Planee la edificación de familias sólidas

Dios nos ayuda a edificar familias sólidas a partir de principios y valores

1.- Base Bíblica: Proverbios 16:3, 9; Lucas 14:25-35

2.- Objetivos:

2.1.- Que al término del Grupo Familiar, los participantes reconozcan la necesidad de involucrar a Dios en el proceso de planificación de una familia sólida.

2.2.- Que al término del Grupo Familiar, los participantes reconozcan importancia aplicar a la vida familiar sólidos principios aprendidos de la Biblia.

2.3.- Que al término del Grupo Familiar los participantes revisen sus metas familiares y apliquen cambios con ayuda de Dios con el propósito de edificar hogares sólidos.

3.- Desarrollo del tema:

¿Se puede evitar que un matrimonio termine en crisis? Por supuesto que sí. Sin duda no solo nosotros hemos escuchado este interrogante sino que a usted se lo formulan muchas veces. Es comprensible. Infinidad de personas desean encontrar los mecanismos que permitan evitar el divorcio y de paso, que los hijos sufran las consecuencias.

No obstante la realidad es que las pautas que enseña el mundo alrededor de la familia y cómo mantener un estado de solidez pueden resultar una valiosa ayuda pero no han probado su eficacia. La sicología tiene mucho que aportar e igual, la sociología. Los conferencistas de motivación hacen aportes significativos e incluso, la medicina; pero quien tiene una respuesta a nuestros interrogantes es Dios y nos comparte esos principios a través de un libro maravilloso, la Biblia.

Cuando aprendemos y ponemos en práctica esos fundamentos, estamos llevando a la práctica la planificación de una familia sólida que es justamente lo que el Señor espera de todos nosotros. No improvisar con algo tan serio con la familia sino planear.

3.1.- Es tiempo de revisarnos y aplicar ajustes en familia

Siempre resultará muy valioso hacer un alto en el camino para evaluar nuestra vida personal y espiritual, pero también familiar.

Cuando las cosas no andan bien, es urgente detenernos y preguntarnos no solo por qué las cosas están fallando— en las relaciones, en la manera en que expresamos amor y aprecio por el cónyuge y los hijos o quizá en el manejo del presupuesto familiar —, sino evaluar las consecuencias y correctivos que podemos aplicar en el presente pero también previendo el futuro. Es aplicar una mirada a largo plazo, no de carácter inmediatista porque quizá los conflictos que tenemos hoy serán muy diferentes a los que encontremos a nuestro paso en el curso de un año.

Ahora, hacemos un alto en el camino porque las familias son diferentes y las dificultades que enfrentan tienen una dinámica distinta.

El autor cristiano, Dennis Fisher, analiza el asunto en los siguientes términos:

“Los matrimonios exitosos son tan diversos como variados son los copos de nieve. Los atletas se casan con personas artísticas, y los que son muy sociables contraen matrimonio con los tímidos y reservados. Las diferencias obvias pueden ser fuente de conflictos. Sin embargo, a medida que uno se comprende mejor a sí mismo y a su cónyuge, los dos pueden aprender a adaptarse a largo plazo a las idiosincrasias del otro.” (Dennis Fisher. “Nuestras citas con Dios”. RBC Latino Editora. 2003. EE.UU. Pg. 4)

No hay hogar en el que no haya conflictos, y en caso de que no existan, es evidencia de que también algo anda mal. ¿Por qué afirmamos que es natural que haya desavenencias? Porque bajo un mismo techo conviven varias perspectivas de la vida así como temperamentos y formas de ser. Ninguna persona es igual a otra. Es lo maravilloso de la individualidad con la que nos concibió nuestro amado Dios.

¿Cómo resolver la situación? Evaluando nuestra vida familiar periódicamente pero al mismo tiempo, proyectándonos en el tiempo, definiendo metas: ¿A dónde queremos llegar? ¿Los objetivos que nos hemos trazado son viables? Y lo más importante: ¿Hemos involucrado a Dios en esos planes y proyectos procurando que Él nos ayude en cada uno de los pasos que demos?

La Biblia nos enseña la importancia de no andar improvisando y realza la necesidad de planear. El rey Salomón escribió: “El corazón del hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el Señor.” (Proverbios 16:9 NVI) Si dios tiene el control de todo cuanto hacemos es quien prospera nuestro camino, conviene además tener en cuenta otra enseñanza del afamado monarca del Antiguo Testamento: “Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán.” (Proverbios 16:3 NVI)

La familia es un asunto muy serio en nuestra vida y por el grado de influencia que ejercemos en ellos como para ir obrando sin medir las consecuencias. Podemos planear la familia, pero en ese propósito es claro que debemos incorporar sólidos cimientos que tomamos de la Biblia, que es el libro de la familia.

Recuerde que nunca es tarde para emprender cambios en nuestra vida personal y familiar, y desde hoy la idea es que comience a planear su familia: ¿Cómo espera que sea a vuelta de seis meses, de un año o quizá con el paso del tiempo, conforme sus hijos vayan creciendo?

3.2.- Planear implica evaluar cada paso con la familia y someterlos a Dios

El hecho de que Juan, el vecino, trate de determinada manera –con aspereza o desconsideración —a su esposa o quizá a sus hijos, no implica que debamos replicar ese comportamiento en nuestro hogar. En su familia y en la mía debe primar el cambio permanente orientado al crecimiento, al mejoramiento y a la cimentación de una familia sólida.

Así como Dios nos creó distintos unos de otros, así también lo es nuestra familia. No hay ninguna que sea copia de otra. La autora y conferencista, Sandra Merrill Covey lo explica así:

“Todos tenemos una vida familiar diferente y muy personal, distinta de las demás. Probablemente usted ha descubierto, como lo hice yo, que la vida ya no es sencilla. La sociedad no apoya a las familias como antes. La vida es más tecnológica, más rápida, más temerosa… Nunca es demasiado tarde [para salvar a la familia]. Nunca debe darse por vencido o dejar de intentarlo.” (Stephen R. Covey. “Los 7 hábitos de las familias altamente eficaces”. Editorial Grijalbo. 1998. México. Pàginas 15, 16)

Un hombre joven con quien hablamos, explicó la razón de no incurrir en la infidelidad: “Los hemos demostraron que la promiscuidad del vecino sólo traía dolor a su familia. Se peleaba con la esposa cada semana o con más frecuencia y el dinero no le alcanzaba para proveer para las necesidades de sus hijos. Eso me llevó a reconocer que obrar igual traería consecuencias desastrosas al hogar.”

Es importante siempre evaluar y tomar correctivos. Es un principio de éxito que nuestro Señor Jesús compartió con sus discípulos y con nosotros hoy: “Una gran multitud seguía a Jesús. Él se dio vuelta y les dijo: «Si quieres ser mi discípulo, debes aborrecer a los demás — a tu padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas— sí, hasta tu propia vida. De lo contrario, no puedes ser mi discípulo. Además, si no cargas tu propia cruz y me sigues, no puedes ser mi discípulo. »Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo? De no ser así, tal vez termines solamente los cimientos antes de quedarte sin dinero, y entonces todos se reirán de ti. Dirán: “¡Ahí está el que comenzó un edificio y no pudo terminarlo!”. (Lucas 14:25-29. NTV)

¿Cómo aplica a nuestra vida familiar este pasaje bíblico? De una manera sencilla: Reflexionando lo que significa renunciar a nosotros, a los prejuicios, a los paradigmas y por supuesto, a los patrones de vida equivocados con los que nos educaron para aplicar nuevos principios, los que nos enseña el Señor para edificar una familia sólida.

¿Estás interesado en casarte? Evalúa el asunto. ¿Piensas encargar hijos? Toma tiempo para meditar en la decisión. ¿Crees oportuno comprar un auto para el uso de la familia? Toma lápiz y papel y haz cuentas antes de tomar el riesgo financiero que implica. ¿Sueñas comprar casa para todos? Buena decisión pero antes ora a Dios y consúltale si es el momento apropiado para hacerlo.

Si Dios es quien gobierna nuestra familia, nos encaminaremos a una vida victoriosa en la relación de pareja y con los hijos. Si no reina el Señor en su hogar, hoy es el día para que tome la decisión.

3.3.- No ponga en riesgo la solidez de su vida ni la de su familia

¿Por qué tantas relaciones de pareja terminan en crisis? Porque no planificaron durante el noviazgo lo que podría ocurrir en cada paso, y menos, entregaron al Señor su vida familiar. Una vez compartimos la vida bajo el mismo techo obramos conforme a nuestros propios criterios, de acuerdo con las pautas de vida que aprendimos desde la niñez y adolescencia, así sean principios equivocados.

Planear lo que vamos a hacer y más tratándose de establecer una familia, es fundamental. Es un principio de éxito en todas las áreas de nuestra vida que por supuesto aplica a la relación con el cónyuge y los hijos.

Nuestro Señor Jesús lo compartió así a las multitudes y cobra particular vigencia en nuestro tiempo:

“¿O qué rey entraría en guerra con otro rey sin primero sentarse con sus consejeros para evaluar si su ejército de diez mil puede vencer a los veinte mil soldados que marchan contra él? Y, si no puede, enviará una delegación para negociar las condiciones de paz mientras el enemigo todavía esté lejos. Así que no puedes convertirte en mi discípulo sin dejar todo lo que posees. »La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? La sal sin sabor no sirve ni para la tierra ni para el abono. Se tira. ¡El que tenga oídos para oír, que escuche y entienda!».” (Lucas 14:31-35. NTV)

Si no planeamos la relación de familia en el presente y hacia el futuro, entraremos a la etapa de improvisación que resulta altamente perjudicial porque en cuanto a familia no es nuestra vida la que está en juego sino la de los seres que amamos.

Al referirse a la importancia de planear la familia y acordar las pautas sobre las que se cimentará, la autora. Sandra Merrill Covey, anota:

“Stephen y yo discutíamos a menudo la clase de hogar y vida familiar que queríamos construir. Conforme nuestra familia creció y nuestras vidas se fueron volviendo más ocupadas y más complicadas, nos dimos cuenta de que las familias exitosas no se dan así nada más. Se requiere de toda la energía, el talento, el deseo, la visión y la determinación que se puedan reunir. Las cosas que realmente importan necesitan tiempo, pensamiento, planeación y perseverancia. Se tiene que trabajar en esa dirección y hacer sacrificios, se tiene que querer y pagar el precio.” (Stephen R. Covey. “Los 7 hábitos de las familias altamente eficaces”. Editorial Grijalbo. 1998. México. Pàginas 11)

Una familia sólida en nuestro tiempo es posible cuando Dios gobierna. Él nos guía para tomar las decisiones acertadas, nos ayuda a corregir los errores en los que incurrimos y nos concede la sabiduría para encontrar la salida al laberinto en el que nos encontremos en las diferentes etapas de la vida de hogar.

Otro elemento de suma importancia es que conforme vamos aprendiendo de Dios, integremos a la vida familiar esos principios que constituyen cimientos firmes sobre los cuales podemos levantar la relación de pareja pero también con nuestros hijos.

A propósito, si no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador de su vida, hoy es el día para que tome la decisión. Ábrale su corazón a Cristo. Podemos asegurarle que es la mejor decisión que jamás pueda tomar porque prendidos de Su mano emprendemos el maravilloso proceso de crecimiento personal, espiritual y familiar que tanto hemos anhelado. No se arrepentirá de caminar con Cristo cada día junto con su familia…

4.- Preguntas para la discusión en grupo:

a.- ¿Planifica cuidadosamente la edificación de una familia sólida?

b.- ¿Ha tomado tiempo para discutir con su pareja qué tipo de ajustes se deben aplicar a la relación familiar hoy?

c.- ¿Ha hecho un alto en el camino para evaluar su vida familiar?

d.- ¿Cómo aplican a los asuntos de familia los principios que aprendemos en Proverbios 16:3, 9?

e.- ¿Está trabajando en la edificación de una familia bajos sólidos principios tomados de la Biblia?

f.- ¿Cómo podemos aplicar a nuestra vida familiar los principios que aprendemos en Lucas 14:25-35?

g.- ¿He evaluado la importancia de que Dios reine en nuestra familia?

5.- Oración al terminar la Grupo Familiar:

“Mi amado Dios y Padre celestial, cuando tú gobiernas nuestra relación familiar, todo cambia, pero cuando hacemos todo a nuestra manera, admitimos que generalmente incurrimos en errores y sentamos las bases para entrar en crisis. Oramos delante de tu presencia para que nos concedas cada día la sabiduría que necesitamos para edificar una familia sólida. Amén”

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2557


Publicado en: Grupos Familiares

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