrituras, habían escrito varios profetas. Creer se convirtió en el eje central. Quienes no creyeron, en el tiempo que desarrolló su ministerio terrenal, se perdieron. Quienes creyeron y aún hoy, lo hacen, son salvos.

El apóstol Juan escribió: “Vino a los de su propio pueblo, y hasta ellos lo rechazaron; pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios.” (Juan 1:11-13. NTV)

Le invito a considerar al autor cristiano, Hans K. Larondelle, quien enseña:

“Para conocer a Jesús debemos tener conocimiento sobre lo que enseñan las Escrituras. Jesús viene a nosotros como el cumplimiento de las profecías mesiánicas y él quiere que creamos en él sobre esta base… La seguridad acerca de la divinidad de Jesús llega al estudiante de la Palabra proféticamente mediante la serena convicción del Espíritu de Dios y una sensación de apacibilidad en el corazón.” (Hans K. Larondelle. “La certeza de la salvación”. Editorial Apia. 1999. EE.UU. Pg. 19)
De nada sirve tener pruebas bíblicas a disposición si no disponemos el corazón para creer. Además hay múltiples razones, de las cuales citaré 4, sobre el cumplimiento Escritural de las profecías sobre la misión de Jesús. Él mismo lo confirmó:
  • Algunos de los discípulos reconocieron en Cristo al Hijo de Dios (Mateo 16:15, 16; Lucas 24:16-32)
  • Cristo mismo anunció que su misión había sido anunciada desde el profeta Moisés (Juan 5:46, 47)
  • En Cristo se cumplieron las promesas de Dios sobre la salvación del mundo (Lucas 24: 25, 26)
  • La promesa de Dios sobre la redención del mundo se cumplió en Cristo (Lucas 24:44, 45)
Por favor considere cada punto. Es cierto, desde la antigüedad el mundo pecó. Incluso nosotros, pecamos. Sin embargo, el plan eterno de Dios fue abrirnos las puertas para que fuéramos salvos y no termináramos en condenación eterna.

Retomo aquí las palabras del autor cristiano, Hans K. Larondelle:

Las Escritures describen a Jesús como plenamente divino. Él tiene toda la autoridad y todo el poder para salvarnos por la eternidad. Por ese motivo, cuando descansamos en la feen él, podemos encontrar la plena seguridad de nuestra salvación.” (Hans K. Larondelle. “La certeza de la salvación”. Editorial Apia. 1999. EE.UU. Pg. 25)

El camino es arrepentirnos de nuestros pecados, pedir perdón y volvernos a Dios. Hacer eficaz esa salvación en nuestra vida.

Jamás pierda de vista las palabras del amado Maestro: “Jesús le dijo: — Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto.” (Juan 11:25)

Es una noticia que trae esperanza y nos alienta a seguir adelante, tomados de la mano de Jesús el Señor. Fieles a Él.

Si no ha recibido a Jesucristo como Señor y Salvador, ábrale hoy las puertas de su corazón. No se arrepentirá.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=8731


Publicado en: Estudios Bíblicos

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