Claves infalibles para aburrir al marido y a los hijos

Una actitud sermoneadora no ayuda en la relación familiar

“Con frecuencia tengo disgustos en casa, especialmente con mi marido. Al comienzo, él se enfurecía. Hoy ni me presta atención. Y el hecho de que calle, me hace sentir que piensa que estoy como loca, porque ni siquiera aparta la mirada del televisor cuando le riño por algo. Creo que él y mis hijos son desorganizados. Por mucho que les digo, y que lo intento, no logro que cambien. Y para ser sincera, siento que llegué al límite de mis fuerzas.”

J.M.L., desde Piura, en Perú.

Respuesta:

Cuando un esposo o los hijos dejan de prestar atención, a la esposa y a la madre, no es que piensen que está loca o le quieren hacer un desaire. Sencillamente, ya se acostumbraron a la sermoneadera y, al estar habituados, lo que diga o deja de decir puede tornarse intrascendente.

El que acuda a la cantaleta o cantinela, dependiendo del país donde resida, no es algo nuevo. Las consecuencias de una actitud quejumbrosa tampoco lo son. Hace siglos el rey Salomón escribió:

"Mejor es vivir en un rincón del terrado que en una casa con mujer rencillosa.” (Proverbios 21:9)

Gritar, gesticular, decir cosas— en muchos casos ofensivas — , no resuelven nada. Generalmente agrava las cosas.

El terapeuta norteamericano, Howard J. Markman, al respecto advierte que no es una buena idea acudir a los reproches ante la familia:

“La cantaleta es el peor enemigo del amor. Generalmente cuando las parejas se declaran infelices en un período de aproximadamente cinco años, el nivel de cantaleta por parte de uno de los cónyuges pero en la mayoría de los casos las mujeres, ha aumentado ostensiblemente. Ese hecho produce una disminución en el nivel de comunicación.” (Citado en la Revista Nueva. Andiarios. 20/05/16. Colombia. Pg. 8)

Compartir el espacio con una madre o esposa que recurre a los sermones antes que al diálogo, levanta barreras en la relación familiar.

¿De qué sirve la cantaleta?

La sermoneadera, cantaleta o cantinela resquebraja la relación conyugal y de paso, torna enrarecido el ambiente para con los hijos.

Frases como:

“No dejes encendido el televisor si no estás en la sala”

“Quiero que me escuches, que está hablando es tu madre”

“No dejes ropa sucia en la habitación; tráela ahora mismo al cuarto de lavado”

“Tómate al menos el trabajo de lavar la losa y los cubiertos con los que comiste”

“Te he dicho mil veces que no dejes la ropa interior en el baño”

…y otras más frases, no contribuyen a cambiar la actitud del cónyuge y de los hijos. En algunos casos, y como respuesta, lo hacen por molestia o como reacción contraria. El efecto, entonces, es contraproducente.

No en vano escribió el rey Salomón: “Mejor es vivir en un rincón del terrado que en una casa con mujer rencillosa.” (Proverbios 25:24)

Así que, si cayó en cuenta del error, es tiempo de aplicar correctivos. Es lo mejor que puede ocurrir para generar cambios en sus actitudes.

Consecuencias de la cantaleta

Está comprobado que reñir con el esposo y los hijos, no ayuda y, por el contrario, desencadena resistencia y hasta rebeldía.

¿Desea saber qué produce una actitud sermoneadora? Le enumeramos algunas consecuencias:

  • Desinterés por parte del marido
  • Rebeldía en los hijos
  • Se rompe la comunicación
  • Se levantan barreras para el diálogo y no se facilita llegar a acuerdos
  • Las actitudes del esposo y los hijos se radicalizan
  • La esposa termina experimentando desgaste en la relación
  • Lo mejor que puede hacer es un alto en el camino. Reflexione. Quizá asumió la actitud equivocada.

Es probable incluso que, como anotaba el autor sagrado: “Gotera continua en día de lluvia y mujer rencillosa, son semejantes; el que trata de contenerla refrena al viento, y recoge aceite con su mano derecha.” (Proverbios 27: 15, 16)

Lo mejor es revisar en dónde y cómo se está fallando, y corregir con ayuda de Dios.

El diálogo, el mejor camino

Cuando reconocemos que alguna estrategia como la cantaleta no funciona, es tiempo de cambiar.

En circunstancias así validamos el diálogo como camino al entendimiento. Evalúe su tono de voz, procure que sea calmado.

Diga las cosas con claridad y si se trata de reglas al interior del hogar, explíquelas y haga notar que esos principios ayudan a todos.

Si ha ofendido a su cónyuge e hijos a lo largo de los años con la cantaleta, pídales perdón. Anúncieles que está en disposición de cambiar.

Y lo más importante: Pídale a Dios sabiduría para actuar con su familia. Él, nuestro amado Padre, nos ayuda a identificar en qué estamos fallando y los correctivos que se deben aplicar. Recuerde que todo está orientado al mejorestar en familia y a tornar agradable el ambiente en casa.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=8716


Publicado en: Consejería Familiar

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