Haga el bien, a su tiempo cosechará bendiciones

Piénselo: Ayudar a otras personas vale la pena. A su tiempo, cosecharemos

1. Lectura Bíblica: Romanos 16:1, 2

2. Versículo para memorizar:

“Os recomiendo... que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.” (Romanos 16:1, 2)

3. Reflexión en la Palabra de Dios:

Rosario Arbeláez trabaja en las calles. Lo hace en las noches. Sin importar el frío. Sale junto con dos personas más a distribuir café y pan entre los indigentes. Saben a qué hora llega y se reúnen. Se organizan en fila y esperan su ración. No pasan con hambre el fin del día.

Es la vocación de esta mujer desde hace tres años. Reside en Lima, en la periferia. No le preocupa salir en los diarios y rehúye las entrevistas de televisión.

“Siento que debo hacerlo. No es nada del otro mundo. Me parece muy normal. Es mi forma de ayudar a quienes lo necesitan” asegura mientras saca más café de la olla para entregar al joven que, harapiento y con visibles marcas de deterioro en su rostro, extiende un vaso de plástico. “El que sigue— explica mientras vuelve la mirada para decir — : “Mire, si esto lo hicieran muchos más, tendríamos menos hambre en Latinoamérica”— nuevamente saca café y sigue su tarea.

La idea le surgió un viernes en la noche cuando al regresar del supermercado, pasadas las nueve, vio un tumulto. Se acercó como tantos curiosos. Estaban realizando el levantamiento de un niño de doce años que murió de hambre. Fue una víctima de la miseria. A nadie le importó que no tuviera qué comer. A Rosario sí. Sui corazón fue tocado por la escena.

Sus dos ayudantes asisten a la misma iglesia que ella, en una parroquia de El Callao. Es católica. No les interesa que se sepan sus nombres. Lo más importante, en su criterio, es ayudar a salvar vidas...

¿Ha pensado que servir a Dios puede estar dentro de las acciones de personas desinteresadas como Rosario Arbeláez? No siempre cuando servimos a Dios alcanzamos un puesto de relevancia. Hacerlo desde el silencio también reviste importancia y honra a nuestro Creador.

El pastor y autor, Otoniel Font, escribe:

Hay quienes piensan que el supremo llamamiento es entrar a algún ministerio eclesiástico, cuando en realidad, hay personas que su llamado es a ser doctores, políticos, empresarios. El supremo llamamiento de Dios para tu vida no necesariamente es ser pastor o ministro; no si esto requeriría que te salieras del lugar al que Dios te llamó, del área en la que Dios te ha preparado, para entonces entrar en una vocación ministerial para la cual probablemente Dios no te ha llamado. Si confundes estas cosas, vives una vida de insatisfacción.” (Otoniel Font. Arículo: “¿A qué te llamó Dios?”).

Hay muchas formas de servir en el Reino y ayudar a quienes lo necesitan, teniendo claro que son nuestro prójimo, es una de ellas.

Hace muchos siglos el apóstol Pablo recomendó a un grupo de creyentes ser solidarios y estar solícitos a las necesidades de Febe, una piadosa mujer que había dejado huella en la comunidad de creyentes de Cencrea: “Os recomiendo... que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.” (Romanos 16:1, 2)

Los seres humanos podemos marcar la vida de quienes nos rodean. Puede ser con hechos positivos o con cosas negativas, como una ofensa, un trato descortés, una expresión de enojo. La impresión que dejamos, generalmente se conserva por mucho tiempo.

Pero a este hecho se suma otros dos de suma significación: Los seres humanos cosechamos lo que sembramos. Es un principio ineludible de la vida. Sembramos semillas de amor, ayuda y bien, y recogemos lo mismo, como el caso de Febe, la mujer que menciona el apóstol Pablo en su carta. Y sobretodo, aquello que hacemos está guardado en el corazón de nuestro amado Dios y El jamás lo olvida...

Hoy es el día apropiado para que le abra las puertas de su corazón a Jesucristo. Él transformará su existencia para siempre….

4. Preguntas para el crecimiento personal y espiritual:

a. ¿Qué significa para usted ayudar al prójimo?

b. ¿Ayuda a quien lo necesita?

c. ¿Ha pensado que ayudar al prójimo es una forma de servir a Dios?

d. ¿Ha rehuido servir a quien lo necesita?

En adelante pediré a Dios que torne más sensible mi corazón para ayudar a quien lo necesita

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=231


Publicado en: Devocionales Diarios

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