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Respeto al lazo matrimonial

Respeto al lazo matrimonial

“Comprendo que uno debe pensar cuidadosamente con quién se casará. Sin embargo a veces anteponemos los sentimientos. Mi cónyuge no es cristiano. Yo si. Soy maestra de la Escuela Infantil en la iglesia a la que asisto. El problema ahora es con la presión que recibo de mi esposo. Muchas veces ha insistido en que nos estimulemos viendo películas con contenido pornográfico antes de tener relaciones sexuales, y no hace mucho tiempo tuvimos serias dificultades porque quería obligarme a prácticas anormales. No es la primera vez. En tales caso, ¿está una cristiana obligada a vivir con alguien así?”

J.J.E., desde Arequipa, en el Perú.

Respuesta:

Hay un hecho innegable en cuanto a la relación matrimonial y es que tal unión tiene carácter indisoluble a menos que medien circunstancias que tornen literalmente imposible la convivencia. ¿Un ejemplo? El compartir la vida con un cónyuge agresor y que, como consecuencia de tales actitudes, pone en peligro la integridad física de su pareja. De ahí que antes de contraer matrimonio sea fundamental ir a Dios en procura de orientación y pedirle que guíe las decisiones que vayamos a tomar.

Ahora miremos las características que deben rodear una unión bajo los parámetros trazados por la iglesia que profesa fe en el Señor Jesucristo:

1.- Pureza en la intimidad de una pareja:

En primera instancia, debe haber pureza en la relación de una pareja. La pornografía no tiene cabida ni debe tenerla, ni antes ni durante ni después de ninguna relación. Al respecto el autor de la carta a los Hebreos escribió: “Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal, porque Dios juzgará a los adúlteros y a todos los que cometen inmoralidades sexuales.” (Hebreos 13:4. Nueva Versión Internacional).

2.- Respeto a la dignidad del cónyuge:

El apóstol Pablo escribió: “Ustedes saben cuáles son las instrucciones que les dimos de parte del Señor Jesús. La voluntad de Dios es que sean santificados; que se aparten de la inmoralidad sexual; que cada uno aprenda a controlar su propio cuerpo de una manera santa y honrosa, sin dejarse llevar por los malos deseos como hacen los paganos, que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4:2-5. Nueva Versión Internacional), sentando las bases sobre la importancia de observar santidad incluso en la vida sexual.

Menciona además que se debe tener control de los deseos y no permitir que sean los deseos los que nos controlen, como ocurre cuando alguien depende de la pornografía para obtener estimulación. Quien “conoce a Dios” como anota Pablo, depende de Él y no de lo externo, producto del cúmulo de basura que siembra Satanás para atar a las personas.

3.- El amor al cónyuge está asociado al respeto:

No está bien proponerle a nuestro cónyuge que acceda a los deseos que a “nosotros y solo a nosotros” nos asisten, porque además de constituir una demostración de egoísmo, no consulta ni los deseos, ni la dignidad y menos las inclinaciones sanas de la persona con quien contrajimos matrimonio. Este principio lo deja sentado el texto bíblico que leemos a continuación: “Esposos, amen a sus esposas y no sean duros con ellas.” (Colosenses 3:19. Nueva Versión Internacional)

Quien honra a su cónyuge y a sus hijos demuestra amor a Dios.

4.- Nuestros pensamientos determinan nuestro obrar:

Quien concibe, acaricia y estimula fantasías sexuales es probable que se desconecte de la realidad y llegue siquiera a concebir que aquello que leyó, vio o quizá escuchó, pueda materializarse con su cónyuge. Por esta razón es aconsejable atender la recomendación del apóstol Pablo cuando nos insta: “Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio.” (Filipenses 4:8. Nueva Versión Internacional).

Tenga presente en todo momento que debemos controlar nuestros pensamientos porque nos pueden encaminar al pecado.

5.- La inmoralidad no tiene cabida en el matrimonio cristiano:

En el primer siglo un grupo de cristianos que residían en Corintio, experimentaron serios tropiezos por la inmoralidad reinante en su nación, costumbres que estaban amenazando con infiltrarse entre los creyentes.

El apóstol Pablo les advirtió:

“Es ya del dominio público que hay entre ustedes un caso de inmoralidad sexual que ni siquiera entre los paganos se tolera, a saber, que uno de ustedes tiene por mujer a la esposa de su padre.¡Y de esto se sienten orgullosos! ¿No debieran, más bien, haber lamentado lo sucedido y expulsado de entre ustedes al que hizo tal cosa? Yo, por mi parte, aunque no estoy físicamente entre ustedes, sí estoy presente en espíritu, y ya he juzgado, como si estuviera presente, al que cometió este pecado. Cuando se reúnan en el nombre de nuestro Señor Jesús, y con su poder yo los acompañe en espíritu, entreguen a este hombre a Satanás para destrucción de su naturaleza pecaminosa a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor.” (1 Corintios 5:1-5. Nueva Versión Internacional).

Pablo no solo cuestionó tales prácticas sino que instruyó a los creyentes para que se apartaran de quienes obraban de esta manera.

6.- El matrimonio debe estar al margen de la fornicación:

Un principio que debe prevalecer en todo creyente, y más en su matrimonio, es estar al margen de la fornicación:

“Huyan de la inmoralidad sexual. Todos los demás pecados que una persona comete quedan fuera de su cuerpo; pero el que comete inmoralidades sexuales peca contra su propio cuerpo. ¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.” (1 Corintios 6:18-20. Nueva Versión Internacional).

Sobre esta base, es válido que usted como mujer haga valer su dignidad y aclare con su esposo que no comparte ni está dispuesta a unirse a prácticas que no son las dispuestas en el Plan de Dios para la intimidad sexual. Una cosa es sujetarse y otra someterse. Usted debe sujetarse a su esposo como autoridad marital pero de ahí a someterse a hacer todo, sin siquiera pensar, hay una enorme brecha.

La mujer cristiana debe identificarse por tener criterio, y obrar en consonancia con los postulados bíblicos que no han pasado ni pasarán de actualidad.

No podría despedirme sin antes decirle: La mejor decisión que a nivel personal y familiar puede tomar, es recibir a Jesús en su corazón como Señor y Salvador. No se arrepentirá. Decídase hoy por Jesucristo.

Publicado en: Consejería Familiar


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