Haga su mejor esfuerzo para edificar el amor conyugal

La relación conyugal se edifica día a día con mucho amor

1.- Lectura Bíblica: 1 Corintios 13:2, 8; Malaquías 2:16.

2.- Objetivos:

2.1.- Que al término de la reunión del Grupo Familiar los participantes comprendan la grandeza que encierra el matrimonio, y que la unidad familiar es una de las prioridades en los planes eternos de Dios.

2.2.- Que al término de la reunión del Grupo Familiar los participantes comprendan el propósito eterno de Dios: La unidad de la familia, y que Él no comparte la separación por situaciones que podrían resolverse.

2.3.- Que al término de la reunión del Grupo Familiar los participantes asuman el compromiso de aportar cada día su granito de arena para fortalecer la relación conyugal y con sus hijos, con un elemento fundamental: prodigarles amor.

3.- Desarrollo del tema:

"El amor se acaba.” Una frase de solo cuatro palabras, cortas, contundentes y profundas cuya mezcla deja una profunda sensación de vacío. La escuché en un hombre de treinta y tres años, bastante joven, que apenas llevaba un lustro de matrimonio. Sin embargo, sentía que ya no amaba a su esposa. Ella por supuesto, estaba desolada.

Dicho sea de paso, no es la primera vez que quizá usted ha escuchado estas palabras demoledoras. Abundan hoy más que nunca. La razón es sencilla: la progresiva pérdida de principios y valores fundamentales ha llevado a considerar la relación conyugal como un electrodoméstico común con una fecha de fabricación, y un tiempo determinado para que deje de ser útil. ¡Tremendo error que lleva nuestra sociedad a la descomposición en la que se encuentra!

¿Hay salida a la aparente espiral sin fondo de una crisis matrimonial? Por supuesto que sí. Está en Jesucristo y concederle el primer lugar en nuestra existencia en en el hogar.

3.1.- Asumir la tarea de construir el amor conyugal día a día

Si hay un error común es pensar que el mayor trabajo como pareja, concluye el día que contraemos matrimonio. Para muchos es la finalización de una carrera. Luego vienen los hijos y ambos consideran que estarán juntos para siempre. Pero, ¿es realmente así? Sin duda que no, porque si bien somos el uno para el otro, una sola carne (Cp. Marcos 10:8), no podemos decir: “Soy el dueño de mi cónyuge”.

En lo que debemos pensar siempre es que el amor se construye día a día. Es cierto, se trata de un sentimiento, pero debe ser alimentado en cada instante. Sobra recordar el ejemplo universalmente conocido en torno a que el amor es como una plantita que se debe regar con ternura para que no se reseque.

El apóstol Pablo fue contundente al enseñar: "El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.” (1 Corintios 13:8)

Es evidente, en esas breves líneas, que todo puede morir pero si hay algo que puede perdurar, es el amor. Aplica a nuestro prójimo, pero principalmente al menos en el caso que nos ocupa, a la relación conyugal.

También en esa primera carta a los creyentes de Corinto, Pablo escribió: "Y si tuviera el don de profecía, y entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy.” (1 Corintios 13:2)

Recuerde siempre que la tarea no termina cuando vamos al altar; por el contrario, allí es donde verdaderamente comienza la labor más ardua. Si no alimentamos el amor viene el enfriamiento y la inseguridad que lleva a preguntarnos, con respecto al esposo o esposa: “¿Me quiere o no me quiere?"

Cabe aquí citar al especialista, Arthur Aron, investigador del Laboratorio de Relaciones Interpersonales de la Universidad Stony Brook, en Nueva York, quien asegura:

“Aunque es inevitable que un matrimonio tenga momentos buenos y malos, cuando son la constante de la relación se convierten en un problema, sobre todo cuando son impredecibles. Si alguien sabe que su pareja no lo va a apoyar en ciertas cosas, se acostumbra. Pero cuando un día sí lo hace y otro no, se vuelve una situación muy difícil de manejar” (Agencia EFE. 31/10/15. Edición digital)

La única forma de asegurar la estabilidad en la relación es que se haya fortalecido el amor. Es una construcción permanente en la que se deben conjugar la disposición de corazón y la perseverancia.

Este día es apropiado para que evalúe hasta qué punto usted ha aportado para edificar una relación amorosa con su cónyuge. Si descubre que no es así, y reconoce que no ha hecho un esfuerzo mayor, es tiempo de imprimir cambios y de regar la semillita del amor cada instante.

Es un esfuerzo en el que no estamos solos; Dios nos acompaña. Él nos guía y nos muestra el camino que debemos seguir.

3.2.- La separación es una vía de escape para los cobardes

Echar todo por la borda y separarnos, es la estrategia a la que acuden los cobardes, aquellos que no quieren luchar por su familia.

"Si algo reconozco es que separarme fue la peor decisión de mi vida.", reconoció una ama de casa que, fruto de la intolerancia, decidió un día sacar la ropa de su esposo a la calle.

Tiempo después descubriría que sus hijos necesitaban de un padre, y que ella misma lo amaba. Sin embargo, ya era tarde.

La escena que encarna esta mujer no es la única. Infinidad de esposos reconocen a destiempo que abandonaron a su cónyuge por una aventura trivial, y bien tarde descubrieron que no valían la pena, ni la infidelidad ni causarle daño a la persona que realmente amaban.

Dios tiene una perspectiva muy particular sobre la relación matrimonial y la eventualidad de un divorcio. Su visión muy clara la encontramos en las Escrituras en donde leemos: "«Yo aborrezco el divorcio— dice el Señor, Dios de Israel— , y al que cubre de violencia sus vestiduras», dice el Señor Todopoderoso. Así que cuídense en su espíritu, y no sean traicioneros.” (Malaquías 2:16. NVI)

Delante de nuestro amado Creador, la separación es “aborrecible” por más argumentos que afloren para justificarla. Buscar divorciarnos, es tanto como traicionar a nuestro cónyuge.

La psicóloga, Deborah Davis, bloguera del portal web de la revista Psychology Today, recomienda:

“No importa quién empezó a sentirse alejado, lo esencial es que ambos reflexionen sobre los puntos negativos para eliminarlos. Las parejas inestables, además de los síntomas físicos, dejan huellas indelebles a nivel psicológico; sin embargo siempre habrá posibilidades de mejorar y aprovechar los beneficios de una relación, que son únicos” (Autora Deborah Davis en su blog. 3/11/15)

¿Cuándo se producen los problemas? Cuando no queremos reconocer los errores y buscamos pretextos para evadir la responsabilidad. El divorcio es la vía más expedita.

Si partimos de la base de que el amor se puede alimentar diariamente, los problemas conyugales se pueden resolver en la medida en que nos disponemos a fortalecer ese amor.

Una buena recomendación durante el proceso, consiste en anotar cada día algo bueno de su cónyuge.

Aun cuando haya fallado mucho, busque resaltar algo positivo. Anótelo y repase la virtud o distintivo que usted valora. Haga así cada día.

No pasarán 40 días antes que haya reconocido la importancia de recobrar la relación conyugal.

Estar casado no es portar una pesada cruz. Recuerde que muchos estudios científicos demuestran que la unión conyugal genera múltiples beneficios no solo a nivel emocional sino también en la salud física. Es cierto, vendrán altibajos pero ninguno que no se pueda resolver con ayuda de nuestro amado Dios, el creador y sustentador de la familia.

A propósito de Dios, ¿ya le abrió las puertas de su corazón? Puedo asegurarle que cuando lo haga, comenzará ese maravilloso proceso de edificación personal y espiritual que siempre ha anhelado. No se arrepentirá. ¡Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo!

4.- Preguntas para la discusión en Grupo:
  1. ¿Alguna vez ha pensado en el divorcio?
  2. ¿Qué le llevó a pensar en la separación como solución a los problemas?
  3. ¿Qué aprendemos de 1 Corintios 13:8 en cuanto al amor y de qué manera aplica a mi relación conyugal?
  4. De acuerdo con 1 Corintios 13:2, ¿a qué le dio especial prelación el apóstol Pablo?
  5. ¿Ha leído qué dice Dios en cuanto al divorcio (Malaquías 2:16)?
  6. ¿De qué manera ese texto bíblico habla a su vida?
  7. ¿A qué acciones me comprometo desde hoy para fortalecer la relación con mi cónyuge y con mis hijos?
5.- Oración al terminar el Grupo familiar:

"Mi amado Dios y Señor, gracias por este nuevo día que nos regalas. Queremos darte gracias como familia porque cuando vienen los problemas, siempre estás ahí muy cerca para ayudarnos. Sometemos nuestra existencia en tus manos, te pedimos sabiduría para corregir nuestros errores y perseverancia, para prodigarnos amor mutuo al interior de la familia. Amén"

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=7718


Publicado en: Grupos Familiares

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