¿Cómo demostrar el amor a la familia?

Debemos aprender a expresar el amor a la familia

1.- Base Bíblica: 1 Juan 4:11, 12; Juan 13:34, 35;

2.- Objetivos:

2.1.- Que al término de la Célula Familiar, los participantes comprendan la necesidad de aprender a expresar el amor a su cónyuge y los hijos.

2.2.- Que al término de la Célula Familiar, los participantes valoren la importancia de expresar el amor a los componentes de la familia.

2.3.- Que al término de la Célula Familiar los participantes comprendan la necesidad de aplicar los tres componentes: Compromiso, entrega y perseverancia al expresar su amor.

3.- Desarrollo del tema:

Si hay un problema que se ha tornado común a los matrimonios, es que esposos y esposas se quejan de no recibir demostraciones de amor por parte de su pareja. “Ya no me quiera”, se lamentan ellas y, ellos— por su parte— consideran que en muchos casos las demostraciones afectivas son parte del pasado, que se quedaron en los recuerdos del noviazgo.

El asunto demanda atención porque la relación de pareja se enriquece cada día y se va irradiando también a nuestros hijos. Ellos reciben del amor que como pareja nos prodigamos. Y a su vez, cuando crezcan, demostrarán ese amor al interior de sus propias familias.

¿Cómo demostrar el amor a la familia? Es un interrogante que procuraremos despejar hoy.

3.1.- La necesidad de expresar el amor a la familia

Es común que al escuchar que se cometen fallas al interior de la familia, atribuyamos esa situación a otros hogares. “En el nuestro no es así”, decimos. Pero, ¿en realidad su casa es un lugar en el que cónyuge y sus hijos pueden decir: Recibimos demostraciones de amor? Es una pregunta que no debe quedar en el aire sino que, dada la importancia que reviste, demanda que la respondamos con el corazón.

Es más, conforme demostramos el amor a los componentes del círculo familiar, vamos descubriendo qué es lo que realmente les llena emocional y afectivamente: Una caricia, una palabra de aliento, un abrazo. Es un proceso que se surte con el tiempo y del cual no podemos esperar resultados de la noche a la mañana. Poco a poco vamos aprendiendo.

El afamado autor cristiano, Gary Chapman, brinda una apreciación que debemos tener en cuenta: “Muchas parejas se aman sinceramente, pero no expresan el amor de manera eficaz…. Descubrir cuál es la forma en la que su ser amado se siente valorado y querido, es un paso importante para desarrollar eficazmente maneras de expresar el amor.” (Gary Chapman. “Los cinco lenguajes del amor – Devocionales”. Editorial Tyndale House. 2012. EE.UU. Devocional 02/02)

Amar y saber expresarlo es una tarea en la que debemos comprometernos cada día. No es algo opcional, sino un imperativo que compartió con nosotros el amado Señor Jesús cuando dijo: “Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos». (Juan 13:34, 35. NTV)

¿Cómo saben las personas alrededor nuestro que somos realmente cristianos? Porque sabemos de qué manera expresar el amor. Es un distintivo, una característica que marca la diferencia donde quiera que nos encontremos. Y el primer lugar donde lo tornamos evidente, es en nuestra familia.

El amor tiene tres componentes que debemos demostrar a nuestro cónyuge y a nuestros hijos: Compromiso, entrega y perseverancia. Si hay compromiso, entenderemos que nuestra familia es muy importante para nosotros; si hay entrega, daremos lo mejor de nosotros para nuestro cónyuge e hijos, y si hay perseverancia, no nos daremos por vencidos fácilmente. Daremos nuevos pasos cada día.

3.2.- Mostrarnos como somos y no con apariencias

Cuando Laura y Camilo eran novios, eran un dechado permanente de amor. Sus allegados en la Universidad se quejaban de sus constantes arrumacos y besuqueos, sin importarles quién estuviera cerca. Ella era muy cariñosa: Le abrazaba, rodeaba su cintura y le sonreía constantemente; él le regalaba rosas, esquelas amorosas y chocolates. Eran la pareja perfecta. Pero dos años después de casados, cuando su primer hijo, convirtieron el hogar en un infierno.

Camilo descubrió que ella no era la princesa que imaginó, y Laura, por su parte, comprobó con tristeza que su marido era agresivo. Terminaron separándose pocos meses después de que estalló la crisis.

Los dos debieron admitir que nunca se mostraron tal como eran en el noviazgo y que se quitaron el antifaz una vez contrajeron nupcias.

Lo grave del asunto es que no es un caso aislado. Es un fenómeno más común de lo que imaginamos. Los jóvenes se enamoran y quieren pasar pronto a estar bajo un mismo techo, sin hacer un análisis cuidadoso de sus vidas, ni de cómo es realmente su pareja.

Ser sinceros, auténticos y mostrarnos tal como somos, es un aspecto muy importante. Es el paso para descubrir en qué familias, y con corazón dispuesto, aplicar correctivos. Sólo de esta manera, sin máscaras, podremos mostrar el amor real a nuestro cónyuge y a los hijos fruto de esa relación.

De esa manera, estaremos aplicando lo que enseñó el apóstol Juan: “Queridos amigos, ya que Dios nos amó tanto, sin duda nosotros también debemos amarnos unos a otros. Nadie jamás ha visto a Dios; pero si nos amamos unos a otros, Dios vive en nosotros y su amor llega a la máxima expresión en nosotros.” (1 Juan 4:11, 12.NTV)

No vivir en un mundo de mentiras y amar con autenticidad es otro de los distintivos del cristiano. Amamos porque hemos recibido el amor de Dios y estamos obligados a transmitirlo, y el primer círculo en el que estamos llamados a hacerlo, es en el hogar.

El autor y conferencista, Gary Chapman, recomienda: “Auto revelarnos permite conocer mutuamente nuestros pensamientos, deseos, frustraciones y alegrías. En una palabra, es el camino a la intimidad. ¿Cómo aprendemos a revelarnos? Usted puede comenzar aprendiendo a hablar de sí mismo con sinceridad…”

Es un proceso que demanda no centrarnos en el yo sino en nuestra pareja e hijos; pensar a partir de la perspectiva de que— cuando nos casamos— somos dos y no uno (Cf. Eclesiastés 3:1, 4).

Si hay sinceridad en nuestras palabras, si hay un corazón dispuesto, sin duda desarrollaremos el proceso de cambio que necesitamos para que nuestra familia descubra y reciba el amor que necesitan, que tenemos y que debemos prodigarles.

Preguntas para la discusión en grupo:

a.- ¿Qué nos dicen las Escrituras en cuanto a la familia y a la necesidad de expresar el amor a la pareja y a los hijos?

b.- ¿Sabe usted expresarle el amor a la familia o definitivamente ha intentado siquiera mejorar en este aspecto?

c.- ¿Qué correctivos considera que le debería imprimir al trato que le brinda a su cónyuge y a los hijos?

d.- ¿Por qué reviste importancia de que los hijos reciban demostraciones de amor por parte de sus padres, y que ellos a su vez se evidencien el amor mutuamente?

e.- ¿Por qué es importante que haya compromiso, entrega y perseverancia en nuestra forma de expresar el amor a la familia?

f.- ¿De qué manera las relaciones familiares le evidencian a quienes nos rodean que hay una manifestación constante de amor por nuestra parte?

g.- ¿Qué podemos aplicar en la relación familiar a partir de lo que aprendemos del apóstol Juan (1 Juan 4:11, 12)?

h.- ¿Por qué reviste importancia conocer, desde el noviazgo, quién será nuestro cónyuge?

i.- ¿Cuál es la razón por la que debemos involucrar5 a Dios en nuestra relación?

Oración al terminar la Célula familiar:

“Amado y Padre celestial, te damos gracias porque desde que ocupas el primer lugar en nuestro hogar, todo ha comenzado a experimentar cambios. La relación de pareja, con tu ayuda, así también con los hijos, mejora cada día. Estamos agradecidos porque tú eres el Dios de la familia. Te pedimos por tu infinito amor, ese amor ilimitado que tienes por la familia, que nos concedas la sabiduría necesaria para seguir creciendo como familia cada día. Amén”

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2007


Publicado en: Grupos Familiares

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