Exprese el amor con hechos

El amor a la familia lo expresamos con hechos

1.- Lectura Bíblica: Santiago 3:3-17

2.- Meditación familiar:

Generalmente las personas esperan lo mejor de la vida— como si el mundo entero tuviera una deuda con ellas— y eso aplica al entorno familiar. Esperamos vivir sin conflictos, manteniendo unas buenas relaciones con el cónyuge y los hijos, pero a cambio no queremos dar nada.

Creemos equivocadamente que mis familiares están en deuda conmigo— bien sea porque proveo, porque concino, porque mantengo todo en orden, porque doy las órdenes— y me deben prodigar amor, cuidados y respeto.

¿Qué debemos hacer? En primera instancia reconocer que estamos equivocados. Nuestra familia no nos debe nada, por el contrario, nosotros les debemos mucho. Sobre esa base, es fundamental que cambiemos la concepción y comencemos a invertir en nuestra pareja y los retoños que hay en casa como fruto de esa unión.

Las palabras se las lleva el viento. ¿Lo ha escuchado alguna vez? Sin duda que sí. No basta con decirle a nuestra pareja y a nuestros hijos que les amamos: debemos mostrarlo con hechos. Ir más allá de las palabras.

Piense en un esposo que le dice a su cónyuge: “Te amo”, pero es áspero con ella. ¿Cree usted que estas palabras le impactarán? Sin duda que no. E imagine ahora que le dice a su hijo: “Te amo”, pero seguidamente, ante el más mínimo error, le trata con palabras hirientes. De nada sirven las palabras en tales circunstancias. Hacen falta acciones que corroboren ese sentimiento que profesa tener hacia ellos.

El apóstol Pablo dejó claro este principio cuando escribió:

“Si pudiera hablar todos los idiomas del mundo y de los ángeles pero no amara a los demás, yo solo sería un metal ruidoso o un címbalo que resuena. Si tuviera el don de profecía y entendiera todos los planes secretos de Dios y contara con todo el conocimiento, y si tuviera una fe que me hiciera capaz de mover montañas, pero no amara a otros, yo no sería nada. Si diera todo lo que tengo a los pobres y hasta sacrificara mi cuerpo, podría jactarme de eso ; pero si no amara a los demás, no habría logrado nada.” (1 Corintios 13:1-3. NTV)

Dice el apóstol Juan que “… el que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor.” (1 Juan 4:8. NTV).

Por su parte el apóstol Santiago enseña que: “Si ustedes son sabios y entienden los caminos de Dios, demuéstrenlo viviendo una vida honesta y haciendo buenas acciones con la humildad que proviene de la sabiduría; pero si tienen envidias amargas y ambiciones egoístas en el corazón, no encubran la verdad con jactancias y mentiras. Pues la envidia y el egoísmo no forman parte de la sabiduría que proviene de Dios. Dichas cosas son terrenales, puramente humanas y demoníacas. Pues, donde hay envidias y ambiciones egoístas, también habrá desorden y toda clase de maldad. Sin embargo, la sabiduría que proviene del cielo es, ante todo, pura y también ama la paz; siempre es amable y dispuesta a ceder ante los demás. Está llena de compasión y del fruto de buenas acciones. No muestra favoritismo y siempre es sincera. Y los que procuran la paz sembrarán semillas de paz y recogerán una cosecha de justicia.” (Santiago 3:13-17. NTV)

Las envidias amargas y las ambiciones egoístas no testimonial del amor de Dios, ni en nuestra familia ni en otro lugar. Por el contrario, ponen de manifiesto que decimos amar a Dios pero realmente no le conocemos.

Urge desaprender el concepto que tenemos del amor, y en segundo lugar, de la forma como lo expresamos. Como el primer paso para experimentar transformación es llevándolo al plano personal y familiar, le sugiero revisar cómo anda su relación de pareja y con los hijos.

No olvide que es una decisión la que debe tomar, no es algo que nazca naturalmente. Si bien es cierto las dos necesidades fundamentales de todo ser humano: ser amado y desarrollar la capacidad de amar, no siempre sabemos hacelo apropiadamente, por eso debemos acudir al Señor en procura de su ayuda.

Si no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día para que lo haga. Le aseguro que no se arrepentirá.

3.- Oración familiar:

“Amado Señor Jesús, gracias por este día que nos regalas. Hoy reconocemos la importancia del amor en nuestra vida, y de saber expresarla con nuestro cónyuge y con nuestros hijos. Permítenos identificar en qué estamos fallando de tal manera que con tu divina ayuda podamos experimentar cambios. Danos sabiduría para corregir aquello en lo que estamos fallando. Permítenos perseverar y avanzar hacia la meta de tener unas relaciones sólidas, gratificantes y enriquecedoras con nuestro cónyuge y con nuestros hijos. Sometemos este día en tus manos. Amén”

4.- Una Meta familiar para hoy:

Procuraré desarrollar tolerancia y la comprensión en el trato con mi cónyuge y mis hijos.

Escrito por: Fernando Alexis Jiménez

Artículo Original: http://www.mensajerodelapalabra.com/site/?p=1322


Publicado en: Altar Familiar

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