Resolver los conflictos familiares comienza con un arrepentimiento sincero

Es tiempo de pedir perdón por el daño cometido a la familia, y decidirnos a cambiar

1.- Lectura Bíblica: Mateo 3:8

2.- Meditación familiar:

Julián regresó a casa después de tres meses de separación. Un día cualquiera creyó que no soportaba más la vida en pareja y decidió irse. De nada sirvió el llanto de su esposa y los lloriqueos de sus hijitos que le imploraban: “Papi, no te vayas.” Su esposa lo recibió con una mezcla de alegría y molestia. Él no la comprendió en un comienzo, pero finalmente entendió que debería no solo pedir disculpas sino ganarse de nuevo el amor de su esposa y de sus hijos…

¿Quién no ha fallado con su cónyuge o los hijos? La mayoría, sin duda. Errar es de humanos, pero lamentablemente con nuestras reacciones muchas veces herimos a nuestros seres amados o tal vez con nuestras actuaciones. ¿Le ha ocurrido? Si es así, ¿podría describir qué hizo para superar la situación o aún sigue sin resolver el daño que le causó a su pareja y a sus retoños en casa?

Si alguien le dijo que resolver los conflictos familiares era fácil, le mintió. Y de igual manera si le dijo que bastaba con el paso del tiempo para que sanaran las heridas. Ni lo uno ni lo otro.

Las confrontaciones internas en el hogar generalmente van acompañadas de palabras duras que generan heridas emocionales, mucho más complejas que cualquier otra situación. Y no resolver a tiempo ese daño, agiganta el problema hasta convertirlo en algo crónico, que desencadena peleas y recriminaciones mutuas.

Infinidad de parejas podrían relatar cuánto dolor les ha causado una palabra o una reacción impulsiva del cónyuge; igual, infinidad de hijos podrían decirle la tristeza y desaliento que les produjo una reacción descontrolada de sus progenitores.

¿Le ocurrió quizá? ¿Se identifica con estas escenas o quizá alguna más complicada en su vida familiar? Si es así, le invitamos a enfrentar el problema que tal vez se ha ido alimentando por meses o años. Enfrentar con responsabilidad nuestros errores, es el primer y más grande paso; el segundo, hacer un listado de cuántas faltas quizá cometimos y contra quiénes en casa; y en tercer lugar, un arrepentimiento sincero. No basta con decir “Perdóname” si no hay en medio un arrepentimiento que salga desde lo más profundo del corazón.

Cito a continuación un autor mundialmente reconocido por abordar temas de familia, con acertados consejos, quien escribe:

“Si herimos a nuestro cónyuge, debemos reconocer que aquello que hicimos está mal, pero reconocerlo no es suficiente ni tampoco la disculpa, es necesario corregir. También tenemos que trazar un plan para corregir nuestra conducta con el fin de no lastimar, y de la misma manera, a la persona amada. ¿Por qué no habríamos de hacerlo con la relación más íntima que tenemos? El arrepentimiento es un aspecto vital de una disculpa genuina.“ (Gary Chapman. “Los 5 lenguajes del amor - Devocionales”. Tyndale House Editores. 2012. EE. UU. Pg. 09/01)

Recuerde que arrepentimiento es “volverse” del camino, es decir, del error cometido. De la mano con este primer aspecto, va ligado uno segundo, de suma importancia: La disposición de cambiar. Esos dos componentes dan lugar a una auténtica corrección. Arrepentirse sumado a la disposición de cambio trae como resultado un correctivo, quizá no oportuno pero sí muy necesario.

Juan el Bautista quien predicaba en el desierto, veía que llegaban muchas personas atraídas por el mensaje. Dicen las Escrituras que “Cuando Juan vio que muchos fariseos y saduceos venían a mirarlo bautizar, los enfrentó. «¡Camada de víboras! — exclamó—. ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira divina que se acerca? Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios.” (Mateo 3:7, 8. NTV)

Por favor tome nota del llamado que les hizo Juan el Bautista: “Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido…”. Acciones más que palabras. ¿La razón? Las personas a las que usted ha ofendido no quieren palabras — que al fin y al cabo se las lleva el viento — sino compromiso y acciones que reflejen el cambio.

3.- Oración familiar:

“Padre amado, te damos gracias porque cada nuevo día podemos ver tu obrar poderoso en nuestras vidas. Si damos nuevos pasos de victoria como familia es porque tu nos permites. Descubrimos cada nueva mañana que estás junto a nosotros y es gracias a ti que podemos avanzar. Te pedimos estés siempre reinando en este hogar, en el Nombre de tu Hijo amado Jesús. Amén”

4.- Una Meta familiar para hoy:

Dispongo mi corazón para cambiar, pedir perdón por mis errores y emprender un sincero proceso de cambio con ayuda de Dios.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2276


Publicado en: Altar Familiar

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