Superar crisis en el matrimonio sí es posible

Con ayuda de Dios superamos las crisis de familia

Las lágrimas surcaron lentamente el rostro de Ana María. Su mirada estaba nublada. El dolor se reflejada en su semblante. “Tenía tantas esperanzas con mi hogar...”, musitó quedamente. Dos días antes, tras una discución acalaroada con Alberto, su esposo, habían coincidido que la única salida era el divorcio.

La joven sentía que en sus corazones había muchas heridas. “Nos hemos ofendido tanto que no creo que haya una nueva oportunidad”, se lamentó.

La boda fue todo un acontecimiento. Estuvieron todos los compañeros de oficina, de él y de ella. “Una bonita pareja”, murmuraban los invitados, encandilados por la fastuosidad de aquella ceremonia. Les anticipaban una vida feliz.

Sin embargo, la relación se rompió dieciocho meses después, y los dos estaban dispuestos a no intentarlo nuevamente.

¿Ha visto casos así? Sin duda que sí. Todos hemos asistido, directa o indirectamente a episodios de ruptura que nos causan dolor porque el matrimonio, que debería ser una etapa maravillosa se ve minada por problemas que— para ser sinceros— los componentes de la pareja no saben manejar. Muy pronto se dan por vencidos.

Todo comienza con dos personas

Cuando volvemos las páginas de nuestras vidas, nos encontramos sin duda con el maravilloso momento en el que conocimos a quien es hoy nuestra pareja. ¿Acaso pensó en esos momentos en los que su estómago experimentaba la sensación de mariposas revoloteando por todas partes, que iban a presentarse problemas? Sin duda que no.

Comenzamos con grandes expectativas y si la chica o el chico nos dicen que habrá dificultades, invariablemente sonreímos y decimos que “con amor y tolerancia los superaremos”. Pero, ¿es realmente así? Por supuesto que no, porque en el momento de las confrontaciones pesan factores como el orgullo que asiste a cada componente de la pareja.

Escribiendo a los cristianos del primers siglo en Éfeso, y por supuesto, a nosotros hoy, el apóstol Pablo retomó una premisa escritural milenaria: “Dice la Biblia: «Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, para formar un solo cuerpo.» (Efesios 5:31. Traducción en Lenguaje Actual)

La pareja la componen dos. Y si hay dificultades, son dos los que deben resolverlos. No podemos ni debemos contemplar siquiera, involucrar a los suegros. Esa intromisión sesga cualquier posibilidad de arreglo.

Las crisis siempre estarán presentes, pero es necesario aprender a darles un manejo apropiado con ayuda de Dios.

Cabe aquí recordar la enseñanza de dos conferenciantes internacionales de amplia trayectoria en el ámbito de la consejería: “Una crisis no tiene que ser necesariamente mala. Puede llevarnos al punto de escoger un mejor sendero que el que hemos venido siguiendo. Si se toman las decisiones correctas, pudiéramos ver que a partir de la crisis emergen mejores vidas matrimoniales: más saludables, más felices, más libres, más creadoras y amorosas que los idealizados estereotipos del pasado” (Larry y Nordis Christenson. “La pareja cristiana”. Editorial Betania. EE.UU. 1982. Pg. 18)

Resolviendo los problemas

¿Cómo resolver los problemas de pareja? Es la pregunta que sin duda me formulará. Y le respondo: permitiendo que Dios ocupe el primer lugar en nuestra relación.

El autor sagrado compartió una sabia enseñanza con nosotros que aplica a la relación de pareja: “Si Dios no construye la casa, de nada sirve que se esfuercen los constructores. Si Dios no vigila la ciudad, de nada sirve que se desvelen los vigilantes. De nada sirve que ustedes se levanten muy temprano, ni que se acuesten muy tarde, ni que trabajen muy duro para ganarse el pan; cuando Dios quiere a alguien, le da un sueño tranquilo. ” (Salmos 127:1, 2. Traducción en Lenguaje Actual)

No es en nuestras fuerzas ni con los muchos conocimiento que creemos tener sobre el matrimonio, que lograremos sobreponernos a los tropiezos. ¡Es con la ayuda de Dios!

¿Qué hacer si hay diferencias a nivel de hogar?

Si hay desavenencias, debemos llevarlas delante del Creador, para que Él nos guíe sobre cómo arreglar las cargas.

Insisto que establecer una relación matrimonial sólida constituye un verdadero reto para los componentes de la pareja (Cf. Efesios 5:31) ¿Qué tipo de retos? Le enumero por lo menos cinco: El reto de mantener viva la esperanza, el reto de enfrentar, exitosamente las dificultades de pareja, el reto de desarrollar tolerancia, el reto de lograr el acople adecuado y el reto de trabajar siempre alrededor de intereses comunes.

Es cierto que el volumen de divorcios crece diariamente, pero a pesar del aumento exponencial de las separaciones, millares de personas siguen creyendo en la institución del matrimonio.

Los autores sobre temas de familia que cité al comienzo, señalan que: “Por todas partes, la aventura de la vida matrimonial parece estar plagada de incertidumbre. Las personas que ya están casadas ven que la felicidad y la satisfacción sufren erosión cada año que pasa, y se preguntan si están aferradas al vacío caparazón de un sueño. Los jóvenes entran en el estado del matrimonio con una clara reserva en su mundo interior. Tal vez no lo llamen “matrimonio de prueba”, pero prácticamente este es el grado de compromiso implícito que nuestro tiempo ha formado en ellos. Aun los que viven una feliz aventura matrimonial experimentan amargos dolores de desmayo e impotencia cuando la vida matrimonial de amigos íntimos y parientes se derrumba delante de sus ojos.” (Larry y Nordis Christenson. “La pareja cristiana”. Editorial Betania. EE.UU. 1982. Pg. 17)

Si conocemos los claros factores que atentan contra la solidez del matrimonio y de los que podría mencionar: fragmentación de la relación como consecuencia del orgullo y el egoísmo, desorden, rebelión juvenil, intolerancia, infidelidad y falta de respeto mutuo, y pedimos a Dios que nos transforme para no dar lugar a estos errores en la relación, sin duda obtendremos el éxito.

Insisto en el hecho de que el Señor debe ocupar el primer lugar en el matrimonio; inicialmente en su vida, y luego en el hogar. ¿Qué pasos dar? El primero y más grade, es recibirle en nuestro corazón como nuestro único y suficiente Señor. Es una decisión de la que jamás nos arrepentiremos. El segundo paso es entregarle todos nuestros planes e iniciativas, incluso las que concebimos para el matrimonio. ¡Ábrale hoy las puertas de su vida a Cristo Jesús!

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=187


Publicado en: Estudios Bíblicos

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