¿A qué nos referimos al hablar de evangelismo?

(Lección 1 – Nivel 1)  

No pierda oportunidad para compartir las Buenas Nuevas a otras personas.

Cuando hablamos de evangelismo es necesario manejar dos momentos: El primero, es que cuando a usted y a mi nos correspondió la labor de proclamar las Buenas Nuevas en la Iglesia local y, un segundo momento, representado por las nuevas opciones que ofrece hoy la modernidad.

En nuestro tiempo— y hablo por aquellos que nos acercamos a los cincuenta años de vida— lo primordial era tocar puerta a puerta. Hoy sin embargo, encontramos la opción de multiplicar la información  a través de los medios electrónicos así como un enorme abanico de posibilidades para llegar a las personas con un mensaje que les informe y a la vez les persuada, es decir, que genere una respuesta como consecuencia de la influencia o el impacto que causó la información.

Pero, ¿estamos utilizando los canales adecuados para evangelizar? ¿Estamos dejando de lado algún instrumento que podría resultarnos útil.

Le invito a considerar el siguiente pasaje Escritural que relata una escena importante en el ministerio de nuestro Señor Jesús: “Mientras iba Jesús por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hombres, a Simón llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban la red en el mar, porque eran pescadores. Y les dijo: “Venid en pos de mi, y os haré pescadores de hombres.” (Mateo 4:18, 19. RVR 2000)

Piense en la frase… “Os haré pescadores de hombres”. ¿Se da cuenta? Hay por lo menos tres elementos que le invito a considerar:

1.- No es nuestro método el que funciona sino el que nos enseña el Señor Jesús.

2.- Pescar es una labor importante para Dios. Pescar es alcanzar almas para el Reino. Dios brinda especial valoración a ese esfuerzo.

3.- No hay un solo método sino varias estrategias para pescar. En otras palabras, se requieren diferentes anzuelos para cada pez. En otras palabras, lo que aplica con Pedro, no necesariamente funcionará con Luis. Con cada uno hay que utilizar una táctica particular.

Cuando tenemos claridad sobre nuestro compromiso de extender las Buenas Nuevas de Salvación, no escatimaremos esfuerzos para trabajar en cuatro direcciones específicas:

1.- Ir hasta donde están los perdidos

2.- Aprovechar toda oportunidad para evangelizar

3.- Usar el método u estrategia apropiada en cada caso específico

4.- Aprovechar nuestras aptitudes, dones y talentos para llevar las almas a los pies de Jesucristo

Proclamar a Cristo es un ministerio que nos asiste a todos los creyentes, pero desarrollar nuestras capacidades es posible cuando nuestro amado Padre celestial obra en nuestras vidas.

Definamos evangelizar

Sin duda se preguntará: ¿Qué es evangelizar? La respuesta es muy sencilla: Compartir el mensaje de Jesucristo. Es un proceso que procura persuadir sin presionar a quien nos escucha. El fundamento para desarrollar esa labor lo encontramos en Mateo 28:19, 20. Nuestro Señor Jesús instruyó a sus seguidores y a nosotros hoy para que vayamos, hagamos discípulos y que esa gestión de proclamar el mensaje comience en nuestro entorno inmediato y se extienda a todas las naciones, que no nos limitemos ni pongamos fronteras. El ciclo termina cuando le enseñamos a los convertidos sobre los fundamentos básicos. Iremos avanzando hasta que cada uno de ellos pueda a su vez convertirse en multiplicador del Evangelio.

No perdamos de vista el hecho de que ganar almas no forma parte de un esfuerzo personal únicamente. Dependemos del Espíritu Santo quien acompaña nuestra tarea. Nuestra autoridad proviene de Cristo Jesús y el poder para persuadir nos lo concede el Espíritu Santo (Cf. Hechos 1:8; 5:29)

Tres fundamentos del evangelismo

Para explicar cuáles son los fundamentos del evangelismo, podríamos circunscribirlos a tres, esencialmente. El primero, la predicación. Consiste en proclamar las Buenas Nuevas. Se puede hacer de manera individual o masiva. El segundo, la enseñanza. Es instruir en verdades básicas al nuevo creyente. Por último, el testimonio. Es quizá el más importante porque le hablamos a otros de Cristo a partir de nuestro ejemplo.

Como puede apreciarlo, se trata de cimientos muy sencillos, que todo creyente puede aplicar en su desenvolvimiento diario, sobre todo, cuando camina de la mano de Jesús el Señor.

Hoy día se requieren obreros. Y una de las recomendaciones de nuestro amado Salvador, es que pidiéramos al Padre obreros para su mies (Juan 4.35). Puedo asegurarle que si sentimos pasión por las almas, nos daremos a la tarea de ganar almas para el Reino de Dios (Cf. Lucas 15.1-10; 19:10)

Ánimo. Los campos están blancos para la siega. Usted ha sido llamado a ser uno de los cosechadores.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: https://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1638


Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial

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