Jesucristo trae sanidad a su vida

Permita que Dios traiga sanidad física y emocional en su vida.

1.- Lectura Bíblica: Lucas 4:18-21

2.- Versículo para memorizar:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres.” (Lucas 4:18).

3.- Reflexión en la Palabra de Dios:

Cuando leemos los evangelios hallamos que lo primero que hacía el Señor Jesús era sanar a las personas. Una vez se producía su sanidad física o emocional, venía la conversión. ¿Extraño? Es posible que sí, desde nuestra lógica pero no desde la perspectiva de Dios. Para él un ser humano era importante en su totalidad, no sólo en un Área específica.

Dios entonces planeó desde la eternidad nuestra sanidad física, espiritual y sicológica. Él nos acompaña en el proceso. Su obrar es perfecto y no dejará nada a medio camino.

Es probable que a estas alturas del Capítulo se pregunte, ¿cuál es la diferencia entre la asistencia que se brinda con principios sicológicos y la ayuda a través de la Consejería Pastoral?

En esencia median dos aspectos diversos. El primero, que la orientación se fundamenta en pautas que traza la Biblia, y el segundo, que se atiende las personas poniendo particular énfasis en la oración. ¿Para qué orar? Para que se abran las puertas al trato del Señor Jesús con quien busca ser sano en su mundo interior.

Quizá se pregunte: ¿Por qué se producen las heridas en el alma? Una respuesta directa podría estar encaminada a clarificar que es producto de las necesidades humanas fundamentales que no se lograron satisfacer desde la propia niñez. Es en la infancia cuando se produce la consolidación progresiva de un ser humano y muchos traumas tienen origen en esa etapa del crecimiento.

A continuación describimos algunas de las necesidades fundamentales de todo ser humano para que las revise y tenga cuidado, inicialmente con los componentes de su familia:

Protección. Todo infante tiene la necesidad de experimentar la seguridad que se deriva de padres que protegen, abrigan, cubren y se convierten en una especie de muro entre el niño y el mundo alrededor. Ahora bien, es necesario tener en cuenta que protección no puede confundirse con sobreprotección, que es el otro extremo, fruto de padres que no permiten que el niño asuma sus propios mecanismos de defensa y asimilación de lo que ocurren en su entorno.

Elogio. Un niño a quien se le reconocen sus pequeños logros, será en un futuro alguien que reconozca los logros de los demás. Al pequeño le enriquece el reconocimiento a sus ejecutorias, por insignificantes que parezcan.

Perdón. Cuando a un infante se le perdona— aunque se le haga notar los errores que cometió— será en el futuro alguien dispuesto al perdón, comprensivo y tolerante. Nadie perdona más que aquél que ha sido perdonado. En esta área se presentan muchas dificultades y sinnúmero de personas arrastran por años un complejo de culpa producto de que antes que ayuda al incurrir en cualquier falla, se les cuestionó e hizo sentir que no tenían perdón alguno.

Amor. Este elemento ocupa un lugar preponderante. El primer contacto del niño con el amor se produce a través de sus padres. Ellos deben manifestarlo de tal manera que sus hijos aprendan a sentirlo. Quien recibe amor, puede dar amor; nadie que no ha sido amado puede tener un corazón amoroso, a menos por supuesto que haya permitido que el Señor Jesucristo entre en su corazón como Salvador personal.

Hay otras dos necesidades que enumeraremos también: el abrigo y la confianza. ¿Qué ocurre cuando en un ser no se satisfacen estos factores? Se generan las condiciones para dos complejos que es de cuidado.

1.- Complejo de Inferioridad.

2.- Complejo de Superioridad.

Alguien con estos complejos tendrá marcadas tendencias a aislarse de los demás o tal vez, buscar llamar la atención; ser susceptibles, evidenciar una actitud posesiva; ser perfeccionistas, inclinarse a criticar todo cuanto hacen los demás o a encontrar supuestos errores en sus semejantes que son justamente los defectos de comportamiento que él mismo arrastra.

El Señor Jesús dijo:“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:18-21).

Estas palabras son sumamente reveladoras. Nos muestran al amado Hijo de Dios en su propósito divino de liberarnos de toda atadura, entre ellas las de carácter espiritual.

Dios obra sanidad en nuestro mundo interior cuando se lo pedimos; basta que depositemos toda nuestra confianza en Él y abrirle las puertas del corazón para que obre conforme a Su voluntad. Él sabe cómo hacer todas las cosas, se lo aseguro.

4.- Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a.- ¿Cree usted que Dios puede obrar sanidad en su mundo interior?

b.- ¿Qué barreras levanta usted al proceso de sanidad interior que desea hacer Dios con usted?

c.- ¿Ha orado a Dios por los traumas que arrastra desde su niñez?

d.- ¿Cómo podría ayudarle Dios ahora si se rinde a Él?

Entregue en manos de Dios toda situación que le causa dolor. Él hará la obra.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1909


Publicado en: Devocionales Diarios

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