La confianza permite desarrollar crecimiento en toda la organización

(Lección 3)

Es importante imprimir cambios en el liderazgo ministerial con ayuda de Dios.

Confianza. Una sola palabra. Corta. Puntual. Contundente. Sin embargo, significa mucho. Habla de despojarnos de prevenciones y obrar o permitir que otra persona obre, sin temor a que sus actuaciones nos puedan causar daño. Confianza.

¿Ilustraciones en la Biblia? Muchísimas. Dios ha confiado, históricamente, en las personas. Es otra de las manifestaciones de Su amor infinito. Pero hay, en el Evangelio de Juan, una escena que le invito a leer conmigo:

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.” (Juan 21:15-19. RVR 1960)

Lea el pasaje cuantas veces sea necesario. Encontrará una poderosa demostración de confianza del Señor Jesús en Pedro.

Pero ahora hagamos práctico ese principio para desarrollar un ministerio productivo y, además, afianzar la congregación que tenemos a cargo o sobre la cual lideramos.

John Maxwell, el reconocido autor y conferencista mundial, asegura:

“La habilidad que más se necesita para tener éxito es la de relacionarse con otras personas. Esto provoca un impacto en cada aspecto de la vida de quienes nos rodean. Sus relaciones lo mejorarán o llevarán al fracaso. Una de las lecciones más importantes que he aprendido es que aquellos que están más cerca de usted determinarán el nivel de su éxito. Si sus sueños son más grandes, sólo los alcanzará con un equipo.” (John C. Maxwuell. “El lado positivo del fracaso”. Grupo Nelson Editores. 2008. EE.UU. Pg. 11)

Y en esa dirección, es evidente que confiar en quienes integran nuestro equipo de liderazgo permite siempre avanzar hacia nuevos niveles.

La desconfianza en las capacidades de otras personas y creer que sólo nosotros tenemos la capacidad de liderar y obtener buenos resultados, es lo que lleva a infinidad de pastores, obreros y líderes al fracaso. Como no confían, tampoco delegan funciones ni tareas.

Si esta es su forma de pensar, sin duda deberá aplicar una reingeniería a la forma en que sirve al Señor. Tome como ejemplo a Jesús: Confiaba en sus discípulos. Y puedo asegurarle que ni usted ni yo somos más que el amado Maestro.

Pregúntese: ¿Por qué no confío en otras personas?

Es cierto que –generalmente— nadie llega nuevos niveles y alcanza metas, sin antes atravesar etapas de fracaso. No todo sale a pedir de boca. Hay errores en los que incurrimos. Y esas fallas nos permiten aprender. Son elementos que van íntimamente ligados y que nos permiten alcanzar un mayor aprendizaje. Esa disposición a aprender nos lleva a crecer.

Caben aquí dos preguntas: La primera, ¿Cómo reaccionamos cuando alguien comete un error?, y la segunda: ¿Cómo ejercemos la autoridad para decirle a alguien que se equivocó?

Tome unos segundos para despejar estos interrogantes. ¿Lo hizo? Ahora le tenemos nuevos cuestionamientos: ¿Reconoce usted ante las personas que tiene a cargo, que también ha fallado? Si cometen un error, ¿anima a sus colaboradores a superarlo y seguir adelante?

Tenga presente que los errores se convierten en aprendizaje para el éxito si los dimensionamos en su debida proporción.

Le invito a considerar de nuevo el pasaje bíblico en el que Jesús interroga tres veces a Pedro. No lo cuestionó ni descalificó para decirle: “No seguirás en mi equipo”. Y recuerde que su error fue grave, porque negó al Maestro días antes. No obstante, nuestro Salvador le dio una nueva oportunidad. Confianza.

Cuando desarrollamos confianza entre quienes nos rodean y particularmente el equipo de personas con las que trabajamos, los animamos para que participen en las tareas— aun de especial responsabilidad — , abrimos espacio para que aporten ideas, se involucren decididamente en las ejecutorias y eventualmente tomen decisiones.

Si aprendemos a confiar en las personas, obtendremos como consecuencia seguridad, compromiso, creatividad y un decidido impulso a la innovación; no confiar, por el contrario, crea un ambiente de desestímulo, frustración, inseguridad, temor y estancamiento.

Es tiempo de cambiar nuestros paradigmas

Si tenemos a cargo un equipo de personas, en la dimensión secular o eclesial, es necesario confiar en cada colaborador. Ahora, ¿quien debe jalonar esa confianza? Por supuesto el líder. No hay otro más que él.

Cuando confiamos en otros, estamos desencadenando las condiciones para liberar su potencial. Eso es altamente positivo.

El experto en temas de liderazgo, Myron Rush, escribe: “La confianza es el elemento de mayor importancia en la creación y mantenimiento de un ambiente laboral productivo, y estímulo de seguridad y liberad de acción que son dos requisitos para obtener la innovación y el poder creador… La confianza comienza con quien hace las veces de líder o jefe. Hay que demostrarle confianza a las personas para que, aprovechando esa confianza, se transformen en seres confiables.” (Myron Rush. “Un enfoque bíblico de la Administración”. Editorial Unilit. 1989. EE.UU. Pg. 30, 32)

Cuando hay confianza, inspirada por quien lidera, se libera innovación que contribuye al desarrollo de todo ministerio, organización o comunidad de creyentes.

No obstante tenga en cuenta que las personas que le rodean deben estar motivadas porque usted les exprese confianza. La decisión hoy y siempre en este aspecto, está en sus manos.

Preguntas para evaluar la comprensión y aplicación de la Lección de hoy:

a.- ¿Qué significa para usted la confianza?

b.- ¿Podría considerarse por naturaleza desconfiado, o por el contrario, confía fácilmente en las personas?

c.- ¿Hemos aprendido del Señor Jesús la importancia de confiar en las personas?

d.- ¿Qué nos impide desarrollar esa confianza?

e.- ¿Vuelve usted a confiar en alguien cuando ha fallado?

f.- ¿Cuál fue la actitud de Jesús con respecto a Pedro, quien días antes le había fallado (Juan 21:15-19)?

g.- ¿Podría enumerar los factores positivos de confiar en las personas y las consecuencias negativas de no confiar?

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=6347


Publicado en: Escuela Bíblica Ministerial

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