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A punto de renunciar al matrimonio

A punto de renunciar al matrimonio

“Desde hace veinticinco años hemos venido manteniendo la relación junto con mi esposa. Tenemos dos hijos, uno de ellos terminando la universidad. No ha sido fácil. Enfrentamos muchos choques. Por momentos he querido renunciar porque me parece que no tiene sentido seguir luchando.”

K.J.L., desde Guayaquil, en Ecuador

Respuesta:

Resulta lamentable pero es real: Cuando se inicia el período de noviazgo comienza a tomar fuerza el enamoramiento. Esta fase no permanece, como esperaríamos, cuando contraemos matrimonio. Por el contrario, los especialistas coinciden en asegurar que pasados dos años de compartir la vida en pareja, el enamoramiento termina.

Como consecuencia, una buena parte de las relaciones de pareja terminan en un estado de estancamiento fruto de la rutina.

Los miembros de la pareja sencillamente se resignan a vivir juntos, a sobrevivir, dejar que los días pasen sin que nada extraordinario ocurra con sus vidas, la de su cónyuge y la de sus hijos. Es probable que ese sea su caso.

A los componentes de la pareja no les anima otro interés que procrear, llevar sus niños y adolescentes al nivel de adultez, proveer para la universidad y emprender un nuevo ciclo cuando ellos abandonan el seno del hogar.

También es probable que en el proceso –me refiero a quienes están viviendo esta situación — se produzca la separación. ¿Es este el propósito de Dios para la familia? Sin duda que no. Él tiene planes maravillosos, entre otros, que podamos experimentar una vida plena como padres y cónyuges. La familia es también nuestro lugar de realización.

Salir de la resignación o el estancamiento

Leí hace poco a un autor quien refería que la resignación es una cárcel que nos impide soñar y que, el estancamiento, es como una mazmorra. Es el lugar más oscuro al que podemos llegar en la relación de pareja.

¿Cuál es el primer paso que damos para salir del nivel “promedio” en la relación familiar? Se fundamenta en la unidad de los componentes de la pareja. Tener claro que sea que atravesemos por momentos difíciles o períodos de victoria, los componentes de la pareja deben permanecer juntos. Librar las batallas de la mano.

Hablando al pueblo de Israel y a nosotros hoy, el Señor llama la atención: ¿Pueden dos caminar juntos sin estar de acuerdo adonde van?” (Amós 3.3. NTV)

Este llamamiento tiene especial validez porque los más afectados con las discusiones son nuestros hijos. Dado que están viviendo el proceso de formación, su mente es fácil de influenciar, y si están en un ambiente de conflicto, las huellas que marcarán su vida serán negativas. Lo más preocupante es que tenderán a repetir ese patrón de conducta cuando tengan su propia familia.

El divorcio: Una peligrosa alternativa

Cuando persisten los conflictos de pareja aflora la posibilidad de acudir al divorcio. Esa sopla palabra y sus alcances, cuando se materializa la separación, son algo doloroso y produce heridas emocionales.

Permitir que los conflictos tomen fuerza e inclinarse por la separación, es lo que hace el promedio de las parejas. Ante los primeros tropiezos toman cada uno por su lado.

¿Qué hace el promedio de los matrimonios? El promedio de los esposos proveen para la familia pero descuidan a su cónyuge; el promedio de los esposos pasa tiempo con los amigos pero pocas horas las pasa con su familia; el  promedio de los esposas se ocupan de sus hijos y descuidan al marido; el  promedio de las esposas dedican tiempo a la familia pero pocas veces preguntan al esposo: ¿Cómo te fue en el trabajo hoy? La lista podría ser muy extensa, pero con estos breves ejemplos debemos reflexionar en la necesidad de no resignarnos a permanecer en el mismo punto.

Tenga presente que Dios desea que lleguemos a nuevos niveles, y que bajo ninguna circunstancia lleguemos al nivel de la resignación, cuando pase lo que pase “simplemente aguantamos” y no procuramos encontrar salidas a los conflictos de pareja o de familia, o cuando caemos en el punto más bajo: El estancamiento. Es el nivel cuando estamos más cerca del divorcio.

Si vamos a las Escrituras leemos: “Aun los mancebos se fatigan y se cansan, y los jóvenes tropiezan y vacilan, pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.” (Isaías 40:30, 31. Biblia de las Américas)

Permítanos insistir: El propósito de Dios es que no sigamos siendo parte del promedio en la relación de pareja y de familia, y que lleguemos siempre a nuevos niveles. Él mismo  nos ayuda a salir del nivel promedio para llegar siempre a nuevas alturas en la relación familiar.

Es necesario confiar, tener fe, ya que tenemos fe en Dios Él responderá con poder, nos concede nuevas fuerzas, levantamos alas como águilas y, en medio del esfuerzo,  caminamos sin experimentar cansancio.

Cimentando una buena relación familiar

¿Problemas? Por supuesto, siempre los enfrentaremos. Debemos estar preparados para que salgan en nuestro camino y para superarlos exitosamente con ayuda de Dios. No podemos pensar que los tropiezos en la relación de pareja o tal vez en el interactuar con los hijos, nos roba la felicidad.

Una buena definición al respecto la hace el autor y conferencista, Nick Vujucic:
“Ni tu ni yo podemos vivir con la expectativa de que algún día lograremos la felicidad después de alcanzar algún objetivo o adquirir alguna cosa. Debes tener acceso a la felicidad en todo momento, y la forma de lograrlo es vivir en armonía espiritual, mental, emocional o físicamente.” (Nick Vujucic. “Un espíritu invencible”. Editorial Aguilar. 2013. Colombia. Pg. 226)
Bajo ninguna circunstancia, por enormes que sean las diferencias con nuestro cónyuge o en el trato diario con los hijos, podemos darnos por vencidos.

Nuestro Padre celestial es bueno, y si confiamos en Él, nos concede la fortaleza para seguir adelante, para seguir procurando el fortalecimiento de la familia. Esa fe es la que trae confianza a nuestra vida, como escribió el rey David: “Hubiera yo desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del SEÑOR en la tierra de los vivientes.” (Salmos 27:13. La Biblia de Las Américas)

El Dios en el que usted y yo creemos tiene poder ilimitado para llevarnos al entendimiento en pareja y a encontrar soluciones a los conflictos, no importa cuán intrincado sea el laberinto en el que nos encontremos.

Si deseamos salir del promedio en la relación familiar, le invitamos a aplicar cinco principios:

1.- Principio de la unidad (Eclesiastés 4:9, 12)

2.- Principio de la fidelidad a Dios (Josué 24:15)

3.- Principio del compromiso (Proverbios 22:1)

4.- Aprovechar el hoy y el mañana (Filipenses 3:12-14)

5.- Vivir al máximo cada instante (Efesios 5:15, 16)

Se trata de una dinámica que todos podemos lograr, no en nuestras fuerzas sino con el poder del Señor. Él es quien nos concede la sabiduría y la fuerza necesarias.

Recuerde que las batallas no las libramos en nuestras fuerzas sino en el poder de Dios quien nos lleva a la victoria. Él es quien nos permite superar el promedio y llegar a nuevas alturas en la relación familiar.

Si no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Ábrale las puertas de su corazón. No se arrepentirá.

Publicado en: Consejería Familiar


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