Luchando en sus fuerzas, enfrentando la frustración

Debemos preguntarnos: Cuanto hacemos, ¿está en la voluntad de Dios?

1.- Lectura Bíblica: Hechos 9:1-6

2.- Versículo para memorizar:

“Al acercarse a Damasco para cumplir esa misión, una luz del cielo de repente brilló alrededor de él. Saulo cayó al suelo y oyó una voz que le decía: — ¡Saulo, Saulo! ¿Por qué me persigues? — ¿Quién eres, señor? — preguntó Saulo. — Yo soy Jesús, ¡a quien tú persigues! — contestó la voz—.Ahora levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.” (Hechos 9:5, 6. NTV)

3.- Reflexión en la Palabra de Dios:

¿Por qué fracasamos los seres humanos? ¿Cuál es la razón de esforzarnos mucho y avanzar poco? En esencia por hacer nuestra voluntad. Obrar conforme creemos que deben ser las cosas.

Podría asegurarle que todos los seres humanos nos estrellamos alguna vez contra un muro sólido de roca. Un impacto fuerte que nos trajo a la realidad. Nos hizo comprender que no somos el centro del universo y que, ese lugar privilegiado, sólo le corresponde a Dios.

Por años hice esfuerzos procurando la conversión de mi esposo. Todo resultaba inútil. Se resistía a escuchar el mensaje de Salvación; sin embargo, un día cualquiera, un vecino le habló de Cristo y él se convirtió — , relató Rocío, impulsadora de ventas, tras reconocer su fracaso al pretender llevar a su cónyuge a los pies del Salvador.

Mi caso es diferente a todos de cuantos ha escuchado. Era líder en la iglesia y anhelaba que el ministerio prosperara. Lideraba el grupo de evangelismo. Nadie aceptaba a Jesús en nuestras jornadas callejeras. Un día le dije a Dios: “Haz tú la obra porque yo no soporto más”, y ocurrió el milagro. El Señor obró. Estoy satisfecho — , explicó José Elías, un predicador con quien hablé en Lima, en el Perú.

Lucía eleva un suspiro antes de despachar todo lo que encierra en su corazón. Es una amalgama de gratitud y desconcierto:

Durante mucho tiempo oré por mi hijo Ronald. Hoy tiene 22 años pero cuando se tornó adicto a las drogas tenía sólo 16. Reñía con él, incluso lo dejaba fuera de casa cuando llegaba pasadas las diez de la noche. Nada funcionaba. Bueno, no hasta que fui desesperada a los pies de Cristo. “Dame una salida”, le dije. “No se qué más hacer”. Unos amigos lo invitaron a un concierto. Resulta que era un evento cristiano. Y allí, una noche de sábado, aceptó la Salvación de Cristo —.

La lista de relatos podría tornarse interminable. Aunque se trata de hechos aislados, todos tienen un común denominador: los protagonistas se cansaron de luchar en sus propias fuerzas. Un día se rindieron a Jesús y los milagros se produjeron. El Señor transformó las circunstancias. Sencillamente, se sometieron a Su voluntad divina.

Probablemente a usted también le ocurrió. Luchó en sus fuerzas. Se agotó y nada pasaba. Un día decidió aplicar un giro a su existencia. Se rindió a Dios y las cosas cambiaron. La diferencia la marcó la decisión de pedirle a Dios que hiciera Su voluntad.

Un ejemplo del típico servidor de Dios que avanza en dirección equivocada es el apóstol Pablo, antes llamado Saulo.

Estaba convencido de las enseñanzas recibidas del maestro judío Gamaliel y consideraba que perseguir a quienes no profesaran su misma fe, era algo que agradaría al Señor.

Su empeño trajo mucho dolor a infinidad de personas. Bastaba que declararan ser cristianas para experimentar el rigor de la persecución despiadada.

Las Escrituras relatan así su conversión: “Mientras tanto, Saulo pronunciaba amenazas en cada palabra y estaba ansioso por matar a los seguidores del Señor. Así que acudió al sumo sacerdote. Le pidió cartas dirigidas a las sinagogas de Damasco para solicitarles su cooperación en el arresto de los seguidores del Camino que se encontraran ahí. Su intención era llevarlos — a hombres y mujeres por igual— de regreso a Jerusalén encadenados. Al acercarse a Damasco para cumplir esa misión, una luz del cielo de repente brilló alrededor de él. Saulo cayó al suelo y oyó una voz que le decía: — ¡Saulo, Saulo! ¿Por qué me persigues? — ¿Quién eres, señor? — preguntó Saulo. — Yo soy Jesús, ¡a quien tú persigues! — contestó la voz—.Ahora levántate, entra en la ciudad y se te dirá lo que debes hacer.” (Hechos 9:1-6. NTV)

Al igual que usted y yo, Saulo creía estar haciendo lo correcto. Probablemente en algún momento experimentó frustración porque las cosas no salían como esperaba. Deseaba mayor rendimiento, pero nada extraordinario ocurría. Fue en medio de su terquedad irracional que Dios debió tratar con su vida.

¿Quizá no es eso lo que desea hacer con nosotros? ¿Se ha preguntado si cuanto hace está en el centro mismo de la voluntad del Supremo Hacedor?

Ese encuentro cara a cara con Jesús le transformó la vida. Su existencia tomó un nuevo rumbo. Jamás volvería a ser el mismo.

Probablemente usted desea servir mejor en el Reino de Dios. Generar impacto en la familia o allí donde se desenvuelve. Cree que lo ha intentado todo y siempre se encuentra con una pared enfrente. ¿Es lo que espera seguir haciendo por años? Sin duda que no. Al menos, no debería ser así.

Un ministro cristiano recién ordenado y quien anhelaba plantar iglesias, vivió en carne propia las consecuencias de luchar en sus propias fuerzas y no en las de Dios.

Un texto que leí hace poco y que comparto con usted, relata:

“Claude comprobó que Dios podía hacer en una semana más de lo que él hubiera lograd con años de su propio esfuerzo. También llegó a reconocer que había estado tan ocupado tratando de hacer cosas para Dios, que no había dedicado tiempo para disfrutar de la intimidad con Dios… cuanto más se disponía a vivir en una estrecha relación con Dios, más aumentaban los logros a través de lo que Dios hacía por medio de Claude.” (Henry Blackaby. “Experiencia con Dios”. B&H Editores. 2009. EE.UU. Pg. 32)

Piense por un instante en esa descripción de la vida real. Ahora mírese en el espejo de su propia situación. ¿Por qué no prosperan nuestros planes y esfuerzos para la extensión del Reino de Dios? La respuesta es sencilla: Porque no nos hemos rendido en manos de Dios. Rendirnos a Dios no es otra cosa que someter todos nuestros planes y proyectos en Sus manos. Hacer su voluntad debe convertirse en nuestra prioridad.

Hoy es el día de cambiar el curso de su historia y la de los seres que ama. ¿De qué manera? Sometiendo su vida al Señor. Es una decisión que transformará todo su ser, su presente y su futuro.

Si aún no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. No se arrepentirá. Cuando Cristo mora en nuestro ser, experimentamos crecimiento personal, espiritual y familiar como siempre lo hemos anhelado. Decídase hoy por Jesucristo el Señor.

4.- Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a.- ¿Podría decir cuál es la razón por la que muchos de nuestros esfuerzos para el Reino de Dios terminan en frustración?

b.- ¿De qué manera ayuda a nuestro crecimiento personal, espiritual y familiar el rendirnos a la voluntad de Dios?

c.- ¿Acaso usted está realizando algo que considera está en la voluntad de Dios pero no rinde frutos?

d.- ¿Cuál dijo el Señor Jesús que era su mayor deleite (Juan 4:34)?

e.- ¿Qué secreto compartió el Señor Jesús para que experimentemos crecimiento personal, espiritual y familiar (Juan 15:5)?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7119


Publicado en: Devocionales Diarios

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