No cargue con todo el trabajo sobre sus hombros

No podemos echarnos encima toda la carga de trabajo

1.- Lectura Bíblica: Éxodo 18:13-22

2.- Versículo para memorizar:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mateo 11:28-30)

3.- Reflexión en la Palabra de Dios:

¿Cree usted que echarse la carga encima de todo el trabajo en una oficina, en una iglesia, en una factoría o donde quiera que se desenvuelva, le hará llegar a la cima? Sin duda que no. Lo más probable es que termine emproblemado, bien porque lo dejen solo cuando surjan dificultades o porque— sencillamente— todos se tranquilicen al saber que usted está a cargo, y decidan no hacer nada.

Cuando nos apropiamos de todo lo que se debe hacer en un lugar, allí donde laboramos o prestamos un servicio, terminamos resintiendo nuestra salud, acumulando preocupaciones, acariciando altos niveles de estrés, y lo más grave: sacrificando la relación de pareja y con los hijos.

El profeta Moisés era un hombre exitoso en su ministerio, en el trabajo que realizaba, guiando a las multitudes y, por supuesto, sería recordado por generaciones enteras. No obstante Jetro— su suegro— debió llevarle hasta el desierto a Séfora— la esposa— y a sus dos hijos. Jetro le llevó a entender que el lugar que le correspondía a la familia, era con el esposo.

Pero hay otro dato revelador de Moisés que le invito a tener en cuenta: “Al día siguiente, Moisés se sentó para oír los pleitos que los israelitas tenían unos con otros. Y el pueblo esperó a ser atendido delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Cuando el suegro de Moisés vio todo lo que él hacía por el pueblo, le preguntó: — ¿Qué logras en realidad sentado aquí? ¿Por qué te esfuerzas en hacer todo el trabajo tú solo, mientras que el pueblo está de pie a tu alrededor desde la mañana hasta la tarde?  — ¡No está bien lo que haces! — exclamó el suegro de Moisés—. Así acabarás agotado y también se agotará el pueblo. Tú debes seguir siendo el representante del pueblo ante Dios, presentándole los conflictos. Enséñales los decretos de Dios; transmíteles sus instrucciones; muéstrales cómo comportarse en la vida. Sin embargo, elige, de entre todo el pueblo, a algunos hombres con capacidad y honestidad, temerosos de Dios y que odien el soborno. Ellos te ayudarán a llevar la carga, para que la tarea te resulte más fácil.” (Éxodo 18:13-22. NTV)

Piense por un instante cuánto agradaría a su familia que les dedicara más tiempo, el mismo trabajo que hoy dedica al trabajo. Puedo asegurarle que modificar una hora — que invierte hoy en el ministerio o en la ocupación secular que desempeña— para orientarla a su cónyuge y a sus hijos, les hará mucho bien.

Y digo que una hora, porque en ocasiones procuramos hacerlo todo nosotros, no delegamos, y dejamos de lado la posibilidad de estar— esa hora de la que le hablo— con nuestros seres queridos en casa.

No somos indispensables, Dios es el único indispensable. Si nosotros el mundo no caerá a pedazos. Pero puedo asegurarle una cosa: Nuestras ausencias en casa llegará el momento en que tendrán su efecto negativo y nos pasarán cuenta de cobro cuando los hijos crezcan y la relación de pareja se haya deteriorado.

Hoy es el día para imprimir cambios en nuestra vida personal y espiritual con ayuda de Dios. No solo podemos lograrlo sino además, avanzar significativamente cada nuevo día. Le aseguro que no se arrepentirá. Prendidos de la mano de Jesús el Señor, vamos camino a la victoria. Y si aún no lo ha recibido como Señor y Salvador, hoy es el día para que tome la mejor decisión de su existencia. ¡No se arrepentirá jamás de esa determinación!

3.- Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a.- ¿Ha puesto en una balanza el tiempo que dedica a su familia y el que invierte en su familia?

b.- ¿De quién se ocupa con mayor esmero? ¿Sacrifica la relación familiar por el ministerio?

c.- ¿Tiene claro desde qué momento comenzó a inclinarse más por el ministerio que por su familia?

d.- ¿Ha medido el tiempo que le dedica a su cónyuge y el que destina a sus hijos?

e.- ¿Podría decir que les brinda— a su cónyuge e hijos— tiempo de calidad?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=2098


Publicado en: Devocionales Diarios

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