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Cinco pasos para cambiar el curso de sus oraciones


(Lección 10 – Nivel 3)

Cinco pasos para cambiar el curso de sus oraciones (Lección 10 – Nivel 3)

Si hay una idea que debe borrar de su mente es aquella de que Dios no lo escucha. Confesar que ora y sus oraciones no pasan del techo de la casa. ¡Tremendo error! Hacerlo es ajustarnos a lo que piensa el mundo y someternos al grado de incredulidad que ha venido tomando más y más fuerza entre quienes no creen en Dios y aún así, pretenden moverse en una dimensión de hechos asombrosos, de milagros.

No podemos desconocer, por supuesto, que todos los seres humanos nos vemos afectados por algún grado de incredulidad. Es apenas previsible y más cuando apenas comenzamos a caminar con Dios. No obstante ese escepticismo no debe ni puede continuar conforme vamos creciendo en nuestra relación con el Señor.

¿Es culpable Dios de que— a pesar de nuestro clamor— no se produzca una respuesta? Por supuesto que no. Hay factores externos e internos que inciden en el grado de respuesta a nuestras oraciones. Uno de ellos puede ser escuchar las voces de los incrédulos cuando nos dicen que no sigamos orando porque nada pasará. Y otro, solo para graficar este punto, es la inconveniencia de recibir de parte de nuestro amado Padre aquello que estamos pidiendo. Por ejemplo, una motocicleta si usted es irresponsable al manejar y le gustan las altas velocidades. Dios sabe qué le conviene y qué no.

Y por último, el someternos o no a la voluntad del Supremo Hacedor. Pueda que usted esté inmerso en actividades ilegales y en medio de ese comportamiento pida a Dios que no lo descubran. No puede esperar que tal cosa ocurra porque Dios es un Dios de orden y de honestidad.

Comparto con usted algunos principios para que sus oraciones obtengan respuesta de parte de Dios:

1.- Camine en consonancia con los mandamientos de Dios

Todo padre ama a sus hijos— al menos eso es lo que se espera— y si le piden algo para satisfacer algo específico, lo más probable es que su progenitor lo provea. ¿Estamos de acuerdo? Si es así, pregúntese: A quién atendería primero un padre, ¿a un hijo obediente o aquél que pasa por alto todas sus normas?

Cuando vamos a las Escrituras aprendemos un poderoso principio: El de la respuesta a las oraciones de quienes son files a Dios: “Sabemos que Dios no escucha a los pecadores pero está dispuesto a escuchar a los que lo adoran y hacen su voluntad.” (Juan 9:31. NTV) El rey Salomón, por su parte, expresó este mismo fundamento en los siguientes términos: “El Señor está lejos de los perversos, pero oye las oraciones de los justos.” (Proverbios 15:29. NTV)

Cuando alineamos nuestra vida conforme a la voluntad de Dios, lo más probable es que siempre— o al menos en la mayoría de los casos— tendremos eco en nuestras oraciones.

2.- Dejar de lado toda sombra de duda

Si alguien desea moverse en una dimensión de milagros como consecuencia de la oración, es necesario que le de la espalda a toda voz derrotista que proviene de quienes están alrededor y de algo sumamente importante: de cualquier sombra de duda.

El Señor Jesús sentó las bases de este principio. “Entonces Jesús les dijo: — Les digo la verdad, si tienen fe y no dudan, pueden hacer cosas como esa y mucho más. Hasta pueden decirle a esta montaña: “Levántate y échate al mar”, y sucederá. Ustedes pueden orar por cualquier cosa, y si tienen fe la recibirán.” (Mateo 21:21, 22. NTV)

La fe está ligada a la confianza plena y absoluta en el Señor. La duda no hace otra cosa que levantar una enorme barrera. Si todo asomo de escepticismo es eliminado, se pueden más y mejores resultados. Lo enseñó nuestro amado Salvador. No hay límites, salvo claro está, que vayan en contravía de la voluntad de Dios.

3.- Someternos a lo que agrada al Señor

Además de los impedimentos que levantan no estar en consonancia con la voluntad de Dios y albergar las dudas en el corazón, hay un tercer elemento que debemos considerar cuando oramos: Aceptar la voluntad de Dios.

Al respecto el apóstol Juan escribió: “Y estamos seguros de que él nos oye cada vez que le pedimos algo que le agrada; y como sabemos que él nos oye cuando le hacemos nuestras peticiones, también sabemos que nos dará lo que le pedimos.” (1 Juan 5:14, 15. NTV)

Muchas de nuestras oraciones no tienen respuesta de manera inmediata. Otras obtienen resultados progresivamente. Dios tiene su propia forma de obrar. Pero en todos los casos, es necesario reconocer que Él sabe lo que hace, conoce qué nos conviene y qué no, y es necesario someternos a Su voluntad en la certeza de que será lo mejor para nosotros.

4.- Pedir en el Nombre del Señor Jesús

Nuestro amado Salvador hizo una obra poderosísima en la cruz. Cargó en la cruz con todos nuestros pecados, aseguró el perdón para nosotros y nos llevó a la Presencia del Padre. Eliminó toda barrera. Ahora cuando oramos, simplemente acudimos a Él en la certeza de que nos escucha.

Nuestro amado Salvador enseñó a sus discípulos y a nosotros hoy que al orar, elevemos las peticiones en Su Nombre. ¡Hay poder en el Nombre de Jesús! No es una frase sino una realidad, como aprendimos de nuestro amado Señor: “Es cierto, pídanme cualquier cosa en mi nombre, ¡y yo la haré!” (Juan 14.14. NTV)

Quizá no lo ha hecho así hasta el momento. Le invitamos para que lleve a la práctica esta instrucción de nuestro Salvador. Él lo enseñó y cumplirá cuando hagamos las cosas conforme a Sus enseñanzas.

5.- Dios se mantiene atento a nuestras oraciones

Dios nos ama. Su amor rebasa todas nuestras expectativas. Nuestras capacidades son limitadas y no alcanzamos a comprender la grandeza de Su amor. La Palabra nos enseña: “Los ojos del Señor están sobre los que hacen lo bueno; sus oídos están abiertos a sus gritos de auxilio.” (Salmos 34:15. NTV)

La obra del Señor Jesús en la cruz nos acercó al Padre, rompió cualquier impedimento y podemos orar a Él confiadamente en la certeza de que nos escucha. Es el fundamento para que nos animemos a orar con más asiduidad con el convencimiento de que podemos movernos en la dimensión de milagros.

Es tiempo de orar y recibir respuestas de Dios

La voluntad de Dios es agradable y perfecta, como anotan las Escrituras (Cp. Romanos 12:2). Y si alineamos nuestra vida y planes conforme a voluntad, sin dura veremos más milagros en nuestra existencia de lo que jamás podamos imaginar.

La autora cristiana, Kay Arthur escribe:
“Hay que tener en cuenta la voluntad de Dios. La oración sólo es eficaz para los que se han convertido en hijos de Dios al aceptar a Jesucristo como Señor. Para orar y obtener resultados, usted debe adorar a Aquél a quien le está orando. La oración requiere sumisión: Una disposición a hacer la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea.” (Kay Arthur. “Señor, enséñanos a orar.” Editorial Vida. 1982. EE.UU. Pg. 61)
Revise cómo anda su vida de oración. Es probable que haya que hacer algunos correctivos. Si identifica en qué debe cambiar su intimidad con Dios y modifica lo que sea necesario, puedo asegurarle que podrá elevarse hacia nuevos niveles en su espiritualidad.

Cuestionario para profundizar en la Lección 10:

Por favor, lea detenidamente los textos y postulados de cada pregunta, y teniendo a mano su librera de apuntes, por favor, anote las respuestas:

a.- ¿Ha considerado que Dios no escucha sus oraciones?

b.- ¿Pretende que sin creer, se produzcan milagros en su vida?

c.- Cuando ora, es consciente de la necesidad de someterse a la voluntad de Dios?

d.- ¿Qué nos enseña el pasaje Escritural de Juan 9:31?

e.- ¿Qué aprendemos de la enseñanza del rey Salomón en Proverbios 15:29?

f.- ¿Por qué es importante dejar de lado toda sombra de duda si queremos experimentar una vida de milagros (Mateo 21:21, 22)?

g.- Cuando no hay respuesta inmediata o progresiva de Dios a nuestras oraciones, ¿qué debemos hacer (1 Juan 5:14, 15)?

h.- ¿Por qué es importante elevar nuestras peticiones de oración en el Nombre de Jesús (Juan 14.14)?

i.- ¿Qué nos enseña la Palabra en cuanto a las oraciones de los justos (Salmos 34:15)?

Publicado en: Escuela de Oración


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