Que la tecnología no levante barreras en su familia

Si lo permitimos, la tecnología levanta barreras en la relación familiar

1. Lectura Bíblica: Eclesiastés 3:1-4

2. Meditación familiar:

Recientemente junto con mi esposa Lucero compartíamos un almuerzo en cierto restaurante, en el que llegaban familias como un río humano. Incluso, era necesario esperar algunos minutos antes que una mesa quedaba libre.

Junto a nosotros una familia muy particular: El esposo todo el tiempo hablando por teléfono, la esposa prendida de una tableta electrónica, y los dos hijos— adolescentes— chateando en sus teléfonos celulares.

El marido cambiaba la tonalidad de la voz, de acuerdo al tema que abordaba con su interlocutor; la mujer reía o se ponía seria y atenta, dependiendo de las imágenes que veía en su dispositivo electrónico, y los hijos, absortos en sus diálogos virtuales. Nadie miraba a nadie sino a su propio aparato de conexión.

Fue tanto así, que el mesero estuvo varios minutos procurando llamar su atención para ver qué deseaban almorzar. Nadie le prestó atención porque los componentes de la familia estaban absortos en su propia burbuja de conectividad.

Estoy seguro que no he sido el único en ver este tipo de escenas. Son frecuentes: en el autobús, en los centros comerciales, en las cafeterías, mientras se asiste a un parque de recreaciones. La tecnología que buscaba acortar distancias, terminó por aumentarlas y ahora, si un padre desea hablar con sus hijos o con su pareja, resulta más fácil que lo haga mediante el chat.

La modernidad nos ha alejado y más cuando lo vemos en el entorno familiar. Es común ver el chico que llega del colegio e inmediatamente se va a su cuarto a pegarse— literalmente— de la computadora o la hija que se pasa buena parte del día conversando virtualmente con sus amistades a través del teléfono.

Un comentario que leí y que comparto con usted, pone el asunto en su lugar:

“Francis Bacon planteó hace ya varios siglos las bondades de la tecnología. Bacon nos condujo a la ciencia, la ciencia nos llevó a la tecnología, y la tecnología a las maravillas de los apartados que ahorran tiempo. Pero por estos días, los artilugios cuya eficiencia alabamos podrían estar despojándonos de lo mismo para lo que fueron diseñados para ahorrar: Tiempo. No tengo nada contra la tecnología. Los avances tecnológicos han hecho maravillas por el mundo y seguirán haciéndolas…, pero como resultado, podríamos estar perdiendo más tiempo con la tecnología que el que procuramos ganar.” (Todd Duncan. “Las trampas del tiempo”. Grupo Nelson. 2006. EE.UU. Pg. 96)

Por favor, entiéndame: No estoy en contra de la tecnología. Lo que no comparto es que invirtamos más tiempo en la PC, el teléfono móvil, la tableta o cuanto artilugio electrónico nos ofrece el mercado, antes que en nuestra familia o la relación de pareja.

Cuando vamos a la Biblia leemos que todo tiene su tiempo, como escribió el rey Salomón: “Todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su tiempo; todo tiene su tiempo, todo tiene su hora… Tiempo de llorar y tiempo de reír. Tiempo de endechar y tiempo de bailar.” (Eclesiastés 3:1, 4)

Es importante que reordenemos la forma como invertimos cada minuto, cada segundo. Una forma oportuna es elaborar una lista y, junto a cada punto, definir si es o no prioridad. Puedo asegurarle que se sorprenderá al descubrir cómo perdemos tiempo en cosas innecesarias.

Piense en su familia, dedíqueles lo mejor de usted y de sus horas. Puedo asegurarle que no se arrepentirá, como tampoco se arrepentirá de entregarle su corazón a Cristo Jesús porque prendidos de Su mano, emprendemos el maravilloso proceso de crecimiento personal y espiritual que anhelamos. Hoy es el día para hacerlo…

3. Oración familiar:

“Amado Dios y Padre de los cielos te damos gracias por este nuevo día que nos regalas. Reconocemos que es gracias a ti y por tu infinita misericordia, que lo gramos vencer las dificultades. Te pedimos sabiduría para manejar el tiempo en familia y no incurrir en el error de dedicar más de nuestro espacio al trabajo o los compromisos con amistades, que a quienes importan para nuestra vida: nuestro cónyuge y los hijos. Entregamos este día en tus manos. Amén”

4. Una Meta familiar:

Tomaré tiempo para valorar a mi familia, lo que significan para mi vida y la necesidad de estar con ellos cuanto más pueda.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1019


Publicado en: Altar Familiar

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