La mejor inversión: tiempo para su familia

(Cimentación Familiar – Cap. 12)

Es fundamental que revise cuánto tiempo invierte en su familia, y aplique cambios

Gustavo tiene en su oficina una enorme colección de relojes. Tiene réplicas de los primeros modelos que surgieron en China y Egipto, y recientemente adquirió un diseño que, según los expertos, fue concebido por la creatividad de los sumerios.

— ¿Por qué le gustan los relojes? — , le preguntó alguna vez su secretaria.

Porque valoro el paso del tiempo. Cada minuto es oro para mí — , le respondió.

No era la primera vez que él se sentía orgulloso de su colección de relojes. Siempre lo hacía. Presumía de ellos con sus amistades y familiares.

El problema es que aunque valoraba el tiempo, no le dedicaba tiempo de calidad a su familia. Sus mayores esfuerzos los dedicaba al trabajo.

La situación llegó a tal extremo, que su esposa habló de separarse en varios momentos, especialmente después de sostener discusiones. Los hijos, por su parte, evidenciaban rebeldía.

La familia se había tornado un caos como consecuencia de la falta de tiempo con ellos.

¿Cuánto tiempo dedica a su familia?

El caso de Gustavo no es el único. Infinidad de familias enfrentan diariamente el distanciamiento con los hijos que puede, a largo plazo, producir malas relaciones interpersonales. Igual cuando ese progresivo alejamiento se da con el cónyuge.

Uno de los patrones comunes en las familias donde se comparte muy poco tiempo, es el comportamiento de los hijos marcado por la rebeldía, la desobediencia y hasta las heridas emocionales que se producen en la vida de adolescentes y jóvenes.

¿Hay oportunidad de resolver este problema? Sin duda que sí. Las Escrituras nos brindan sobre pautas sencillas que ayudarán a fortalecer la relación de padres e hijos.

Nadie más que nosotros, en nuestra condición de padres, definimos la importancia de pasar tiempo con los hijos. No son ellos quienes pueden incluir esos espacios en nuestra agenda. En ese orden de ideas, su decisión y la mía son muy importantes.

“Si tan solo viera más a menudo a mi padre, todo sería distinto”, reconoció un joven que — ante la falta de amor y comprensión — se refugiaba en sus amistades, la mayoría de las cuales bebían cerveza y consumían drogas.

Al término de una conferencia, me dijo, estaba decidido a salir de su laberinto con el concurso de su progenitor a quien amaba.

¿Disfruta pasar tiempo con su familia?

Leí una entrevista que le hicieron en prensa al cantautor guatemalteco, Ricardo Arjona. El artista se estaba refiriendo, esencialmente, al lanzamiento de su último álbum musical; pero, en medio de la entrevista, hizo alusión a su familia, lo que me llamó poderosamente la atención.

“¿Cuál es el lugar en donde mejor me siento? En casa. Me gusta mucho ser padre; es el oficio más importante más que ser cantante, que también me gusta mucho. Y paso tiempo con mis hijos Adria y Ricardo.” (Citado por la periodista Lina Rodríguez Ortíz. Artículo “Arjona: Su viacrucis”. Diario ADN. Colombia. 25/04/2014. Pg. 20)

Se ha preguntado: ¿Qué significa mi familia, y cuánto tiempo les dedico cada día? El problema radica esencialmente en la forma como progresivamente hemos ido desdibujando el concepto de familia.

Hoy día cada quien busca vivir para sí mismo. Hay egoísmo, en padres e hijos. Todo es estructural: Si formamos hijos que aman a su familia, ellos amarán el hogar.

En esencia, la familia es un espacio de crecimiento, como lo define un especialista:

“Un buen modo de definir la familia es retomar la frase del filósofo español Rafael Alvira que dice que la familia es el lugar al que se vuelve. Ese lugar no es físico, sino es donde siempre somos esperados y amados, no por nuestros logros o por nuestras cualidades, sino por ser quienes somos. Las crisis — en el caso de la familia del futuro — deben ser entendidas como una posibilidad de cambio, que ofrece nuevas oportunidades a las personas y la sociedad.” (Álvaro Sierra, médico y profesor del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana. Citado en el Diario El Tiempo. Colombia)

Reconocer que hemos fallado en lo que respecta a tiempo con la familia, nos ayuda a mejorar ostensiblemente porque admitir el error nos lleva a proponer soluciones. Y en el caso que nos ocupa, el tiempo de calidad para la familia es fundamental.

Darle tiempo a la familia, nuestra responsabilidad

La crisis que vive hoy el núcleo familiar gira alrededor del hecho de no valorar ese espacio y, además, no prodigarles tiempo, el que se merecen.

La solución entonces se orienta en dos direcciones: La primera, evaluar qué significa para nosotros la familia, y la segunda, comprometernos a pasar más tiempo en este espacio en donde podemos edificar a partir del ejemplo, de vivenciar aquello que predicamos o los principios y valores que profesamos.

A nuestro cónyuge e hijos no solo hay que proveerles económicamente, sino también, con tiempo de calidad.

Viene a nuestra memoria lo que enseña el apóstol Pablo: “Pero si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.” (1 Timoteo 5:8. Biblia de Las Américas)

Dedicar tiempo a la familia es el principio para una vida victoriosa, porque aseguramos con ayuda de Dios una buena relación con nuestra pareja y nuestros hijos. Sembramos para el mañana.

Cuidado con el trabajo que le roba tiempo

No podemos esperar que si nos enfocamos en el trabajo o en las amistades, vamos a cosechar algo bueno; por el contrario, llegará el momento en el que nuestro cónyuge se distanciará y los hijos se alejarán. Entonces, y sólo entonces, valoraremos el tiempo perdido, los días, las horas, los segundos que no les dedicamos a ellos.

El autor y conferencista, Todd Duncan, escribe:

“Trabajar no es vivir. El dinero es vida primero, y dinero después. Más trabajo suele significar menos vida; menos trabajo, más productividad y eficiencia, suelen significar más vida. La forma en que utilizo mi tiempo importa profundamente e impacta mi auto estima, mi identidad y mi realización.” (Todd Duncan. “La trampa del tiempo”. Grupo Nelson. 2004. EE.UU. Pg. 29)

Reevalúe a qué le invierte más tiempo: a sus ocupaciones o a su círculo familiar. Puedo asegurarle que una respuesta sincera y aplicar correctivos, traerá como consecuencia un mejoramiento en su calidad de vida y la de quienes le rodean.

Aproveche las oportunidades

La clave está en aprovechar al máximo las oportunidades que nos brinda la cotidianidad para mantener un buen contacto con los componentes del hogar. Es oro en polvo. Compartir al menos unos minutos, estrecha los lazos afectivos.

¿En qué momento? En el desayuno, en el almuerzo — aunque esta posibilidad es poco frecuente en ciudades grandes — o en el momento de la cena.

Ese contacto, aunque parezca mínimo, nos ayuda no solo a encontrarnos, sino a compartir experiencias de la cotidianidad, a generar intimidad familiar, buscar juntos soluciones a los problemas o simplemente aportar ideas sobre diversos temas. A los adolescentes y jóvenes les gusta que se tengan en cuenta sus opiniones.

Hay un texto Escritural que generalmente se asocia con el interactuar con personas de la congregación, pero que también tiene especial aplicación en la vida familiar.

El rey David, escribió: "¡Cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía!” (Salmos 133:1. NVI)

Convivir no es otra cosa que compartir espacios comunes. Y eso es precisamente lo que deben hacer padres e hijos.

Vivir aislados no fortalece sino que debilita el hogar, y hay quienes se han acostumbrado a estas relaciones irregulares, en las que lo único que les une es el apellido o el habitar una misma casa.

Buscando soluciones

En una sociedad como la nuestra, el crecimiento de la tecnología está relacionado directamente con una mala comunicación al interior de la familia, pero de la mano con esto, el progresivo distanciamiento de todos en casa.

Un grupo de especialistas publicó en la Revista Selecciones la siguiente apreciación:

“Es muy grato ver una familia reunida alrededor de la mesa para cenar, quizá porque esta tradición se está perdiendo...Las investigaciones muestran que los adolescentes que cenan con sus padres y hermanos, al menos tres veces por semana, son menos proclives a fumar y consumir drogas, y tienden a sacar buenas calificaciones en los exámenes escolares.” (Revista Selecciones. Edición Especial Familia. Julio 2015. México. Pg. 30)

Otra idea buena es programar una película para el fin de semana e incluso, ir de compras. Tomarse un helado en un centro comercial, sin que resulte muy costoso, puede convertirse en una oportunidad para dialogar con los hijos.

La creatividad debe entrar en acción. Usted tiene la iniciativa. Podemos asegurarle que usted tiene en sus manos la posibilidad de que la relación al interior de la familia mejore.

Como cristianos no podemos permitir que aspectos tan elementales como tomar la cena juntos en familia, se vaya desdibujando en el tiempo. Esas sanas costumbres debemos recobrarlas cuanto antes, con ayuda de Dios.

Aproveche bien el tiempo con su familia

Hay una historia que leí alguna vez en el periódico, que me hizo reflexionar sobre el buen aprovechamiento del tiempo. Gira alrededor de un payaso, un circo y un tigre.

El tigre murió. Ocurrió al caer la tarde. Nadie supo por qué. Trajo tristeza. Era la única atracción del circo. Y el único payaso del espectáculo, que a la vez era el propietario, animador y aseador cuando terminaba la función, lo sabía.

Quedó desorientado. No sabía qué decir. El veterinario se limitó a menear la cabeza. Era su forma de decir, sin palabras, que nada podía hacer.

Le pareció que el tiempo había sido corto. Demasiado. El animal que compraron a bajo precio, fue por meses el centro de todas las funciones. Y aunque lucía cansado, chicos y grandes evocaban en su estampa de animal fiero, lugares remotos y selváticos a los que difícilmente se podía llegar.

La carpa cerró. Nadie venía. Los pocos artistas que quedaban, se fueron. La tela y las tablas terminaron convertidas en un campamento de gitanos.

El tigre se llevó todo con su partida, hasta los recuerdos. Hoy el payaso atiende un pequeño almacén de ferretería en Aguas Verdes, al sur del Ecuador. Todavía sueña con reabrir el circo, aunque sabe que jamás será...

El hoy mañana será ayer. No es un mero juego de palabras sino una realidad. El tiempo se esfuma. No volverá jamás. Podremos regresar las manecillas de un reloj, pero nunca los minutos que transcurrieron. Es inevitable. Cada segundo es oro.

¿Cómo aprovecha usted cada instante con su cónyuge? ¿Toma tiempo para hablar con sus hijos? Si el Señor Jesús lo llamara hoy a la eternidad, ¿podría decir que aprovechó bien el tiempo con su familia? ¿Lamentaría no haber podido hacer algo en particular?

Hoy tiene la oportunidad, ¿qué cree que debería cambiar a nivel familiar? ¿Y en su relación con Dios, qué debe cambiar?

Pero hay un segundo elemento que le invito a considerar. Son las circunstancias ajenas a nuestra voluntad y que llevan a la ocurrencia de hechos que jamás esperábamos. Como la muerte del tigre. O el cierre del circo. Sucesos que jamás preveemos.

En la Biblia leemos: “En este mundo he visto algo más: que no son los veloces los que ganan la carrera, ni los valientes los que ganan la batalla; que no siempre los sabios tienen pan, ni los inteligentes son ricos, ni los instruidos son bien recibidos; todos ellos dependen de un momento de suerte. Por otra parte, nunca sabe nadie cuándo le llegará su hora: así como los peces quedan atrapados en la red y las aves en la trampa, así también el hombre, cuando menos lo espera, se ve atrapado en un mal momento.” (Eclesiastés 9:11, 12).

Instantes así, que nos cambian la vida en cuestión de segundos, es necesario aprender a afrontarlos con entereza, con fe, bajo el convencimiento de que nada debe robarnos ni la paz ni la esperanza.

Por eso, porque sabemos que cada segundo no volverá, que se nos esfuma como agua entre los dedos, debemos aprovechar cada instante con nuestra familia. Hacerlo parte de una decisión que debemos asumir desde hoy.

Si no da tiempo a su familia, peligra la relación

En cierta ocasión hablé con un abogado, cuya relación conyugal y con los hijos, se hallaba en crisis.

“¿Qué hice mal?”, me preguntó el hombre, procurando encontrar el origen de sus quebrantos emocionales.

Revisamos su vida paso a paso y coincidió conmigo que dedicar más tiempo a su trabajo que a la familia, terminó por resquebrajar la relación.

Para terminar esta historia le contaré que volvió a restaurar su vida, con un segundo matrimonio. Solo que esta vez en otras condiciones. Entendió que el hogar es fundamental en nuestra vida y que dedicarnos al trabajo puede resultar contraproducente.

El autor y conferencista, Alex Kendrick, enseña:

“Necesitamos hombres que se nieguen a sacrificar a su familia a costa de un ascenso en el trabajo. Hombres que no permitan que el esparcimiento consuma su tiempo e insensibilice su conciencia; que se manifiesten en contra de las leyes y de las filosofías que destruyen la familia. Hombres que perdonen a sus padres, que rompan las cadenas del pasado y establezcan nuevos principios....” (Alex y Stephen Kendrick. “La resolución para hombres”. B&H editores. 2013. EE.UU. Pg. 21)

El propósito original de Dios para la familia es que haya unidad, y esa unidad parte de la decisión que tomamos los esposos de contribuir al crecimiento de nuestro cónyuge y el de nuestros hijos.

A menos que revisemos detenidamente en qué estamos invirtiendo nuestro tiempo, tendremos problemas y trasladaremos esa situación a nuestra relación familiar. Es tiempo de corregir, como enseñan las Escrituras: "El prudente ve el mal y se esconde, mas los simples siguen adelante y son castigados.” (Proverbios 22:3. NTV)

No es necesario llegar al borde del abismo para reconocer que las cosas andan mal. Si evaluamos que dedicar tiempo al trabajo o a los amigos antes que a la familia nos trae problemas, es tiempo de corregir. Y no lo hacemos en nuestras fuerzas sino en el poder de Dios. ¡Él hace posible que corrijamos los errores!

Decídase a cambiar un esquema equivocado, es decir, el poco tiempo que pasa con su familia. Si es consciente del valor que tienen para su vida su cónyuge y sus hijos, estoy seguro que se dará a la tarea de aprovechar con ellos cada instante.

Ese paso es fundamental porque mejorará su relación en todas las áreas. Tiempo de calidad con la familia está asociado con una cimentación familiar gratificante, que enriquece su vida y, además, le permite experimentar plenitud en todo cuando hace y planea, en el presente y en el futuro…

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=8246


Publicado en: Libros Electrónicos

Etiquetas:








Los artículos más leídos

Sometiendo a Dios las crisis familiares Lucía y Roberto han tenido dificultades familiares últimamente. Lo grave del asunto es que, después de diálogos que terminan en verdaderas batallas [...]
Decidí declararme en bancarrota porque no tengo un solo peso “La situación financiera a nivel personal está por el suelo. Cometí  errores financieros que me llevaron a la quiebra. Perdí el negocio, hace un mes [...]
El Sermón Temático ¿Cómo se elabora? (Lección 7) Llegamos al tercer sistema de exposición de la Palabra de Dios: el Sermón Temático. Como su nombre lo indica, este género de predicación gira en torno a [...]
transformación
La sangre de Cristo trae cambios a su vida personal y familiar “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, [...]
felicidad,
Un encuentro con Dios que produce transformación Cuando tenemos un encuentro con Dios, nuestra vida experimenta transformación. Los hombres y mujeres descritos en la Biblia, que tuvieron un encuentro con el [...]


Léanos en familiassolidas.comLéanos en altar-familiar.comLéanos en bosquejosparasermones.comLéanos en devocionales.comLéanos en guerraespiritual.orgLéanos en selecciondeestudiosbiblicos.orgLéanos en miiglesia.com
clic para cerrar